SANDRA ÁVILA

Gabriela Romero nació en La Plata, Argentina, en 1961. Es Licenciada en Educación Inicial de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos aires (Tandil). Participó en la preparación de materiales educativos en torno a la concientización del agua para el Programa Hidrológico Internacional de UNESCO sea tanto de Argentina como para América Latina. Es socia fundadora y secretaria de asuntos literarios en la Asociación Libre de Escritores y Poetas Hispanoamericanos (A.L.E.P.H).
En 2014 presentó su obra “Aquí estoy, mi querida E”. También escribe relatos breves, y próximamente publicará su segunda novela. 
¿Cómo surgió la idea, cuál fue el disparador para escribir: ¿Aquí estoy, mi querida E?

El disparador fue el retrato de un hombre que vi en el Museo Histórico Provincial de Santa Fe, ahí nació la idea, la semilla fue una mujer que desde su niñez tiene un sueño recurrente y a sus cincuenta y cinco años descubre que ese hombre existió a mediados de 1800. A partir de allí comienza a recordar, a través de los sueños, una vida pasada con él.

¿Cuándo escribís, cuál es el momento ideal?

El mejor momento siempre es a la noche.
Sabías que esta novela puede estar relacionada con vidas 
pasadas o te diste cuenta después o fue intencionalmente?

¡Lo supe desde siempre! La novela habla de una vida pasada y de un amor que trasciende los tiempos, y que espera…  El tema de las vidas pasadas me atrae desde mis catorce años, cuando leí Verde Oscuridad de Anya Seton.
Gabriela Romero
¿Qué cosas te ayudan para escribir?

La inspiración y también lo que descubro durante la investigación de los temas que abordo.
¿Qué pretendés con esta novela y estos personajes?

Creo en el encuentro de las almas, ya sea en esta vida o en otra dimensión. Y ello me da esperanza ante lo inevitable de la muerte. Tal vez lo que no ocurra en esta vida suceda en otra. En el epílogo está la clave de la esperanza que quise transmitir. La historia está narrada a dos voces: la de Emilia y la de Ana Paula. Cada una contará la historia desde lo que siente.
¿Cómo fue esta experiencia con tu escritura y este libro?

Fue una experiencia maravillosa ya que me descubrí como escritora a los cincuenta años. En la novela hablo de señales, y yo seguí la que encontré: un papel que anunciaba un espacio literario, una “clínica de novela”. Ser escritora no llegó tarde, es un sueño que me alcanzó cuando estuve preparada.