Luis Miguel Dominguín y Picasso

Roger Vadim y Brigitte Bardot

Anita Ekberg

Alfred Hitchcock su mujer e hija, 1961

Elizabeth Taylor con su dos hijos, Michael y Christopher Wilding, en Niza, 1957.

Françoise Sagan en Cannes 1954.

James Hunt. Monaco Grand Prix 1978.

Pablo Picasso en su casa de La Galloise, Vallauris 1954.

Salvador Dalí en su casa de Portlligat, 1957.

Brigitte Bardot en Niza, 1955.

Audrey Hepburn en Mónaco, 1951

Marlene Dietrich y Jean Marais en una gala en Monte Carlo, 1954.

Miles Davis. Juan-Les Pins Jazz Festival, Antibes 1963.

Jayne Mansfield en el festival de cine de Cannes, 1958.

Picasso y Cocteau, 1959

Marlon Brando, Costa Azul, 1958

Alain Delon y Jane Fonda

Brigitte Bardot

Sofia Loren

Brigitte Bardot

Grace Kelly

Picasso y su hija Paloma

Grace Kelly

Raniero de Mónaco

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Liz Taylor

Sofia Loren

Audrey Hepburn y Mel Ferrer

Rock Hudson

Brigitte Bardot

Brigitte Bardot

Grace Kelly

Una mujer en una parada de autobús, Londres, 1960

Milk Float hacia 1950

 

Edward Quinn, 1971

 

 

Edward Quinn nació el 20 de febrero de 1920 en Dublín. La primera foto que publicó fue en el Irish Independent en 1950, lo que resulta irónico, ya que posteriormente rara vez se publicaron trabajos suyos en los periódicos irlandeses y no era muy conocido en su país natal. Esta primera foto era de un caballo irlandés que acababa de ganar una carrera en Niza. Sus años de aprendiz de fotógrafo coincidieron con el auge de la Costa Azul como destino de la jet-set para las estrellas de cine, los millonarios y la realeza, gracias en gran medida a la fama de Brigitte Bardot y la princesa Grace. Quinn trabajó para Paris Match y varias agencias, principalmente Black Star en Londres y American International News Service. Para estas agencias proporcionó fotos de celebridades como Sugar Ray Robinson, Haile Selassie y Aristóteles Onassis. Se llevaba bien con muchos de sus retratados gracias a su atractiva personalidad: además de ser alto, delgado y guapo, era «encantador, coquetamente tímido, simpático, raramente prepotente» (Heller, A Côte d’Azur album, 191). ¡Sus retratos de estos años -recopilados en dos libros Edward Quinn, a Côte d’Azur Album (1994) y Stars, Stars, Stars… off the screen! (1996) – captaron el sabor del mundo glamuroso de la posguerra sin culpa, y siguen siendo frescos, elegantes e informales: Edith Piaf siendo ayudada con un zapato; Roberto Rossellini haciendo la revisión de su coche.

Quinn era un artista -además de música, estudió escultura y pintura- y sus ambiciones iban más allá del paparazzo. En 1951 conoció a Picasso en una exposición de cerámica. Su talento, su discreción y su simpatía se ganaron el favor de Picasso y finalmente se le concedió su deseo de fotografiar al artista trabajando. Tras la primera sesión, en la que Quinn tuvo especial cuidado de no estorbar, oyó a Picasso decir a un amigo: «Lui, il ne me derange pas» (Quinn, The private Picasso, 16). Se hicieron amigos y Quinn fotografió a Picasso durante el resto de la vida del artista, lo que dio lugar a cuatro libros y tres películas. El primer libro, Picasso at work (1965), se tradujo a seis idiomas y fue ampliamente elogiado por su visión del proceso creativo, por la autoexigencia del fotógrafo – «nunca pierde de vista que su trabajo es hablarnos de Picasso y no de sí mismo» (Tatler, 5 de mayo de 1965)- y por las fotografías «de carácter soberbio, grabadas en severo blanco y negro o rebosantes de maravilloso color» (Cosmopolitan, febrero de 1965). El elogio que más le agradó fue el de Picasso: «Toi tu sais faire un portrait». La película más larga (140 minutos) fue Picasso, el hombre y su obra (1974), un examen cronológico del desarrollo personal y creativo del artista, utilizando películas caseras y fotografías. La viuda de Picasso lo elogió por su ejemplar honestidad y creatividad, y posteriormente se editó en DVD.

El éxito de su trabajo sobre Picasso llevó a Quinn a colaborar con otros tres artistas, lo que dio lugar a otros cuatro libros: Max Ernst (1976); Graham Sutherland, obra gráfica completa, 1922-1978 (1978); Georg Baselitz (1988) y Georg Baselitz – Eine fotografische Studie (1993). Tenía gran afinidad con los artistas y también fotografió a Salvador Dalí, Marc Chagall y Francis Bacon.

Aunque nunca vivió en Irlanda después de los primeros años de la década de 1940 (desarrolló un giro francés en su discurso), siguió vinculado al país, visitándolo cuando podía. Sentía que era su condición de exiliado lo que le atraía de James Joyce. El resultado fue James Joyce’s Dublin (1974), en el que las fotos de los bares, las carreras, el Liffey, los niños de la calle, etc., se combinan con citas seleccionadas de las obras de Joyce. Se ganó los elogios de Samuel Beckett por «capturar la atmósfera, el humor y la esencia del Dublín de Joyce». Ocho años más tarde realizó una película de 60 minutos, El Dublín de James Joyce y el Ulises (1982); el comentario era en francés, aunque también lanzó una versión en inglés.

