Parisino de nacimiento (1910-2009), Willy Ronis fue contemporáneo de otros grandes fotógrafos franceses como Capa, Seymour, Cartier-Bresson y Doisneau. Es uno de los maestros de la fotografía humanista francesa que fotografiaron los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial y los años sesenta del siglo XX. Fueron años irrepetibles, años de conflictos y ganas de vivir. Su objetivo tiene siempre debilidad por las clases populares. A lo largo de su vida, alternó todos los géneros, desde el retrato al paisaje, desde el  desnudo hasta la fotografía industrial, pero siempre desde la perpectiva de lo inmediato y no construido. “Toda mi atención se centra en ese momento único, casi demasiado bello para ser cierto, que sólo puede desvanecerse en el instante siguiente y que provoca una emoción imposible de obtener con los artificios de una puesta en escena”, dijo. Esta es la razón por la que rompió con la agencia Rapho, ya que no podía soportar la censura que inflingía a  sus imágenes con pies  de fotos inocuos e imágenes recortadas. Dijo que su maestro era Brueghel, pero también Bach por la construcción y el contrapunto…. y en  sus fotos parece divertirse rehaciendo las pinturas de Brueghel, sino también por la idea de clasicismo y a veces de perfección que sus fotografías consiguen transmitir. También fotografió a su familia. Una de sus famosas imágenes es el de su mujer retratada mientras se lavaba la cara en un lavabo. En otro fotografía a su hijo jugando con un avión en el jardín de su casa en el sur de Francia. Ronis fue también el primer fotógrafo que realizó reportajes de los barrios populares de París y que, con el paso del tiempo, son el testimonio de algo que ya no existe y que sólo por eso justifica  su trabajo como testigo de un tiempo perdido.