El gol de Velez lo vi en la pizzería de mi amigo Kuki, detrás del estadio del Marbella. En Andalucía, España. Ahí estaba yo y ese día, el 17 de octubre del año 2000, había una Argentina sumergida en la crisis institucional por el gobierno de la Alianza, que prometía terminar la fiesta menemista y neoliberal de los 90 con la misma agencia de publicidad que llevó a Shakira a cantar en inglés. Era el año del ministro de trabajo y la Banelco, la tarjeta que compró a los senadores para aprobar la ley de flexibilización laboral impuesta por el FMI. Era el año de la renuncia del vice presidente Chacho Alvarez, de esa renuncia me enteré por el diario El País. Era el año del blindaje financiero y las recomendaciones del G8. Y yo, como otros argentinos que se expandieron por el mundo, esta crisis la viví en Marbella.
Y lo recuerdo bien, porque como leí una vez a Fontanarrosa, todo fanático de fútbol recuerda los sucesos históricos y más importantes de su vida, solamente si tienen relación con el fútbol.

Nunca supe el cumpleaños de mi viejo. Nunca me acordé de su fecha. Hasta que Racing, equipo del que soy fanático, salió campeón después de 35 años un 27 de diciembre.
A mi primera novia le di un beso el día que empatamos con San Lorenzo en el estadio de Ferro, y recuerdo que era mi primera novia y mi primer beso, porque se escuchaban los goles desde el estadio hasta la plaza que estábamos nosotros. Y yo pensaba, ¿cómo no fui a ver ese partido?. ¿Qué hacía ahí tan cerca en un momento tan importante?. Que no podía pensar en otra cosa que no sea en estar en la tribuna, gritando, saltando, cantando hasta quedar afónico para demostrar al de la tribuna de enfrente que tu equipo, que puede ser peor en el campo de juego, no es peor en el espectáculo que brinda el hincha. Porque el hincha es uno mismo. Es el alma de los colores.

A veces pasa también que las tristezas y las alegrías del fútbol coinciden con la vida. Una novia me dejó cuando Boca le ganó a Racing 2 a 0. Yo vivía con ella y esa tarde al llegar a mi casa me encontré con el vacío que solo la mujer que amas puede provocar con su ausencia. Ella y la falta de cosas que uno consideraba propias de uno, como ser los ceniceros, cubiertos, platos y todo lo que pudo llevarse. Esa noche jugaba Racing y por suerte el televisor estaba, todavía estaba. No era un partido trascendente. Pero era un buen motivo para distraerse y no pensar en la tristeza de lo sucedido porque una victoria del equipo que uno quiere y quiso toda la vida puede darte semejante alegría, que al menos permitía recostarse en el colchón roto que me quedaba para dormir. Pero no, tuvo que pasar lo peor, perdimos 2 a 0 con Boca y la depresión caló en lo más profundo de mi ser. Y como en el fútbol la vida te da revancha. Esa misma novia se convirtió en mi mujer justo el día que el Racing le ganó a Boca, mirá vos, 2 a 0. Con esto reitero que el verdadero fanático como leí una vez a Fontanarrosa, recuerda los sucesos históricos y más importantes de su vida, solamente si tienen relación con el fútbol.
De mi vida en España pasaron ya 13 años. Pero el partido de Boca con Vélez, que vi en la pizzería de Marbella, fue el mismo día que el Real Madrid jugó con el Barcelona con la novedad que en el equipo Merengue jugaba Figo. Y los catalanes lo habían recibido en su casa como se recibe a un verdadero traidor. Me pregunto yo, ¿como un jugador que sintió los colores de un equipo pudo haberse ido a jugar con la contra?, ¡con el rival de siempre!. Banderas que decían Figo pesetero. Y la previa, que mostraba spots publicitarios de aficionados de ambos equipos peleándose en una carretera. Yo pensaba, si esta publicidad se viera en Argentina, la censurarían por ser apología de la violencia. Pero no, esa noche en la pizzería de Kuki me di cuenta de la realidad cuando tras el gol de Vélez por el festejo desmedido echan a José Luis Chilavert y tuvo que salir del campo de juego custodiado por la policía Como debería haber salido el traidor de Figo. ¿Por qué es que a los jugadores de fútbol se les pide la ética que no tienen los políticos cuando cambian de lado en lado e igual los votamos?

¿Qué me trajo de vuelta a Buenos Aires? Yo conocí España cuando era un país estable económicamente y en pleno desarrollo por haber ingresado a la comunidad europea y que me ofrecía toda la posibilidad de un futuro y crecimiento personal mucho mejor, simplemente porque encontraba trabajo, algo que por estas tierras latinoamericanas no existía. Me trajo de vuelta, el fútbol. Imaginar un futuro mejor a costa de no poder compartir con mis hijos una tarde en Avellaneda y abrazarnos gritando un gol. Aunque pudiera comprar el mejor ordenador para verlo por Internet jamás tendría el mismo sabor que en las gradas del estadio de Racing. Si es que a mi futuro hijo español le interesara saber que era Racing en nuestras vidas. Y vaya paradoja. Mi bisabuelo emigró de Galicia a la Argentina en 1910. Y se hizo hincha de Racing. Él fue quien hizo que mi abuelo fuera de Racing. Y mi abuelo fue quien hizo que mi padre fuera de Racing. Y mi padre hizo que yo fuera de Racing. Y yo, ¿qué haría? Emigraría a Madrid 90 años después de semejante tradición para tener un hijo aficionado al Atlético. No me sentía un traidor a la patria por haberme ido en medio de una crisis a trabajar a un país donde me salvaría yo por encima de 20 millones de compatriotas. Pero sí me sentía traidor de mis propios orígenes si dejaba de ver a Racing y comenzaba la campaña de otro club por más lejos que fuera. Y por esos orígenes que son más profundos que una frontera o una tierra, los verdaderos fanáticos del Barcelona jamás le perdonaran a Figo su traición.
Trece años después, como en el fútbol la vida te da revancha, y los jóvenes que elegimos volver y apostar a nuestra tierra fuera por el motivo que sea pero a tiempo. Hoy tenemos la ventaja de haber armado nuestras familias en el lugar de siempre, en una Argentina que giró con el mundo y pese a la corrupción de nuestra clase política, nos permitimos soñar y trabajar. Todo pasa, y los domingos los paso con mi hijo en el único lugar que siento nos pertenece. El estadio Juan Domingo Perón, del Racing club de Avellaneda.

Gabriel Adrián Álvarez. (Buenos Aires, 1977). En 1993 su familia se traslada a Mar del Plata. En 1996 ingresa en la Universidad Caece (Centro de Altos Estudios en Ciencias Exactas) para estudiar lo que es su profesión actual, Turismo. Realiza cursos de teatro y literatura. En 1999 es columnista de un periódico independiente de Sierra de los Padres. También tiene su primer programa de radio en FM Nativa (El apagón) con un fuerte contenido social en la Argentina del 2001. En ese programa no solo escribía radioteatros con personajes entrañables como la marioneta Vigliardi (una especie de actor, boxeador, jugador de fútbol, político o lo que la situación considere y que vivía su momento de fama y posterior decadencia). También relatos sociales, económicos y políticos. En 2007 se interesa por los relatos eróticos y comienza a escribir para una página web sobre erotismo.