Foto de Ezequiel Roso. 
                        
   Iván Quezada, estudió periodismo en la Universidad de Chile, es escritor, ha publicado varios libros, trabaja como editor independiente  para escritores o editoriales, fue periodista de cultura en una época, también trabajó en Random House, fue editor de la revista cultural Rocinante. Con casi  siete años en esta profesión y un importante cantidad  de libros leídos y corregidos dice que “todos escribimos un solo libro en la vida y puede ir mejorando capítulo a capítulo”.   Iván asegura que hay buena literatura estacionada, oculta o dando vueltas, pero hay que descubrirla y difundirla. Estamos de acuerdo con él. Iván Quezada (1969) nació en Valparaiso, Santiago de Chile.
¿Dónde estudiaste?
Estudié la Educación Media en el Liceo Eduardo de la Barra, uno de los primeros poetas chilenos del siglo XIX, en Valparaíso. Y luego Periodismo en la Universidad de Chile, en Santiago. Pero fue en el primer establecimiento donde descubrí mi vocación literaria y el amor a los libros. Tuve algunos profesores excepcionales, especialmente don Miguel Espinosa, ahora muerto, quien insistió hasta el cansancio en que yo fuese escritor. A él le debo mi persistencia, los bienes y males de este oficio.
¿Cuántos manuscritos te llegan por semana?
La verdad, yo trabajo como editor independiente para escritores o editoriales. Comúnmente, a comienzo de año doy aviso que estoy aceptando textos y me llegan una cierta cantidad de propuestas. Pero yo tengo un límite: puedo trabajar con dos o tres libros al mes durante cinco meses cada uno. De modo que al año puedo hacer 6 o 5 libros, que los publico a fines del segundo semestre. He probado con todas las posibilidades: publicándolos con mis recursos, con los de los autores o editoriales; más de una vez organicé la venta, ya sea de forma directa, con suscripciones o por librerías. Pero la última opción es la más perjudicial, creo yo; los libreros, en Chile, quieren quedarse con todo.
¿Qué hay de común entre todos ellos?
Quizás el hecho de ser autores abiertos a la corrección. No todos, desde luego, alguno me ha sorprendido con un inesperado afán de grandeza, pero generalmente son personas abiertas a aprender y que no se creen genios. No creo en el libro perfecto, ni siquiera tratándose de “obras maestras”. Las pretensiones traicionan a cualquiera. Prefiero pensar en un libro como un proceso, que se acaba en una obra. Digamos que todos escribimos un solo libro en la vida y puede ir mejorando capítulo a capítulo.

 ¿Qué es lo que más te sorprende o te sorprendió en este oficio? 
He trabajado en muchas cosas relativas a la escritura, empezando por el periodismo, hice clases en las universidades y finalmente me decidí por la actividad independiente. Todo esto con el fin de tener tiempo, oportunidad y libertad para escribir mis propios libros (el año pasado publiqué mi tercera obra Escritos de Ningún Lugar y ahora en diciembre saco la cuarta, de poemas, Playa Las Dichas). Me ha sorprendido que pueda hacerlo, aunque tuve experiencias como editor en mi época de periodista de Cultura. 
Recibí el apoyo de importantes escritores, como José Miguel Varas y Armando Uribe, quienes me permitieron editarlos y luego, incluso, me recomendaron con otros autores. De ese modo, llegué a trabajar para Random House durante un tiempo y finalmente seguí mi propio camino. Es un oficio que depende de uno nada más, de la constancia, paciencia y sobriedad que se pueda alcanzar. Por ahora ha sido mi camino a la libertad.
¿Cómo ves los escritores emergentes en Chile?
La categoría “emergente” ya está trillada: se considera por tales a quienes escriben como el resto, pero aún no han publicado o están en vías de hacerlo y empiezan por pavonearse en el medio literario. Vivimos un tiempo en que prima el ego sobre la lectura. Es absurdo: escritores que no leen o ni siquiera escriben. Por ello, prefiero pensar en los escritores desconocidos. A veces, con suerte, llega a tus manos el libro de alguien que no ha seguido ningún circuito, que no sabe cómo imprimió su novela y la mandó a alguien, y así mágicamente llegó a ti. Me han pasado varios casos, ya tengo dos libros que deseo publicar yo mismo y para eso pienso crear una editorial. Sé que siempre hay buena literatura estacionada, oculta o dando vueltas, pero hay que descubrirla y difundirla. La cuestión es conseguir precios bajos y dar la señal de alerta a mucha gente al mismo tiempo, de modo que los libros circulen rápidamente, sin importar si salen o no en la prensa o en las listas de Best Seller.

