Bob Dylan. Foto de John Shearer

“Desde Homero al rock. Cuando la literatura encuentra la canción” es un ensayo que nos habla  de la relación que se ha producido a lo largo del  tiempo entre la música y la literatura. Una obra que sin ser enciclopédica, pues sería inabarcable llevar la contabilidad exacta de estos viajes de ida y vuelta, enseña de forma amena la confluencia que existe entre ambos desde la antigüedad, como lo demuestran los versos de Homero, que inicialmente fueron cantados.

Escribir este libro exigía conocimientos enciclópedicos sobre autores y músicas diversas, y tal vez por esta razón han sumado esfuerzos dos escritores, cada uno especializado en un campo diferente. Si Marco Zoppas se ocupa de la parte anglosajona en la que es un especialista reconocido,  pues llegó a preveer la concesión del premio Nobel de literatura a Bob Dylan por las letras de sus canciones, y al que dedicó el libro Ballando con Mr D. (Book Time 2016), Maurizio Stefanini, es un periodista italiano con un amplio conocimiento musical y experiencia en el mundo español y latinoamericano. (Leer entrevista adjunta)

Zoppas y Stefanini tocan todos los palos. El primero ha escrito los capitulos crítico-literarios, en especial lo referente a la música norteamericana y el rock. Stefanini las partes más enciclopédicas, musicólogas y lo que es más música popular y folk. Todo ello sin descartar un trabajo conjunto. Como nos explica Stefanini, “cuando yo escribí de Eurialo y Niso él me recordó que también Bob Dylan había citato a Virgilio. Y otras veces fui yo quien añadí la explicación técnica de tal o cual instrumento”.

Zoppas es profesor y traductor. Si Stefanini es romano de nacimiento Zoppas vive en Roma pero nació en  Treviso. Se conocieron a raiz de un artículo que escribió Stafanini en Il Fogliosobre el libro antes mencionado de Zoppas sobre Bob Dylan. “De hecho, Bob Dylan es nuestro punto de unión,  pero Zoppas escribe sobre él como si fuese un cantante de rock, y yo como un cantante de folk”.

Pero gracias a los conocimientos de Stefanini sobre el mundo hispano en  general, este libro no habla solo del rock anglosajón y la canción italiana, sino que explica con conocimiento de causa los textos y canciones latinoamericanas.

Stefanini empieza explicando el origen de la  canción “Guantenamera” y sus diversos percances y versiones, para seguir con la música cubana, analizar las implicaciones musicales de Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante, y deslizarse hacia el inevitable realismo mágico. Una defición inventada por el crítico de arte Franz Roh, que emplearon en el terreno literario Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier, aunque popularizó Gabriel García Márquez. También conocemos distintos músicos cubanos y la importancia de la música haitiana en el rico folklore cubano. Descubrimos que el cinquillo, una música de cinco movimientos, es la antecesora de los bailes latinos modernos.

Stefanini recuerda la influencia de los movimientos revolucionarios latinoamericanos en la música delos años setenta del siglo  pasado, en los que destacó la Nueva Canción chilena,  como los Inti-Illimani, Quilapayún, Violeta Parra o Víctor Jara, para regresar al folklore latinoamericano y terminar con la cantante colombiana Shakira de quien García Márquez  fue un ferviente admirador.

En este largo camino se recogen textos que han inspirado canciones y viceversa sin olvidarnos del tango, ese pensamiento triste que se baila, según  la definición de Enrique Santos Discépolo, autor de las letras de los tangos más  conocidos como recuerda  Stefanini. De la mano del tango aparece Borges que no soportaba a Gardel, y se cuela Arturo Pérez-Reverte con su novela El tango de la guardia vieja.

Curiosidades sobre el origen de la palabra tango, padre de la habanera y primo de la milonga uruguaya o los corridos mexicanos que nos sirve para introducir la música mexicana.

Pero mas allá de nombres y relaciones, lo que este ensayo nos confirma es que los letristas de las canciones de rock han entrado de lleno en la literatura como nos recuerda el premio Nobel entregado a Bob Dylan. Pero hay muchos cantantes y compositores que merecen entrar en el panteón del premio Nobel de literatura, aunque ahora deberán esperar un  poco más, pues de momento se ha suspendido por cuestiones de acoso sexual, un mal del que no parece librarse ni la Academia sueca.

