Anónimo. Antígona, 1530

Hablar de Antígona, el
célebre/trágico personaje de Sófocles, es hablar de una multiplicidad de
temas, y no solo temas, sino símbolos, entendiendo por símbolo una figura
abstracta que representa una realidad y a su vez precursora de nuevos
paradigmas. Antígona se vale por sí misma como figura relevante de la
literatura, no solo entre los clásicos griegos, sino de la literatura universal
y de las artes todas.

Si bien autosuficiente en fama, ha
aumentado su valor y peso a través de los diversos pensadores, filósofos,
escritores y poetas que la han utilizado (a ella o a su figura subjetiva) como
referencia y le permite gozar una añadidura, a saber, el ser descubierta en
otras orillas, en otras fronteras, en otras gamas, quizás no contempladas por
Sófocles: entre ellos se alinean Hegel ([Antígona] apela a la ley de
los dioses; pero los dioses que ella venera son los dioses inferiores del
Hades, los interiores del sentimiento, del amor, de la sangre, no los dioses
diurnos del pueblo libre, consciente de sí, y de la vida del Estado
), Kierkegaard
(No conoce a hombre alguno, y, sin embargo, es novia (…). Así es como
nuestra Antígona es novia del sufrimiento
), Lacan (El bien no
podría reinar sobre todo, sin que aparezca un exceso de cuyas fatales
consecuencias ella nos advierte
), Goethe, García Márquez, Freud,
Nietzsche, Foucault, etc.
Si hay algo que destacar es que sus
atributos más admirables han generado tan grandes desajustes (sociales,
políticos, estéticos) que los efectos se perciben aún hoy, a más de 2.500 años
de su aparición literaria.
Lytras Nikiforos. Antígona y Polinices.
Entre tantas cosas que Antígona
personifica, una de ellas es la de una mujer lanzada contra el poder de los
hombres
. Hombres, política, gobierno, polis.
¿Acaso detesta las leyes que enmarcan a toda una sociedad, leyes que le han
dado identidad milenaria a todo un sistema de ordenamiento? La respuesta
necesaria sería la de una creencia a otro tipo de legislaciones, a estatutos no
humanos que merecen más respeto, admiración y temor que la esbozada por los
filósofos, políticos y sabios de Grecia. ¿Acaso debía dejar a su hermano
abandonado en los brazos del Hades, sin monedas en los ojos para pagar
al barquero y sin poder navegar el río Estigia? ¿Acaso su hermano debía
ser el hazmerreír del inframundo? ¿Y su cuerpo debía ser dejado a las afueras
de la ciudad al arbitrio, como una mesa servida con manjares, de los cuervos y
los perros? La no sepultura de Polinices era una deshonra demasiada
pesada, cansina y miserable. ¡Cómo no rebelarse! ¡Qué mejor momento para
abandonar la prudencia, aquella que es tan celosa que al perderla siempre se
encuentra la muerte! Sí, ella considera la honra a los muertos y a los dioses
razón suficiente para desobedecer a Creonte; su perspicaz razonamiento
es que el tiempo de nuestro paso por el mundo de los vivos es infinitamente
menor (imperceptible, invisible, atómico) en relación al tiempo (medido en
eones, en años cosmológicos) que habitaremos el más allá.
Así, en un solo acto de rebeldía,
Antígona puso el fundamento para las mujeres de esta sociedad posmoderna
occidental
, que, sin quebrantar las leyes, pero sí reformulándolas y
participando en actividades que se consideraban patriarcales, y a su vez, sin
diluir las diferencias que distinguen a un género del otro y en dónde hallamos
riqueza y belleza, se sitúan como líderes en tantísimos campos que,
tiempo atrás, eran inimaginables. La concesión del hombre, en este caso, es
inexistente, pues no se puede ceder algo que por naturaleza no posee dueño: el
poder de ser y hacer
.
Y, por otro lado, la miseria. La
miseria y la tragedia. La tragedia como categoría estética.
