Hoy es fácil perderse. Las adicciones simplifican la tarea: drogas, alcohol, sexo, música, libros, viajes. Perderse, perder la cabeza, perder la noción del tiempo (…)


Todos deberían experimentar la sensación de tener un “fin de semana perdido”. Y esto no quiere decir que necesariamente tenga que ser un sábado y un domingo (tal vez un viernes); pueden ser algunas pocas horas, unos días, unas semanas, tal vez un año (aunque sería difícil seguir el ritmo). La idea es salir de caravana. ¿Importa la edad? Tal vez un poco. ¿Importa el lugar? No necesariamente. ¿Importa la compañía? Siempre, aunque el punto de partido sea solitario.

¿Y qué es “la caravana”? No es solo el viaje vivencial (interno, externo, químico, natural), es el intento de recordar a la fuerza (una vez terminado el periplo) sensaciones que se perdieron en un pogo violento, en un par de tetas o en una botella de contenido, al menos, dudoso. Es cierto que la tarea resulta poco noble. Bucear en un pasado tóxico para desenterrar imágenes bizarras, carcajadas que resuenan sin la presencia de un chiste causal, cabelleras de todas las tonalidades de rubio, moreno y rojizo que se confunden con nombres que -parece cosa de diablillo- se prestan a sospechas y confusiones (Jenny, Julie, Janis, Jody; Barbie, Baby; Cherry, Chasey) es una aventura que propone un esfuerzo tan maratoniano como la caravana propiamente dicha.
Salvador Tóxico – Magnífico (2014)
La esencia íntima e intrínseca de la caravana es la aventura nocturna propiamente dicha, con todo lo que ella supone: sus anomalías y perversiones, sus olores particulares fuera de todo catálogo diurno, sus criaturas y sus abismos (aunque ciertas leyendas aseguran la existencia de personajes capaces de promover las actividades de horas lunares más allá de las barreras de oficinas, desayunos de trabajo, quejas de vecinos, la presencia –en otros- de sentido común).
 
No todo espíritu es considerado apto para “la caravana”. Necedad, abandono, incomodidad, descreencia del futuro; descrédito a los patrones, lógica y ambiciones de la sociedad son aspectos fundamentales para quedar atrapados en esta libertad/libertinaje.
Algunos dicen por allí que la sabiduría consiste en observar los errores de los demás y evitarlos. Que no es necesario montar el caballo loco ni el toro mecánico ni agarrar las orejas del perro para saber que existen la adrenalina y el peligro; que es trabajo de otros, que el suyo es la morada en la seguridad. Sin embargo, como en cualquier experiencia o experimento, en la vida nos encontramos con obstáculos, intrigas, gravitaciones y arbitrariedades que nos hacen ser los idiotas que los otros observan para no copiar (aun si evitamos “la caravana” en cualquiera de sus manifestaciones). La vida es, sin duda, la más psicodélica, extravagante, cínica y experimental confluencia de aberraciones con resultados inesperadamente irrisorios, o divertidísimas y festejadas incongruencias capaces de desagradables epitafios. Por lo que se ve, la vida es un circo, una ruleta, una montaña rusa, una desorganizada interacción de actos y consecuencias, que, ante el mismo acierto/equívoco cometido por más de un actor, no siempre llegará a idéntico fin.
Salvador Tóxico – Magnífico (2014)
“La caravana”, entonces, puede que no sea lo supuesto en primer término: rocanroles interminables, cerrar los bares, la resaca, despertar a las 2 p.m., la emulación de Joaquín Sabina + Keith Richards. “La caravana” sería eso que nos pasa desde el momento en que se corta el cordón umbilical y debemos buscar otro capullo más allá del saco amniótico.
Podría decirse que hay lemas que justifican las acciones de las personas a la vez que los etiqueta. Todos los caminos conducen a Roma es una frase harto conocida popularizada siglos atrás cuando el Imperio Romano construía calzadas y rutas a lo largo y a lo ancho de todos sus distritos, y que inevitablemente llegaban a la capital. Si bien había salteadores de caminos y otros rufianes, el sendero (espacioso, cómodo, de destino certero) daba a primera vista la sensación de tranquilidad. Pero la menos conocida todos los caminos conducen a Patpong es otra cosa. Patpong era el destino de turismo sexual por excelencia en los años ’70 y esa frase se hizo popular entre aquellos soldados que viajaban a ese punto de Tailandia, más precisamente de Bangkok -cruzando la frontera vietnamita, con la premisa/orden del ejército de Estados Unidos de “distraerse y divertirse”-, solo para encontrarse con los placeres de la carne. Aun si no deseamos tomar ningún camino, un camino nos escoge a nosotros y un camino, finalmente, transitamos. Entonces, ¿será el camino que conduce a Roma, a Patpong o a algún otro lugar en el mundo o en el universo que desconocemos o no desandamos por parecernos demasiado irrelevantes, absurdos o mágicos? La verdad es que todos los caminos no pueden llevar al mismo lugar y cada camino no es solamente el punto definido al que nos lleva, sino el trayecto que nos conduce hasta ese punto. Allí tenemos otra razón para entender por qué cada camino no lleva al mismo lugar: porque el viaje (llamémoslo una vez más “caravana”) es más importante que el destino final, y más aún, el viajero y sus percepciones individuales del viaje son más importantes que el viaje mismo. Tomar el camino más largo y difícil nos hará llegar más cansados y mucho más tarde que el resto. Pero puede que el final sea de un brillo inigualable. O puede que sea tal el éxtasis por el viaje que el final ya no nos importe. O puede ser que la luz al final del túnel seas tú, que seamos los ángeles y demonios de los otros.
Salvador Tóxico – Magnífico (2014)
“La caravana” no es uno, sino varios viajes curvos y zigzagueantes por paisajes oscuros; otros, one way only e iluminados. Pero ¿qué sucedería si el punto de partida no fuera en realidad el punto de partida, sino el de llegada? ¿Y si el de llegada fuera el inicio de otros viajes? Entonces los destinos serían infinitos y cada segmento del camino sería un destino particular y cada espacio alejado del camino sería otro lugar para renacer, desmayar o desaparecerse.     
              
Todos somos muchas personas dentro de una misma persona (y ese también es un arduo itinerario), viajándonos a nosotros mismos, diagramando nuestros propios laberintos. Cada uno de nosotros somos muchos actores que nos desmenuzan y reinterpretan con nuestras emociones, diatribas, amores, discordias y felicidades. Persona y personaje se confunden constantemente. Se mimetizan y se acentúan con la ausencia del otro. Todo es una confusión, un remolino de momentos reales e imaginarios. Como dijo Gabriel García Márquez: La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla.

Nadie puede ser uno mismo todo el tiempo y a la vez lo somos.

La vida nos lleva de viaje. Nos cruza de contrabando a las fronteras del alma, nos da infinitos boletos a cualquier destino (del mundo o de nuestra esencia), nos da inacabados mapas, incansables botas, inagotable imaginación. Nos lleva de caravana, así, liberados de todo equipaje, sin documentos ni pasaportes.

Salvador tóxico -Magnífico (2014)