Esteban Villalta Marzi. Foto de Dino Ignani

Una noche, en un bar de copas, una mujer leyó la mano al pintor Esteban Villalta.
Le dijo que tenía la línea de la vida y del corazón fuertes y bien trazadas, lo que denotaba una enorme energía, y le recomendó encauzarla de algún modo positivo. Esa mujer desconocía que Esteban le daba salida a través de una pintura que se caracteriza por la fuerza de su color y la vitalidad de sus figuras.

Esteban Villalta Marzi (Roma, 1955), un mix entre romano y español, vive la mayor parte del tiempo en la capital italiana, aunque también se deja ver con frecuencia por España. En su laberíntico estudio, situado en el centro histórico de Roma, el mosaico del suelo es una colección de manchas de pintura que reciben al visitante como un caleidoscopio.
Para Esteban el color lo es todo, pues desea provocar un impacto directo en el que mira y, desde luego, ver un cuadro suyo no te deja indiferente. Nadie le puede negar su intención de sorprender, aunque él prefiere decir que busca una respuesta a la grisalla cotidiana.
Pero Esteban, más que un teórico de la pintura es un hombre de acción pictórica, pues para él pintar es una actividad a la que llega a dedicar hasta diez y doce horas diarias. Como devoto de Elvis Presley, Eddie Cochran y Gene Vincent (la estética de Esteban es la de un rocker, tupé incluido), escucha música mientras pinta, pero sin caer en fundamentalismos rockeros, que no por nada su canción preferida es “Can your pussy do the dog?” de The Cramps.

Digamos entonces que la energía que desprende su pintura, el color y el rock & roll marcan un territorio muy personal donde la iconografía pop se mezcla con los mitos populares para crear una falsa realidad que subvierte los fundamentos de lo real desde dentro. Por eso Esteban, como sus cuadros, siempre nos habla de otro mundo.
Un mundo que tiene su origen en los comic, pero que es capaz de ir mas allá hasta agredirnos visualmente mediante unas figuras que nos interpelan desde esas telas que vienen a ser, por su tamaño, las pantallas de un cine de barrio en cinemascope o, si nos ponemos al día, una pantalla de cristal líquido gigante. Es allí donde se nos cuenta una historia que parece escapar a los estrechos límites del cuadro a través de la potencia de las imágenes y el color.
Esos señores que saben de pintura, los críticos de arte, han dicho que su obra es “postbarroca, donde los trabajos tienen en común una serie de fondos homogéneos, declinados en una monocromía tan ligera como cálida”. Y también que el artista “utiliza referencias de la época barroca, sobre todo italiana aunque también española y de otras fuentes, y donde el fondo se convierte en un elemento escénico”.
Foto de DINO IGNANI

¡Quien pudiera decir más y menos! Pero más allá del léxico de los entendidos, podemos añadir que los cuadros de Esteban miran hacia los cuatro puntos cardinales, aunque cada espectador puede poner el acento donde quiera, bien en la teatralidad o la sensualidad de sus figuras femeninas, o la ironía que desprende el súper héroe dominante y agresivo, el torero galáctico, la bailaora de flamenco de mirada letal… para imaginar una historia, incluso a veces apoyada con palabras, gritos y expresiones.

Esteban roba del comic o del cine para reflejar ese instante en el que el cuadro se convierte en un fotograma para que el espectador sienta una impresión fuerte y directa. Esteban no quiere esconderse detrás de formas estilísticas. Para él el arte no está hecho para la contemplación, no es una actividad estática, y no pertenece a ningún placer o estética decorativa. La obra va más allá de su estatus de objeto y en su mundo imaginario la pintura hunde sus raíces en la agitación y banda sonora de la metrópoli, e incluso en su agresividad.
ESTEBAN VILLALTA MARZI. FOTO DE DINO IGNANI

La próxima exposición de Esteban Villalta Marzi estará dedicada a la gestualidad pop, y se celebrará en Roma, el próximo año.