La existencia del bien y del mal, lo
eterno y lo efímero, lo bello y lo grotesco, lo espiritual y lo terrenal, el
cuerpo y el alma, lo trágico y lo cómico, ¿cuáles sus significados, cuáles sus
implicancias?, ¿cuáles las fronteras que separan tan distantes y a la vez, tan
cercanas valoraciones?, ¿puede el mal tener una benévola, aunque sesgada
apariencia?, ¿puede la finitud del ser trascender el tiempo?, ¿hasta qué punto
el amor encuentra su contracara en el odio en vez de en el olvido? Cuestiones
inherentes al hombre, de afanosa respuesta, a veces encontradas en el arte.
La maldición acosa a la familia de
Antígona desde que su padre Edipo tuviera relaciones incestuosas con Yocasta
(en realidad la maldición es previa a ese episodio, cuando Edipo mata a Layo
–su padre-, Yocasta se suicida y Edipo se ciega a sí mismo y parte al
destierro), pasando por la muerte de sus hermanos -cada uno asesinado por la
mano del otro-, finalizando por una sepultura viva, -la de Antígona- malograda
por su ahorcamiento, que da pie a un espectáculo de suicidios que incluye los
de Hemón y Eurídice. Sin embargo, si hay algo que la tragedia nos
ha enseñado es que ante tanta desdicha y desazón, nada hay peor que estar vivo:
esa es la condena que le toca asumir a Creonte, la culpa de haber privilegiado
el poder por sobre la familia y los valores religiosos.
Los pueblos antiguos consideraban la
belleza como la primera categoría estética, sumiéndola a un grado que
hoy se considera vano y estúpido (aunque en ciertos pensamientos retrógrados
parece prevalecer), que es emparentar lo bello con lo bueno. Sin descartarlo
planteo un terrible inconveniente, ¿qué es bello y para quiénes? Santo Tomás
dirá que lo bello es lo que place a la vista. ¿Y qué es aquello que
place a la vista de todos, en todas las épocas y culturas? No existe tal cosa,
porque el primer principio del concepto de belleza
es la subjetividad.
Tras siglos y siglos de realización
artística en todos los campos, las puertas de la percepción se abren,
permitiendo el ingreso de nuevas teorías estéticas. La fealdad, no
admitida por los griegos, cumplirá un papel determinante en el devenir de la
pintura (Rembrandt, Goya), la literatura (Víctor Hugo,
dándole vida al jorobado de Notre-Dame), etc.  Así, lo sublime tendrá su lugar, lo
cómico, lo grotesco y otras corrientes más cercanas a nuestro tiempo como lo naif o lo kitsch y movimientos impensados que solo el siglo XX con su
cinismo y esperpento podían acoger, como el fauvismo, el cubismo, el dadaísmo, o
el arte pop.
Antígona por la Compañía de Teatro Físico de Yamil Ostrovski
Lo que nos lleva a pensar Antígona
es en la tragedia como una contradicción
de lo estético
. ¿Cómo llegar al placer desde la desdicha? ¿Cómo, cuando el
destino no otorga otra cosa, más que un sufrimiento que no cesa sino hasta el
mismísimo estertor? La tragedia afecta de tal modo que el espectador o el
lector será partícipe de un fenómeno liberador, purificador, una catarsis de
carga pasional. Solo el arte puede lograr tal efecto, así de misterioso como
divino. Si la tragedia lo logra, es arte. Y Antígona es el mayor
exponente de la tragedia.
No podemos asegurar que todo lo que
vino después en materia trágica haya sido por directa influencia de esta obra,
pero es una traición al sentido común no señalar que allanó el camino para los Shakespeare
(Romeo y Julieta), Voltaire (Zaïre, La muerte de César), Lope
de Vega
(Fuenteovejuna, La dama boba), Bioy Casares (El
sueño de los héroes
) o a estilos tan lejanos en tiempo, lugar e
idiosincrasia como el tango, cuyas letras suelen referirse en muchos
casos a abandonos, despechos, traiciones y muerte en la noche porteña.
Antígona es la personificación del
amor fraternal, del respeto a las leyes naturales, de la estética afirmada
desde la tragedia, de la mujer nueva; pero sobre todo, es el símbolo de la
lucha constante
ante factores inmateriales (el destino) y materiales (las
leyes humanas) que, aunque suelen superarnos en fuerzas, vigor y resistencia,
permiten al luchador trascender el universo conformado extrínsecamente para él
y legitimar el propio individualismo con el basamento del amor y lealtad
absoluta.
Esquema de Antígona