“No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa,  empieza a echar de menos a todo el mundo”, se lee en las dos últimas frases de la novela El Guardián entre el centenode J.D. Salinger, que mañana, primer día de Año Nuevo, se cumple el centenario de su nacimiento.

A un hombre tan celoso de su  intimidad, lo que le llevó hasta la paranoia, no le hubiese gustado saber los fastos y celebraciones que nos traerán de nuevo su nombre y obra, escasa pero inolvidable como son las  aventuras de un joven de 16 años, Holden Caulfield, durante unas vacaciones de Navidad. Holden ha sido expulsado del colegio por una pelea y retrasa su vuelta a casa, en Nueva York.

Este adolescente ha dejado atrás la infancia y se resiste a entrar en la edad adulta porque lo que ve le  disguta. Un mundo en el que abunda la hipocresía, la falsedad, la estupidez a diferencia de la infancia, pero en el que tendrá que encontrar su sitio, pues ya no es  un niño. Como todo joven, Holden se rebela  contra el mundo de los  mayores, contra el necesario proceso de madurar.

En esta novela publicada en 1951 comprendemos que hay cosas que son fáciles de recordar, ese doloroso proceso de sumar años para convertirnos en adultos. Al igual que Holden, creímos que  acabaríamos siendo guardianes capaz de evitar que nuestra infancia y la de nuestros amigos se despeñase en el precipio que hay al final del campo de centeno. Desconocíamos que hacerse adulto implicaba caer en él. Holden lo intuye y nos lo cuenta de una forma mágica donde se mezcla  el humor, cierta amargura con la ingenuidad del chico que también se hace pasar por mayor, aunque sea para tomar una copa de más, porque está deprimido y se siente muy solo.

Holden es uno de los grandes personajes de la literatura del siglo XX. Pero no se lo cuenten a nadie, léanlo.

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De todas las biografías escritas sobre Salinger, la mejor es J.D. Salinger. Una vida oculta, de Kenneth Slavenski (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) en traducción de Jesus de Cos. Salinger, fallecido el 27 de enero del 2010,  fue un hombre obsesionado por el anonimato. Otras aproximaciones mas conflictivas son las de Ian Hamilton, autor de J.D. Salinger: A Writing Life(1935-1965), o Joyce Maynard, amante de Salinger cuando tenía 18 años, o de su hija Margaret, en Dream Catcher, y en  el que el retrato humano de Salinger deja bastante que desear.

Slawenski relaciona vida y obra, que se detuvo en 1965. Parece ser que  Salinger siguió escribiendo y es posible que algún dia aparezcan las novelas y relatos que se salvaron del incendio de su casa a comienzos de 1992.

Salinger fue novio de la hija de Eugene O’Neill, Oona O’Neill, que se casó con Charles Chaplin. Participó en el desembarco de Normandía y la liberación del campo de concentración de Dachau. Regresó de la guerra sordo y con una  crisis psíquica y espiritual que según  Slawenski se encuentra la raíz de la complejidad de un personaje como Holden.