Laura Racero. Pizzicato wail



¿Cuánto tiempo llevas trabajando en tu último libro?

He tardado cinco meses en escribir la primera versión. Ahora la voy a dejar reposar un poco para refrescar la mirada antes de corregirla. Así logro discernir entre lo que “sigue mereciendo la pena” y lo que “se va a la basura.”
¿Cómo se titula el libro? ¿Por qué la elección del mismo?
Se titula Novela 34 porque es mi novela número 34. Esta cifra, que puede parecer excesiva, debe pasarse por dos filtros: suelo escribir nouvelles (novelas cortas) y en esta lista se incluye todo, desde mi primer ejercicio novelístico, realizado con unos diez o doce años de edad. La numeración de mis trabajos sólo empezó en Novela 31, una novelita naïf de ambiente ruso. Noté que la cifra 31 se repetía algunas veces a lo largo del texto, así que forcé esa característica hasta convertirla en un leitmotiv. Al final resultó ser una novela de 31 páginas, pero eso fue por accidente.

¿Cuántas horas trabajas al día?
Unas ocho a diez horas: cuando estoy escribiendo algo, dedico a la escritura más o menos dos horas por la mañana y luego leo, paseo, navego por internet y me obsesiono. Cuando no estoy escribiendo, leo, paseo, navego por internet y me obsesiono. La corrección de textos suele ser más concentrada (con sesiones de cinco a seis horas) porque me gusta que prevalezca cierta unidad de estilo que sólo se puede conseguir en caliente.

¿Cómo preparas la novela?
La novela se prepara sola. En mí está la actitud de escribir (que es la actitud de amar o la de maravillarme frente al mundo) pero es ella la que lleva la voz cantante. Yo la acompaño en su gestación y venida al mundo. Soy, por así decir, la partera de mis textos.

¿Cuándo estás planeando empezar un nuevo libro, escribes un guión previo?

Cuando noto que la novela pugna por salir, me pongo plenamente a su servicio. En general ella me dicta en primer lugar una imagen (en el caso de Novela 34 es un viejo vestido de negro y rodeado de nieve). Lo siguiente suele ser el destino o punto final de la novela (que tampoco variará) y algunas estaciones que se me ocurren como lógicas para ir desde un punto a otro. Estas estaciones suelo anotarlas (pueden entrar en una hoja de papel). Normalmente escribo con ese miniplan pues me gusta ir inventando la trama a la vez que la escribo; pero en Novela 34 planifiqué mucho más. La razón es que quería centrar mis energías creativas en la invención del idioma y menos en el diseño de la trama.
¿Prefieres emplear la primera persona o la tercera?
En los veinte años que llevo escribiendo he utilizado ambas personas indistintamente. Incluso en alguna de ellas, como Libertad, se combinan ambas. A partir de Novela 31, me centré en el uso de la tercera persona y en el tiempo presente. La razón es que se trata de novelas escritas con una estructura similar a la de los guiones cinematográficos. Las ventajas que ello tiene para mí son varias: soslayo las cacofonías («estornuda» no rima con «cae» ni con «suena», lo que sí sucedería si estuvieran escritas en pasado: «estornudó», «cayó», «sonó») y, desde un punto de vista más profundo, el tiempo presente comporta cierta inmediatez (no hay distancia temporal entre lo sucedido y lo narrado) que me impide elaborar un juicio (esa tarea se la dejo al lector).


¿La trama, el personaje, época?
Novela 34 arranca en el año 1948, en la ciudad francesa de Pau, y termina en Madrid, en el año 2000. Trata de la conformación de una familia y de su posterior desintegración por vía de una serie de trágicos sucesos. Los personajes son los miembros de dicha familia y algunos auxiliares.

Pablo González Cuesta. (Pablo Gonz)

¿Podrías decirme tres cosas que nunca faltan en tus obras?
Música, velocidad e imagen.
¿Cuándo te diste cuenta de que tu pasión era la literatura?
En el mes de noviembre de 1991, en Múnich (Alemania), mientras veía nevar desde la ventana de una habitación que arrendaba en la Paul-Heyse-Straße.

Pablo, teniendo en cuenta todos tus libros publicados, ¿qué tienen en común entre ellos?

Me preocupa mucho la musicalidad y la claridad lógica del texto: creo que esa es una de las razones por las que mis libros se leen bien. Antes solía escribir en un tono crítico humorístico, pero me saturé de ello: ahora me limito a exponer las acciones de los personajes y ellos mismos caen en lo trágico. Lo otro que cuido mucho es la estructura: me gusta que no queden cabos sueltos, que todo (hasta lo más descabellado) acabe por tener un sentido. Se podría llamar literatura circular.
Cuando lees un libro, ¿qué prefieres héroe o víctima? ¿Por qué?
Siempre sintonizo con el personaje más sincero de todos, sea héroe, antihéroe, villano o víctima. Esa característica psicológica depende, naturalmente, de la sinceridad sentimental con que el autor haya escrito lo relativo a ese personaje. Se puede reconocer fácilmente dicha actitud en cierta coherencia que revelan los detalles, que hacen cada acto único y genuino, más reales aún que el modelo.

