ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

El mediodía no perdona. Hay medios días funcionariales que se producen a las once de la mañana y se convocan en las cafeterías cercanas o en las que tienen mejor quórum y precios. 

A las doce, más o menos hay que tomarse un tentempié, un bocadito, una racioncita, un cualquier cosa que evite los rugidos felinos que no son propios de un hombre civilizado y que te hacen pasar cierta vergüenza ante el que tienes sentado al lado. Si la persona es austera y de poco comer entre horas, un café basta, un par de ellos para los más habladores o con menos carga de trabajo en la oficina, taller o lo que sea. Un bocadillo o medio de un fino embutido, una tortilla de patata, uno de calamares si estás en la Puerta del Sol de Madrid o una maravillosa tapa si estás en ciudades cuyos bares se preocupan por ello, culminando el disfrute si se anda cerca de San Sebastián, en las Vascongadas. Pero todo el asunto de las tapas y su arte es mejor dejarlo para antes de comer, ya hacia las dos de la tarde, justo antes de sentarse a procurar ser lo más feliz posible.

Nada hay mejor que a media mañana, antes del mediodía, tomarse unas tapas, pararse a tomar un buen bocado o como se decía en las películas de los Cincuenta, un emparedado, bien con un agüita, si estás trabajando, o una cervecita Pilsen si son ligeras las labores. Siempre hay que evitar la Coca Cola. Esta bebida es un horror en toda dieta y en ésta: prohibida. Sentarse y relajarse con un bocado mientras se comenta el trabajo, se tenga o no se tenga, del tiempo, que es muy socorrido, (aunque como dijera Aristóteles, es de necios), o de política que generalmente no es recomendable, la política latina es un emético, un vomitivo. No hay que decir que si por a por b, hay que tomarse un destornillador, un vodka con zumo de naranja, pues se toma. Sin complejos. La naranja tiene un montón de vitaminas y el aguardiente es desinfectante. Hemos dicho un destornillador, no dos. Moderación.

Estamos bien alimentados. Hemos tomado un buen desayuno, luego, un almuerzo ligero. Llega el mediodía y es el momento del día en el que hay  que tomar unas buenas tapas, unas cañitas o unos vinitos. Un mosto si son chavales, un gin-tonic, si son flânneurs. Unas tapas del norte, del sur, del este mediterráneo si se anda por allí. Un pincho, un pinchito, una racioncita de algo, pescaíto, jabuguito, unas rabas, un pulpito, unas ostras si estás en el oeste atlántico o en París. Hay que tomarlas de pie, nada de sentarse que ya lo haremos seguidamente cuando nos pongamos a comer. Primero un paseo, un poco de aquí y de allá, una ronda, dos, cuatro saludos, tres brindis.

Comer a mediodía hay que hacerlo ligero, realmente es la cuarta vez que nos disponemos a ingerir alimentos. No nos engañemos, pero no hay que volvernos locos, pero sí hacer lo que queremos; comer bien. Dicen que de grandes cenas están los cementerios llenos. De comidas, más.  A la hora de comer hay que sentarse y prever que todo va estar un su sitio antes de empezar a hacerlo. Que la mesa esté bien puesta o lo mejor dispuesta para que no haya necesidad de levantarse, poder charlar con tranquilidad, o si se tiene servicio para que no den mucho la lata y su eficacia sea mayor. No conviene comer sólo y tampoco demasiado atento a las noticias que solemos tener puestas en los televisores, son indigestas, lo sabe el lector como yo, y en esta dieta no se recomienda el influjo de determinadas cuestiones. Si hablamos de mesa y mantel, es porque consideramos que es tan importante el cuchillo como la pera que te vas a pelar, la carne que vas a trinchar. La salud también está en la vista, en las formas, en el espíritu.

Decía Grande Covián que era un nutricionista de verdad, no un charlatán como tantos tenemos ahora, que hay que comer de todo en plato de postre, o algo así. Hay que comer de todo. En esta dieta libre y buena, se permite tomar de todo con moderación. Un solo plato, dos, tres, los que se quiera; entrantes, calientes, pescados, (siempre muy recomendables), carnes las justas, quesos y postres dulces sólo si son riquísimos. El vino con tino, que es como rima bien, con bendita moderación. Lo de si la fruta antes o después, según venga en ganas y como sean las costumbres de la región, de la casa, del hotel donde te encuentres. Yo la tomo antes y después, pero porque me tomaría -y no lo hago-, un Bloody Mary con su tomatazo antioxidante antes de comer, un Bull- shot de entrante, como caldo, o tras los postres, un sorbete de limón endiablado por un aguardiente.  Lo del queso después de comer, es prescriptivo en esta dieta si estás en Francia. Buen bactericida dental, el queso es fundamental. Otra rima fácil.

El complemento ideal de una comida no es otro que la siesta. Como gusta decir, de pijama, padrenuestro y orinal, si es verano, una cabezada si es invierno y oscurece antes. Los beneficios de dormir un rato después de comer y que descansen cuerpo y cabeza son esenciales para una buen tratamiento de todo el asunto del metabolismo, de la fisiología o como se quiera decir. Que anglosajones, teutones o chinos digan que no es bueno en la distribución de la vida diaria y sus labores, es una solemne necedad. La siesta es la mejor terapia previa contra el estrés, la fatiga y el envejecimiento. La siesta es medicinal, no es necesario que lo hubiera dicho Ramón y Cajal, (que rima también). No conozco a ningún germano, anglo o sajón inteligente que no se eche sus siestecita aún a escondidas.