Foto de Ezequiel Roso

¿Qué es la literatura?
Esto es como si me preguntara qué es la poesía. Prefiero las definiciones de silabario: palabras escritas con sentido y significado superlativos. Puede ser una historia, una canción o cualquier otro género, según sus reglas y la manera de romperlas también. Veo a la literatura como un dato histórico y un testimonio de los hombres ante la adversidad que el mundo o la propia humanidad se impone a sí misma.
¿Las nuevas tecnologías ayudaron para que haya más escritores o siempre es una minoría?
Las nuevas tecnologías han servido para aumentar la circulación de textos a través de Internet y con los nuevos dispositivos de lectura. También ha permitido disminuir los costos de impresión, ya que la computación significa trabajar sin gastar materiales en el diseño. Pero esto no se ha visto reflejado en los precios de los libros, ya que no se acompaña con una política decidida e inteligente de fomento a la lectura. Escritores, así con mayúscula, siempre son pocos; es más la gente que quiere “aparecer” como escritor, engalanar su ego con el título o bien ganar dinero a través de las camarillas que manejan los premios, las becas y la publicidad. Pero el talento sigue siendo escaso, porque la escritura es un trabajo difícil. Es una perogrullada.
¿Cuánto tiempo llevas trabajando como editor?
Voy a cumplir siete años. El 2005 se cerró la revista Rocinante, en donde yo era el editor general. Con eso toqué techo en el periodismo. Me di cuenta de que no habría pluralismo informativo en Chile, al menos en un corto plazo, y como no tengo tiempo que perder decidí volcarme en la literatura, el único espacio de libertad visible entonces. Desde luego, mi intención siempre fue ser escritor, ya en el 2002 había publicado mi primer libro, la novela breve Elefantes y Cisnes, y ese mismo 2005 llevé a la imprenta la colección de cuentos Los Extraños. De modo que fue un paso natural, aunque igualmente me sentí quemando las naves. Sólo tenía una oportunidad y sigo luchando por ella.

¿Cuántas horas trabajas al día?
Soy escritor incluso cuando duermo. Este trabajo ocupa todas las dimensiones del ser, pero, para mi gusto, el mejor momento para escribir y editar es la mañana. Por las noches prefiero leer.
Cómo te empezaste a relacionar con la literatura?
Mi primer poema lo escribí a los 15 años y, por eso, creo que mi relación es tardía. Pero ya leía desde antes, cuando niño mi padre me habló de las bondades de la lectura y me regaló algunos libros de aventura, como Las Minas del Rey Salomón, y una abuela me legó la colección de Sandokán. Desde entonces creo que la entretención es un valor fundamental en la literatura, pero en el buen sentido, no como lo plantean los medios de comunicación: no se trata de confundir a la gente, de que se evada. Sino que el lenguaje profundice en todas direcciones y estimule la imaginación, la curiosidad y valore el tiempo ante la página impresa.
¿Cómo te diste cuenta de que te gustaban las letras?
Pienso que no me di cuenta completamente, no como un adulto, porque sólo era un niño y luego un muchacho. Sentí placer intelectual y seguí la huella instintiva o intuitivamente. ¿Qué más podía hacer, solo en mi habitación, sino ensanchar las murallas o derribarlas definitivamente?

¿Qué satisfacciones te da ser editor, corrector, etc.?
La edición incluye la corrección y la supera. Va desde la psicología hasta la semántica y la sintaxis. Mi gran amigo es el diccionario de español y los de otras lenguas. Pero también la buena y la mala literatura. Digo que si uno se inclina por un oficio debe llegar lo más lejos posible: ese ha sido mi cometido al escribir en todos los géneros y practicar todas las profesiones dentro de la escritura, desde la redacción de parrafitos en la prensa, hasta la edición de un libro de historia de Chile de 800 páginas, del Premio Nacional de Historia Gabriel Salazar. Mi próximo desafío es terminar y publicar una novela. Ya me falta poco.
En tu opinión, ¿por qué es tan difícil publicar un libro? Parece fácil, pero al momento de gestionar tramites y consultar de precios todo queda en la nada. ¿Por qué?
El mayor obstáculo es la falta de retribución al escritor. Los libreros se quedan con la mayoría de los recursos y luego vienen las imprentas y las editoriales. En Chile la mayoría de los libros son financiados por sus autores y a pérdida. Pero imprimir un libro es sencillo: las editoriales y las imprentas, en Chile y Argentina, tienen capacidad de sobra. Hay muchas escuelas de diseño y una gran tradición de imprenteros. Los artesanos son excelentes y las máquinas para qué decir. Sin embargo, no todas las imprentas están capacitadas para hacer libros y por eso existen las editoriales. Si las imprentas fueran editoriales al mismo tiempo habría mayor capacidad para hacer libros, pero comúnmente sus dueños no tienen interés por las letras; sólo quieren ganar dinero a manos llenas. Desde luego, ante el panorama complicado de la venta del libro, los conflictos por la plata entre autores, editores, libreros e imprentas es habitual, y comúnmente sale perdiendo el primero, porque se supone que él se queda con el “honor” y tiene el recurso del lobby para vivir del Estado. Pamplinas. O profundizamos la civilización, o estamos perdidos. 
Foto de Ezequiel Roso