Si por un instante detuviéramos el tiempo, ¿qué cosas cambiarías con respecto a tu carrera literaria?

No hubiera aceptado publicar Los hijos de León Armendiaguirre ni con Planeta ni con ningún otro editor. Tampoco hubiese contratado los servicios de una agente editorial. En general, habría ido con menos prisa en aquel final de siglo trepidante; pero, bueno, uno aprende de la vida chocando contra ella. Y si yo no hubiera cometido esos errores entonces, podría estar cometiéndolos ahora.

¿Qué recuerdos tienes de la publicación de tu primer libro?
Mi primer libro publicado fue una autoedición: Los hijos de León Armendiaguirre. Recuerdo que fui con mi padre a un almacén de Alcalá de Henares (Madrid) donde nos entregaron un montón de cajas que apenas cabían en el coche. Después de instalarlas en casa, me propuse realizar una promoción. Lo primero que hice fue enviar un ejemplar a cada uno de los académicos de la lengua (esto era costumbre en el siglo XIX). Me contestaron sólo tres: Antonio Buero Vallejo, Miguel Delibes y José Luis Sampedro, cuyas palabras de apoyo me han acompañado siempre.
¿Cuál es el último libro que leíste?
Estoy leyendo Crónicas de Clovis por Saki y Juntacadáveres por Onetti.

¿Cómo ves a los escritores contemporáneos y sus blogs?

Tal y como yo lo veo, hay dos tipos de blogger: los autores tradicionales que emplean el blogging como un medio más de promoción de sus figuras (es el caso de los blogs que surgen al alero de los distintos periódicos digitales) y los bloggers genuinos, aquellos escritores sin fama (o con una fama digital) que utilizan este sistema de comunicación como un fin en sí mismo. De estos últimos conozco a varios autores de microrrelatos que están realizando una labor muy interesante desde el punto de vista literario: sus direcciones pueden encontrarse en mi blog.

Pablo González Cuesta. (Pablo Gonz)

¿Qué autores te gusta leer?
A los anteriores y, más en general, a los clásicos. Autores que no suelen defraudarme: Valle-Inclán, Tolstoy, Shólojov, Stefan Zweig, García Márquez, Horacio Quiroga, Francisco Coloane, Oscar Wilde, Cesare Pavese, Ivo Andric, Piotr Kropotkin. Últimamente estoy enamoradísimo de Juan Carlos Onetti y ansioso por conocer la obra de Alejo Carpentier.


¿Alguna anécdota buena y otra no tanto en el transcurso de tu escritura?
Una anécdota positiva: vivía en la calle Duque de Liria (Madrid), en un tabuco de apenas diez metros cuadrados con una ventanita que daba a un patio donde siempre había ropa colgada (la ropa era invariablemente de color gris, no sé por qué). Tenía en el bolsillo lo justo para vivir dos semanas antes de verme obligado a claudicar en mi aventura independentista y volver a casa de mis padres; pero una noche me llamaron de las Islas Canarias para comunicarme que acababa de ganar un premio de tres millones de pesetas.
Una anécdota negativa: supe por el periódico que venía a Madrid Pere Gimferrer con quien había intercambiado algunas cartas. Fui a la Residencia de Estudiantes, donde él iba a conferenciar, y cuando llegó, me acerqué a él y le ofrecí mi mano al tiempo que le explicaba quién era yo. No pronunció más de tres o cuatro palabras (sobre todo monosílabos) y jamás me dio la mano.
De tus libros, ¿cuál de ellos te gustaría que se realizara una película? ¿Por qué? ¿Quién sería el director?
Los hijos de León Armendiaguirre porque es una novela bestial. El director debería ser un especialista en humor enérgico como Álex de la Iglesia.

Pablo González Cuesta (Pablo Gonz) es un escritor y guionista español nacido en Sevilla (1968) y radicado en Valdivia (Chile) desde el año 2001. Hasta los tres años, vivió en Sao Paulo (Brasil) y a esa edad su familia se trasladó a Barcelona, donde permaneció hasta 1976. El siguiente destino fue Madrid, donde pasó la mayor parte de su infancia y su juventud, con un lapso de casi un año (1991-1992) en Múnich (Alemania).  Tiene cinco novelas publicadas: 1996: La pasión de Octubre (novela en ed. Alba, Barcelona). 1997: Experto en silencios (novela en ed. Bitzoc, Palma de Mallorca, España). 1998: Los hijos de León Armendiaguirre (novela en ed. Planeta, Barcelona). 2008: Libertad (novela en ed. Uqbar, Santiago de Chile). 2008: Mío (novela ed. Carisma, Badajoz, España).

FACEBOOK Pablo González Cuesta
TWITTER @pablogonz68