Tras la siesta, de nuevo un buen café o un té y un rato de lectura. Si hay que trabajar, pues a ello. Si lo que gusta es pasear, paséese. De los deportes, ya he dicho, no son muy buenos, en su mayoría son nocivos y causan lesiones. Es mejor tumbarse en el sofá, en un diván, y ver una película o una serie que es lo que se hace comúnmente ahora. Del deporte y sus presuntas bondades –repito-, no voy discutir ahora.

Pasa la tarde y llega el crepúsculo y la noche. A media tarde, la merienda. Si se es niño o chaval, es algo principal. Si joven o adulto, tomaremos lo que llamamos un piscolabis. Picar algo frío, de nuevo un poco de queso, un embutido, unas galletitas saladas. Con ello, se puede beber lo que se prefiera y observar la medicación que haya que tomar a la noche. Una reflexión previa sobre ello, si se necesita –que quién no-, y más si se va a tomar un long drink seguidamente, antes de la cena. La merienda en las primeras edades, es el bocadillo. En la Tercera Edad, las pastitas y la leche. O el wisky si se mantiene la salud y la mente. Merendar es muy importante, aunque los hay que prefieren adelantar la cena, particularmente recomiendo que se meriende y así luego se cena con menos ansia, y suma otra ingesta intermedia que suele saber requetebién.

Y al ir acabando el día hay que cenar. Eso de que hay que evitar la cena es una perversión luterana. No digo que se trate de emular a Pantagruel, no. Esta dieta permite las dos cosas que son tres: cenar ligero y en pijama, cenar en tertulia y con calma, o salir a cenar por ahí sin por ello pensar que es la Última Sagrada Cena o que vas poder cenar con Voltaire o  Greta Garbo, que no debía ser muy divertido la segunda. Se puede cenar sólo y en silencio, cenar con la mujer, con los hijos aunque debieran estar en la cama, con amigos o con una amante, que también está muy bien.
En esta dieta fabulosa que recomiendo a los lectores, también en las cenas se puede comer y beber lo que uno desee en los parámetros normales, como hemos venido haciendo a lo largo del día, evitando los excesos. Pero si hay que beber se bebe, si se es fumador se fuma y si hay que hacer ronda, se ronda. Si se es goloso, ¡ay que peligro! Pues sea, una abundancia de dulces para irse feliz y contento a la cama. Se perdona todo.

Finalmente, el colofón de lo que llamamos el “resopón”, supone un exceso, pero también un complemento si se ha salido y bebido abundantemente. Si uno se ha reído abundantemente y con ello la digestión de la cena puede haberse complicado, más con los licores, es recomendable un buen “resopón” antes de irse a dormir. Pero vamos, no nos engañemos, no es muy de dieta. Es más de lío.

Hemos presentado, queridísimo lector, al que para nada quiero hambriento, y que quizás durante la lectura de estos párrafos ha picado algo, una dieta verdaderamente deliciosa y que a nadie le importa llevar si se tiene una economía normal, que esa es otra. Una dieta realmente prodigiosa por cuanto si se sigue fielmente, le hará mucho más feliz que cualquier otra, y ser feliz en estos tiempos tan difíciles es todo un prodigio. Con ilusión, alegría e –insisto- con moderación, esta dieta “funciona”, que es el término oportuno a utilizar. Funciona por que empiezas bien el día, porque comes varias veces, lo haces muy variado; porque evitas el ansia,  te alimentas sin paranoias, sin “mal rollo”, lo cual te protege excepcionalmente el sistema digestivo, que es el encargado de asimilar todo el asunto nutricional, que son los órganos principales cuando de ingesta de alimentos se está hablando, lo que es una obviedad.

Cómase y bébase con tranquilidad, sin atracarse, sin nervios, olvidándose de lípidos y triglicéridos, de vitaminas y kilocalorías, de lights y ceros, colorantes y conservantes, hasta de la caducidad de determinados alimentos. Con esta dieta de seis ingestas, que tampoco prohíbe ciertos snacks entre ellas, no sé si mantendrá una buena línea, peros seguro que va ir feliz y contento por la vida, que es lo más importante. Si sigue las pautas de comer de todo, muchas veces al día, lo que le dé la gana y con ánimo de hacerlo, va a estar usted mejor que nadie y será, especialmente en ámbitos degradados, la envidia de todo el mundo.

Por su salud, olvídese de dietas rigurosas y más de las exclusivistas. La mejor disciplina es la que el cuerpo te invita a seguir, la fuerza de voluntad es un relativo que no hay por qué asumir como necesaria, el esfuerzo por la salud deviene mejor con el buen humor y nada pone de peor humor que pasar hambre, tener ansia, los retortijones de estómago por recordar al órgano protagonista de todo lo hablado.

Para saber más de esta dieta, no es necesario que espere a un tercer capítulo que trate de ella. Párese a pensar en lo que le apetece tomar y si puede tómelo, sino a caminar y buscarlo, que andar es absolutamente prioritario para la salud física y mental.

           
Enrique López Viejo (Valladolid, 1958-Madrid 2016). Es el autor de  Tres rusos muy rusos. Herzen, Bakunin y Kropotkin (Melusina, 2008) Pierre Drieu la Rochelle. El aciago seductor (Melusina, 2009) y La Vida crápula de Maurice Sachs (Melusina, 2012), Francisco Iturrino, memoria y semblanza y La culpa fue de Baudelaire (El Desvelo, 2015).