Entretanto, nos quedamos cerca de casa para confirmar que en todas las lenguas y épocas el mestizaje entre música y literatura es amplio y duradero. Se  me ocurre, sin ir mas lejos, el último disco del cantante español Miguel Poveda, “Enlorquecido” sobre poemas de Federico García Lorca, que también tiene su sitio en el libro de Zoppas y Stefanini, y publicado el pasado 18 de mayo.

Preguntamos a Maurizio Stefanini para saber más del ensayo que ha escrito

¿Qué conocimientos musicales tienes? 

No tengo estudios musicales pero toco diferentes instrumentos. Los aprendí como un autodidacta, pero un par de ellos también los he perfeccionado. Puedo leer música y también tengo unas nociones de armonía. Tengo algunas características típicas del jugador “tradicional”, en el sentido de que prefiero encontrar las melodías y los arreglos de oído, y aprender las piezas de memoria en lugar de leerlas. Sin embargo, repito, puedo leer música e incluso tocar en primera lectura. Además, siendo aficionado a la etnomusicología desde que tenía 14 años tengo en casa muchisimos discos, libros y partituras a través de los cuales también aprendí muchos datos de musicología. En particular, el hecho de tocar diferentes instrumentos, incluso si de forma aproximada, empíricamente ayuda a comprender la dependencia de la música desde el soporte con el que se realiza. Por ejemplo, en los instrumentos de teclado es más espontáneo tocar en do mayor o en la menor, porque de esta manera no tienes la dificultad de las teclas negras: más difíciles porque son más estrechas. Además, un instrumento como el acordeón, con el sistema Stradella aplicado a los bajos, lo lleva automáticamente a favorecer el giro armónico tónica-dominante-subdominante, que es tipico del folklore europeo. A la izquierda, por ejemplo, arriba de los botones del do tienes los del sol, y abajo los del fa. Pero si cambias a una guitarra, ese giro armónico no es fácil, porque el fa mayor requiere la técnica de barré. Entonces, o en lugar de do mayor, usa sol, re, la o mi, que no requieren barré. O reemplaza el fa con el la menor y el re menor, con un giro armónico que, de hecho, es típico de las canciones compuestas para la guitarra.

¿Te gusta mas leer o escuchar música? 

Es como preguntar si te gusta comer, beber o dormir. Son cosas todas agradables. Obviamente haciendo profesionalmente de periodista y no de músico, paso más tiempo leyendo que escuchando música. Pero intento tocar un instrumentopor lo menos 10 e 20 minutos todos los días. Por otro lado, a veces me gusta combinar las dos cosas. Me gustan mucho los libros sobre música, y desde que aprendí a tocar me surgió espontáneamente la idea de adaptar melodías a los poemas que me gustaban, o incluso componer canciones cuyos versos “contaban” obras literarias. Esto de combinar música y literatura continuó intrigandome, y continué buscando y catalogando material de este tipo. Finalmente, con un amigo decidimos escribir un libro.

¿Qué instrumento sabes tocar?

El primer instrumento que aprendí fue una flauta dulce cuando tenía 13 años: me enseñaron en la escuela secundaria. Pero tenía posibildades limitadas, y en particular no podía tocar Guantanamera. Es una melodía particular, en do mayor comienza con un fácil fa-la-la-la-la, pero luego cae por debajo del Do, que es la nota más baja disponible. En casa había un viejo acordeón de piano que mi padre había intentado aprender hace veinte años, sin tener tiempo. Un día, cuando tenía unos quince años, logré completar Guantanamera con la mano derecha del acordeón. Luego vi el método que tenía mi padre, y comenzé a profundizar. Estudié como autodidacta durante tres años, luego para profundizar aún más fui a una escuela popular durante cuatro años. Cuando estaba haciendo el servicio militar encontré un soldado que trabajaba en una tienda de música, y a través de él conseguí una guitarra y un método. A los 25 años comencé con la guitarra. A los 27 años, durante un viaje a Chile, compré un charango, siempre con un método. Y en un momento dado me convertí en un comprador compulsivo de instrumentos musicales y métodos. Tengo dos acordeones a piano en la casa principal y dos en una casa de campo. Es mi principal instrumento: con eso busco melodías y acompañamientos. También tengo cuatro guitarras, cuatro armónicas diatónicos, un piano, un acordeón (tipo italiano de melodeón o acordeón diatónico). Un charango. Una armónica cromática. Una gaita escocesa. Una gaita Molisana,. Una ciaramella (oboe popular del sur de Italia). Una ocarina. Cuatro flautas dulces, dos flautas de pan. Estas los toco peor, pero algo hago. Luego hay algunos instrumentos africanos y árabes que no sé tocar y algunas percusiones. En casa también tenemos un saxofón y un clarinete, pero son de uno de mis hijos.