En 1992 Quinn se trasladó de Francia a Altendorf (Suiza) porque su salud era precaria y deseaba que su mujer que era suiza estuviera cerca de su familia. Allí falleció el 30 de enero de 1997. Se celebraron exposiciones póstumas en América, Gran Bretaña, Francia y Suiza. Su esposa Gret falleció en 2011. Tatler, 5 de mayo de 1965; Cosmopolitan, febrero de 1965; «Kevin MacDonnell’s Roundabout – An Irish view of Picasso» en Photography, junio de 1965; Edward Quinn, The private Picasso (1987); Martin Heller, ed., Edward Quinn, A Côte d’Azur album (1994); http://www.edwardquinn.com (consultado el 18 de septiembre de 2005); información de Gret Quinn (viuda), noviembre de 2005″.

DICCIONARIO DE BIOGRAFÍA IRLANDESA.
Royal Irish Academy, Dublín 2009, p. 259 s. (Texto de Bridget Hourican)

 

 

DICTIONARY OF IRISH BIOGRAPHY.
Royal Irish Academy, Dublin 2009, p. 259 f. (Text by Bridget Hourican)

«Edward Quinn was born 20 February 1920 in Dublin. The first photo he published was in the Irish Independent in 1950 – ironically since subsequently he seldom had work printed in Irish papers and was not well known in his native land. This first shot was of an Irish horse which had just won a race in Nice. His apprentice years as photographer coincided with the rise of the Côte d’Azur as a jet-set destination for film stars, millionaires and royalty, thanks largely to the fame of Brigitte Bardot and Princess Grace. Quinn worked for Paris Match and a number of agencies, principally Black Star in London and American International News Service. For these he provided snaps of celebrities such as Sugar Ray Robinson, Haile Selassie and Aristotle Onassis. He was on good terms with many of his subjects thanks to his attractive personality — besides being tall, slim and handsome he was ‘charming, flirtatiously shy, friendly, rarely over-bearing’ (Heller, A Côte d’Azur album, 191). His portraits from these years — collected into two books Edward Quinn, a Côte d’Azur Album (1994) and Stars, Stars, Stars… off the screen! (1996) — caught the flavour of the glamorous post-war guilt-free world, and remain fresh, elegant and informal: Edith Piaf being helped on with a shoe; Roberto Rossellini having his car serviced.

Quinn was artistic — as well as music, he studied sculpture and painting — and his ambitions went beyond the paparazzo. In 1951 he met Picasso at a ceramics exhibition. His talent, discretion and friendliness won Picasso’s favour and eventually he was granted his wish to photograph the artist at work. After the first session, where Quinn took particular care to keep out of the way, he heard Picasso tell a friend: ‘Lui, il ne me derange pas’ (Quinn, The private Picasso, 16). They became friends and Quinn photographed Picasso for the rest of the artist’s life; this resulted in four books and three films. The first book, Picasso at work (1965) was translated into six languages and widely praised for its insight into the creative process, for the self-effacement of the photographer – ‘he never loses sight of the fact that his job is to tell us about Picasso and not about himself’ (Tatler, 5 May 1965) — and for the photographs ‘of superb character, etched in severe black and white or overflowing with marvellous colour'(Cosmopolitan, February 1965). The accolade that pleased him most came from Picasso: ‘Toi tu sais faire un portrait.’ The longest film (140 minutes) was Picasso, The man and his work (1974), a chronological examination of the artist’s personal and creative development, using home movies and still photographs. It was praised by Picasso’s widow for its exemplary honesty and creativity and was subsequently released on DVD.

The success of his work on Picasso led Quinn to collaborate with three more artists, which resulted in four more books – Max Ernst (1976); Graham Sutherland, complete graphic work, 1922-1978 (1978); Georg Baselitz (1988) and Georg Baselitz — Eine fotografische Studie (1993). He had great affinity with artists and also photographed Salvador Dali, Marc Chagall and Francis Bacon.

Though he never lived in Ireland after the early 1940s (he developed a French turn to his speech), he remained attached to the country, visiting when he could. He felt that it was his status as exile that drew him to James Joyce. Finding that the Dublin places featured in Joyce’s writings were ones that he knew well.The result was James Joyce’s Dublin (1974) in which photos — of bars, the races, the Liffey, street children etc — were matched with selected quotations from Joyce’s works; it was Quinn’s personal favourite among his books because he felt that in combining words and pictures, he had created a third sensation. It gained Samuel Beckett’s praise for ‘capturing the atmosphere, humour and essence of Joyce’s Dublin.’ Eight years later he made a 60min film, The Dublin of James Joyce and Ulysses (1982); the commentary was in French though he also released an English version.
In 1992 Quinn moved from France to Altendorf, Switzerland because he was in poor health and wished his wife to be close to her family. He died there 30 January 1997. Posthumous expositions were held in America, Britain, France and Switzerland.
His wife Gret passed away in 2011. Quinn’s nephew Wolfgang Frei and his wife Ursula are taking care of the extensive portfolio.

Tatler, 5 May 1965; Cosmopolitan, Feb. 1965; “Kevin MacDonnell’s Roundabout – An Irish view of Picasso” in Photography, June 1965; Edward Quinn, The private Picasso (1987); Martin Heller, ed., Edward Quinn, A Côte d’Azur album (1994); www.edwardquinn.com (accessed 18 Sep. 2005); information from Gret Quinn (widow), November 2005.»