Oscar Domínguez. Mariposas perdidas en la montaña, 1934

Mónica visitó a Juana  muy preocupada. En el último tiempo ha sufrido varios asaltos, la pérdida de dinero que le ha costado recuperar, y ahora teme por su vida. Piensa vender el supermercado y marcharse a Uruguay, su tierra natal.
-Apenas aparezca un comprador lo vendo -dijo Mónica a Juana.
La decisión fue difícil de tomar pero le agarró el Corralito* con los únicos ahorros. Es imposible hacer transferencias bancarias y hay fuertes restricciones. La crisis  golpea a todos. Un apagón de luz de 15 minutos, un cacerolazo para manifestar el descontento de la gente.

   Juana estaba en la garita esperando el colectivo que cada día al salir de su trabajo la llevaba a su casa, pero esta vez notó que se demoraban más de lo normal. Fue hasta la  remisería cerca de allí. Preguntó por un viaje pero todos los autos estaban demorados más de 40 minutos. Regresó a la parada del colectivo. Una señora le dijo: ¿estás esperando el colectivo? Me  acaban de avisar que están en paro. La señora tomó un taxi y se marchó. De repente empezó a caer un diluvio. Juana se metió en la garita para no mojarse, además se encontraba desabrigada, en el apuro olvidó su campera. Se sentó en el banco frío  de cemento  y notó un maletín negro de cuero contra la pared. Se acercó para observarlo de cerca, lo tomó con cuidado, pesaba bastante y aunque intentó abrirlo no pudo. En la parte inferior podía leerse en letras doradas Martín Vans. Tomó el portafolio en sus manos y lo sacudió, se notaba pesado pero no hacia ruido. Se asomó a la vereda y vio que venía a lo lejos  un taxi. Miró para ambos lados. Nadie la vio. Estaba ella y el maletín,  el maletín y ella, y nadie mas. De fondo, la lluvia finita que caía en la cara de Juana. Paró al taxi y subió.

José Gómez Frequet. De la serie sueños de las Américas, 1969

Si, hasta Juan B. Justo y San Martín, le dijo al chofer. El tachero condujo rápidamente hasta el destino ya que  el tránsito era fluido y no había un alma en la calle. Juana metió la mano en sus bolsillos pero no tenia dinero en ninguno. Abrió la cartera, metió la mano y en el revoltijo encontró su billetera. Sacó el dinero justo, pagó y se bajó. Dos mujeres estaban en la caja del supermercado cuando Juana llegó. Juana esperó en un costado sin molestar. Cuando las mujeres se marcharon con sus bolsas, Mónica se fue con Juana a la cocina por un café.

  -¡Hola Juana! ¿ qué haces?

-¡Encontré un portafolio! Y no se qué hacer.
-¿Cómo no sabes que hacer?
Juana le dio el maletín a Mónica. Juana le explicó que lo encontró en la parada del colectivo de casualidad. Juana buscó algo punzante con que abrirlo, también atinó a sacudirlo. Un par de movimientos y lo abrió. Ambas miraron el contenido del maletín. Luego se miraron con la boca abierta de asombro. Encontraron importantes papeles dentro de los sobres. También fajos de dólares que aún conservaban el precinto del banco. Buscaron entre los papeles  a ver si podían hallar algún número de teléfono donde ubicar a Martín Vans, el supuesto dueño del objeto hallado. En uno de los bolsillos de los compartimentos encontraron también tarjetas y una de ellas decía: Vans Argentina.
Llamaron al teléfono que encontraron. Luego de marcar el número atendió una operadora. Después pidieron que marcaran el número correspondiente al interno. Para administración marque uno. Para asesoramientos marque dos. Para hacer pedidos marque tres. Para reclamos de boletas marque cuatro. Para hace otro tipo de consulta marque cinco o aguarde en línea y será atendido. Ellas se quedaban en línea y luego la comunicación daba ocupado y finalmente se cortaba.  La operación se volvió a repetir. Marcaron cinco. Enseguida alguien del otro lado los atendió, un caballero:
 Andres. The read purse, 2008

-¡Buenas tardes! Vans Argentina.

-¡Buenas tardes! necesito hablar con Martín Vans  -dijo Mónica.
-Lo siento esta línea es exclusiva para ventas.
-Por favor es muy importante -dijo Mónica.

-El señor se encuentra reunido en este momento y no la podrá atenderMónica insistió:

-¡Por favor me urge hablar con él!, son dos palabras. Exprésele que es sobre un portafolio negro. Él sabrá de que se trata. El recepcionista abandonó la línea  y Martín Vans apareció al teléfono rápidamente.
-¡Hola!, ¿si?
-¿Es usted Martín Vans?
-Si, el mismo que habla -dijo una voz temblorosa al otro lado del teléfono.
-Nosotros encontramos un maletín. Queremos devolverlo.
-¡No lo puedo creer! -gritó Martín.

