Julius Bissier. Escultor con autorretrato, 1928

NOVELISTA DE ÉXITO en los años treinta del siglo pasado, también en España donde su obra menos comprometida fue editada i ncluso durante el franquismo, el alemán Hans Fallada (Greifswald, 1893–Berlín, 1947) fue coetáneo de autores como Thomas y Heinrich Mann, Stefan Zweig o Bruno Frank.

Literariamente Fallada empezó siendo afín a la corriente de izquierdas de la Nueva Objetividad que se produjo en la República de Weimar, para luego sustituir la indignación revolucionaria por una crítica social de visión más amplia. El mayor éxito de Fallada fue en 1932 con Pequeño hombre, ¿y ahora qué?, novela que le dio a conocer al gran público. Sin embargo, detrás de la fachada de un escritor consagrado, había una personalidad depresiva con tendencias autodestructivas. Debido a ello la vida de Fallada fue un carrusel donde los periodos de desintoxicación alternaban con el alcoholismo y la morfina, droga que le causó la muerte.
Hijo de un juez con el que tuvo una relación conflictiva, Hans Fallada empezó pronto a conocer hospitales y cárceles. Crítico con la República de Weimar, una época retratada con acierto literario en sus primeras novelas, colaboró al principio con el nazismo triunfante. Pronto empezaron los desencuentros y al final la condena y el ostracismo. Acusado en 1944 del intento de asesinato de su primera mujer, fue internado en una cárcel y luego trasladado a un psiquiátrico. Fue allí donde escribió estos dos libros traducidos por primera vez al español.

Hans Fallada

En El bebedor narra en una historia de tintes autobiográficos las vicisitudes del comerciante Sommer, un alcohólico que está acusado de intentar asesinar a su mujer. En un segundo plano emerge el papel destructor de las instituciones y los profesionales encargados de la curación del individuo, como si Fallada hubiera leído treinta años antes al filósofo francés Michel Foucault y su teoría acerca del poder y el castigo. Pero aquí no hay elaboración teórica alguna sino una excelente obra de ficción donde el narrador nos presenta a un hombre al que su alcoholismo, una serie de malentendidos y la mala suerte le conducen a un callejón sin salida.
No estamos ante el malditismo de un Charles Bukowski con un héroe solitario que hace frente con picardía al mundo que le rodea. Aquí es un enfermo que emprende un camino equivocado y una vez que se encuentra cautivo de una red de micropoderes, ya no puede dar marcha atrás.
Si El bebedor es la cruz de la moneda, En mi país desconocido es la cara donde Fallada aprovecha su detención para escribir de forma clandestina un diario en el que nos habla de su relación con el nazismo. De este modo ajusta cuentas y justifica su pasado reciente.
Al igual que El bebedor, estos diarios se leen como un apasionante testimonio de un escritor que no cambió la novela del siglo XX, aunque supo con su realismo crítico retratar como nadie al hombre aplastado por la Gran Depresión y un poder absoluto que no deja resquicio alguno para sobrevivir.

(Babelia, 1 de septiembre 2012)
Hans Fallada

El bebedor
Hans Fallada
Traducción de Christian Martí-Menzel. Seix Barral. Barcelona, 2012
352 páginas. 19,50 euros (electrónico: 13,99)
En mi país desconocido. Diario de la cárcel, 1944
Hans Fallada
Traducción de Christian Martí-Menzel. Seix Barral.
Barcelona, 2012 384 páginas. 19,50 euros (electrónico: 13,99)