¿Por qué conoces tan bien Latinoamérica? 

Mi mujer es colombiana, de padre colombiano y madre venezolana. Pero cuando la conocí ya me había especializado en Latinoamérica come periodista.  Me interesabán los procesos de transición a la democracia, a partir de una tesis que hice sobre la Resistencia italiana. Empecé a ocuparme de Europa del Este, Latinoamérica, África y Asia, y como explico en el libro, entendí que Latinoamérica es la gran área de transición y mediación entre Occidente y Tercer Mundo. Desde entonces comencé a estudiarlo en varios niveles

Musicalmente hablando, y para quedarnos en el continente, ¿te gusta mas el tango o la salsa y sus variantes?

Se tocar con el acordeón más tangos (clasicos) que salsas. La Cumparsita, El choclo, Adios Muchachos, A media luz… Pero el tango me gusta más tocarlo que escucharlo. De verdad me gusta más la musica andina, por mi mujer conocí bien la cumbia y el vallenato, pero todos los géneros son importantes. Y tengo muchos clásicos latinoamericanos en mi repertorio de acordeonista. El manisero, La bamba, Sopa de caracol, La colegiala, Llorando se fué, Mi palomita, Brasil, Mulher rendeira, El condor pasa, A banda, Guantanamera, Alma llanera…

Fuera de él, ¿folk o rock? (u otro tipo de música). ¿Por qué?

No soy un particular aficionado del rock. Es el otro autor el experto en materia: hubo un poco de  complementariedad. El tocar instrumentos me enseñó a amar también la musica clasica y lirica: tengo en repertorio cosas de Verdi, Mozart, Strauss, Beethoven… La etnomusicologia me enseñó que cada canción puede  estudiarse en su contexto histórico y como testigo de la historia. Una cosa que me interesa más son las canciones relacionadas con la historia. Sé de memoria una gran cantidad de canciones de la Primera Guerra Mundial, de la Guerra Civil Americana, de la Revolución Francesa, del Resurgimiento italiano, de la Revolución Americana, y también de la Guerra Civil Española. De ambos lados. En Madrid, una vez me hize un tour turístico personalizado utilizando como guía los lugares mencionados en la canción Los cuatro generales, que sé de memoria: la Casa de Velázquez, la Casa de Campo y el Manzanares, Puente de los Franceses … De hecho, encontré muchas cosas …

¿Qué canción o pieza musical conjuga mejor con qué libro?

Más que libros tenemos que hablar de obras. Bien, la canción de origen literaria más famosa es probablemente Guantanamera. Obviamente en la versión con los versos sencillos de José Martí, que como explico en mi libro non es la originaria, pero es la que se impuso. El Salmo 137 de la Biblia es la obra que tuvo más adaptaciones musicales: las más famosas  son la de Pierluigi da Palestrina en latin, Va Pensiero de Verdi en italiano y Rivers of Babylon en inglés. El libro más musical es quizás ¡Que viva la musica! de Andrés Caicedo, sobre las origines de la salsa. En italiano aconsejo dos trasposiciones de versos de la Divina Commedia: una de Angelo Branduardi, y otra de Francesco De Gregori y Ambrogio Sparagna. Permiten de entender toda una musicalidad que a menudo en las traducciones se pierde. En español hay estas relacciones Borges-Tango, Gabriel Garcia Márquez – vallenato, Carpentier-musica cubana y Pablo Neruda-Nueva Canción Chilena, aún se el Canto General tiene una importante transposición de Theodorakis. En España hablé de la relación de Arturo Pérez Reverte con el tango y narcocorridos y del trabajo etnomusicologico de Federico García Lorca. Pero mi libro son más de 300 hojas. Hay verdaderamente muchísimas cosas.

 

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