Francis Bacon. Estudio de George Dyer en un espejo, 1968

Mónica le dio la dirección y a la hora apareció. Juana y Mónica lo vieron descender del taxi. Llevaba el típico atuendo de empresario, vestía un Mancini gris oscuro, camisa color hielo, tez blanca y cabello claro, corto, llevaba gel. Era un hombre de cuarenta y pico años, alto, fornido, y usaba una prolija  barba, zapatos que brillaban como un espejo.
El caballero ingresó al supermercado y preguntó por Mónica. Sergio se quedó en la caja mientras ellas hablaban con el empresario. Juana y Mónica le entregaron el maletín.
El caballero no tenía palabras de agradecimiento así que abrió la chequera y escribió un cheque a nombre de Juana Mansilla como recompensa ya que no faltaba nada. Juana se negó a aceptarlo, pero Martín le repitió que él deseaba compensar su buena actitud. Juana aceptó. El hombre se fue contento con su maletín. Juana no podía creer la cifra que figuraba en el cheque a su nombre: veinte mil pesos.

*Corralito: nombre que se dio en Argentina a la crisis financiera del 2001
FIN

“La vida de Juana”, más novela corta que cuento por número de páginas e intención, es un buen comienzo narrativo para su joven autora, Sandra Ávila (Buenos Aires, 1980). Lo más importante es que denota algo que es fundamental en toda narración y que es la capacidad de reflejar un mundo y un punto de vista a través de la historia que nos cuenta y los personajes que aparecen en ella.

En “La vida de Juana”, la protagonista principal vive una situación donde a los conflictos personales se suma un contexto político, económico y social conflictivo situado durante el “corralito” argentino. Esta novela se desarrolla en Buenos Aires durante los años 1997-2001. Sandra Ávila consigue reflejar la crisis política económica y social de un país, más precisamente la crisis del 2001, con sus situaciones de marginalidad, drogas, delincuencia, desocupación, trabajo en negro, piquetes, huelgas salariales, paros empresariales y protestas.
Según nos explica la misma autora, empezó a escribirlo en julio de 2010.
“Primero fue un relato con final abierto, luego sentí que el personaje daba para mucho más. Así que seguí dándole vida y me sumergí en su mundo. En cada capítulo fui narrando la vida de ella y de quienes la rodeaban, como Mónica, la amiga leal y honesta, o Patricio/Pato, el hermano menor de Juana que vive en el Chaco (nordeste de Argentina) y que viaja a Buenos Aires en busca de unas oportunidades que no termina de encontrar”.
El retrato que tenemos de la protagonista, Juana, es el de una muchacha sencilla, luchadora, y que frente a las adversidades se crece y sale de ellas más o menos bien librada. Pero lo importante es que el lector reconoce a un personaje. Está bien retratado sin entrar en honduras sicológicas. Por eso esta novela es una novela de personajes. En su escritura, Sandra Ávila emplea un estilo escueto y frío acorde con la situación que se describe. No es una novela poética o lírica o de sentimientos. Tampoco es una novela “negra” o policial. Lo que ocurre es mas bien consecuencia de acciones externas y producto de las circunstancias, mas que de las acciones de los personajes.
Juana sufre desde el comienzo de la historia, pues debido a su condición social tiene que trabajar duro para ganar poco. Además, Juana también se ve amenazada continuamente por su empleadora con sustituirla con una inmigrante. La mujer que la proporciona trabajo, denominada “La dama de los perros”, enseña el típico despotismo que suele tener quien ejerce el poder hacia quien no puede defenderse dentro del ámbito laboral y, por lo tanto, es explotado. Juana va a trabajar de mucama (criada) y termina cuidando perros.
Pero también están los sentimientos, el amor que es una ilusión o esperanza momentánea, y en el que los hombres son padres ausentes, cuando no huidos o vagos que abandonan a las mujeres con los hijos. Entonces ellas tienen que buscar trabajo para mantenerlos, cuando no se aprovechan de las circunstancias y abusan de las mujeres incluso físicamente. Pero ojo, no estamos ante un melodrama ni una telenovela. Ya hemos dicho que no se incide en lo sentimental. Además, la novela está vista por un narrador cercano pero lejano que imprime la necesaria distancia.
En cuanto a Lola, que viene a ser la otra cara de la moneda de Juana, es el “pathos” trágico de esta historia pues aunque su discurrir es paralelo al de Juana, no lo es su final, pues de algún modo “La vida de Juana” no es una narración con final feliz, sino mas bien agridulce.
Esta historia de vida, contada de una forma lineal, nos habla de un tiempo de crisis, algo que ahora parece extenderse a ámbitos más desarrollados, como es el caso europeo, pero que no aspira ser una novela “social”, porque lo que predomina no es un discurso político o colectivo sino esa persona que debe enfrentarse a las duras leyes de la existencia diaria, en Buenos Aires, Madrid, Atenas o Pekín.

Luis de León Barga

Jorge. Arche. Retrato de Mary, 1938