Hay veintiocho ellas que dan testimonio, la Gran Ella interviene y es justo que hable, y es más justo aún que lo deje por escrito por la factura. La tinta impresa es aporte al registro de la existencia.
(Alejandro Gil, prólogo del libro Ella)
Juega con las palabras desde que era una niña, desde que le quitaba el libro de primer grado a su hermano para intentar leerlo, desde que se conmovía en los recitales poéticos en que intervenía su padrino y en los que ella le acompañaba. Ella (¿o la Gran Ella como dice su prologuista?) es Alejandra Burzac Sáenz (Tucumán, 1969), escritora y gestora cultural, y con su última creación ha dado el salto de la poesía al microrrelato porque este género, dice, obliga al autor a elegir bien las palabras. Y eso es un reto para ella, que se dice enamorada de ellas. Tras publicar Eterna Búsqueda o el ensayo El Avá Neê, esta argentina nos presenta ahora sus Microficciones, como subtitula su Ella, con nombres tan sugerentes y evocadores como “La tirana”, “Un paso a la inmortalidad” o “Barullo”.
¿Cuándo y cómo surgió la idea de este libro?
Hace unos años acompañé a mi marido (el escritor y político Rodolfo Vargas Aignasse) al I Encuentro Internacional de Microrrelatistas, en una provincia vecina, Santiago del Estero, y estando allí vi con qué facilidad escribían en tan pocas palabras los participantes sus minificciones, o microrrelatos, me sorprendió y motivó a emprender la escritura de este libro como un reto personal, ya que hasta entonces por ese placer que tengo por las palabras me era imposible prescindir de ellas. Hay que quedarse con los justas, solo aquellas que más acabadamente digan con suma brevedad; un ejercicio difícil.
¿Cuáles son los ingredientes principales del mismo?
Los ingredientes van entrando solos, por algún mecanismo propio de la escritura, o tienen que ver con la voz propia de un escritor, su esencia, su conciencia, sus conocimientos. Pienso que en Ella un ingrediente presente es la Reflexión, sobre la Vida, la Libertad, el libre albedrío y sus consecuencias; la Mentira, que es algo que particularmente nunca le encontré sentido, y está plasmado en el texto. Los personajes juegan con la verdad y la mentira, desnudándola.
¿Por qué recibe este título?
Los títulos de mis libros son la piedra basal de mi escritura. La columna vertebral. Lo primero que pienso es el título y luego vinieron los relatos. Pero, a decir verdad, no lo elegí yo sino que el título se puso solo, se instaló en mi cabeza para luego escribirse con esa magia fantástica de la escritura creativa. Me parecía un muy buen nombre para contar historias. Tal vez porque uno escribe siempre de lo que conoce, y de Ellas tenía muchas cosas que decir, o quería contar.
¿Cuál es tu enfoque de los personajes?
Las minificciones están en tercera persona, siempre hablo de ella, mis personajes están fuera, las miro y describo con los textos. Siempre es Ella, aunque no sea una mujer la que constituye el texto, como el Oficio, y otros textos que habla de la Escritura, también femenina.
¿Se puede vivir sin escribir?
No me imagino la vida sin la escritura, escribo desde niña, desde siempre, y las cosas más importantes en mi vida pasan por las Letras. Me constituyo en Palabras. Escribo porque no conozco otra forma de vivir, de ser. Soy escritora, es mi elección y mi oficio. Me hace ser plena; libre.
¿Qué es la literatura para Alejandra Burzac?

La escritura es una pasión, una afección, un mandato. La escritura es algo que viene de algún lado, desde lo profundo del ser para decir cosas, para nombrar las cosas y nos ocupa, nos utiliza. Los duendes de la creación se le incorporan a uno y lo desvelan jugando con las palabras y las ideas. Hace que uno sea una suerte de Dios de mundos que creamos, donde nuestros personajes son lo que uno deja que sean en una tensión permanente entre lo que nosotros queremos y lo que ese personaje que se va materializando en las palabras quiere ser. Es una gimnasia del intelecto. Es un fluir permanente.