SERGIO
FOMBONA

 

Joaquín Sabina


Desde la vereda se
alcanzaba a visualizar casi la totalidad del local a través de su fachada
vidriada. Aquel espacio se había puesto de moda rápidamente y contaba con
escasas mesas, una larga barra contrapuesta a la calle. 

Recuerdo haber llegado
temprano porque la pareja de chicos flacos encargada de cobrar las
consumiciones, que se alternaría durante toda la noche sentándose uno sobre el
otro en ese mismo taburete, me atendió enseguida. Pedí ginebra sin hielo, así
que seguramente era invierno o por lo menos hacía frío, y me quedé acodado en
la barra porque estaba esperando a una chica. Al rato vi entrar a un tipo
flaco, cuarentón, con la cara pálida afeitada al ras, un pucho colgando de la
boca; el corte de pelo, su ropa, la actitud indicaban que debía de ser
extranjero. Miró alrededor y, eligiendo el lugar, se sentó de espaldas a la
calle. Tanto para mí, como creo que para los demás, se transformó en un imán.
Prendió otro cigarrillo dejando el atado junto a un llamativo encendedor en la
mesa y ordenó whisky importado, haciendo gala de un inconfundible acento
castizo. Escuché que cuando lo sirvieron preguntó dónde quedaba el excusado, y
estuvo observador y pensativo sin hablar con nadie. Después de beber dos
whiskies, fumar varios cigarrillos, ya había ido por lo menos tres veces al
baño. Curiosamente, recordé que un conocido de la noche justo me había
comentado acerca de un cantante enronquecido, catalogándolo como el nuevo
Serrat, a partir de que cayeran en sus manos ciertos casetes que venían
circulando de manera clandestina hacía algunos años. Y en las últimas semanas
trascendió la noticia de que el cantautor iba a arribar por primera vez a
Buenos Aires en el marco de una gira promocional. Con tanta información me asaltó
la duda, aunque la ciudad recibía regularmente cantidad de turistas y
empresarios, qué clase de tipo se metería solo, sin conocer, a un tugurio como
este, pensé.

Despacio fue llenándose el bar
Bolivia, a mí se me había terminado la ginebra y ni noticias de la chica que
esperaba. En una de las tantas incursiones del personaje hacia el baño decidí
ir tras él. Caminaba a los saltos, me cerró la puerta en la cara y se metió en
un retrete. Yo fui hasta los mingitorios, oriné, después hacia la pileta, me
enjaboné bien dejando que corriese agua caliente y aproveché para mirarme un
rato al espejo, pero el personaje no salía. Secándome, tardé todo el tiempo que
pude; por fin lo oí tirar la cadena y cuando abrió me di vuelta, no supe
dominarme y le miré la nariz. Joaquín Sabina, para servirte, dijo
sonriendo, extendiéndome su mano. Salimos juntos. Me invitó a sentarme en su
mesa: Qué bebes, ofreció. Cerveza, gracias, repenticé. Alzó el brazo de
manera animada y pidió: un botellín para el muchacho. En ningún momento
la charla fue interesante para mí porque siempre la manejó él, me preguntó
sobre cosas puntuales de la Argentina en general y le importaba mucho la
idiosincrasia de los porteños, según sus propios dichos, después de haber leído
a Borges.

La chica que esperaba nunca
apareció, tampoco recuerdo a qué boliche terminé yendo; Sabina, a la vuelta de
otra de sus idas y venidas, hizo una seña, pagó y, afirmándome: sigo de
ronda, hasta pronto
, me dejó sentado en aquella mesa privilegiada con vista
panorámica hacia la vereda, donde se continuaba amontonando gente.

La chica que esperaba nunca
apareció, tampoco recuerdo a qué boliche terminé yendo; Sabina, a la vuelta de
otra de sus idas y venidas, hizo una seña, pagó y, afirmándome: sigo de
ronda, hasta pronto
, me dejó sentado en aquella mesa privilegiada con vista
panorámica hacia la vereda, donde se continuaba amontonando gente.

 

Concierto de Joaquín Sabina en Buenos Aires

Crónica
perteneciente al libro: “Aguafuertes de
los ochentas”
, textos intrusos, 2014.

Sergio Fombona nació en Lomas de Zamora, provincia
de Buenos Aires, República Argentina. Relatos y artículos de su autoría
aparecen en antologías, revistas literarias y alternativas de la Argentina, así
como en publicaciones por Internet. Libros editados: “La
vida muerde”, cuentos, 2004. “El Mayor y las perlas”,
novela, 2008. “Aguafuertes de los ochentas”, crónicas, 2014.