El escritor, guionista y
director de cine Juan Manuel Candal nació en Buenos Aires en
1976. (…)


Estudió en la FUC (Fundación Universidad del Cine) en la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires. Publicó el blog
“Diarios platenses” y los libros Mundo
porno
, que rozaba sexualidad y filmaciones detrás de la escena;
Yo r
obé tu nombre, o
historias para coleccionar y tener en la mesita de noche; el ebook Rosas para Stalin, con ensayos,
anotaciones sueltas y literatura, música y filosofía; y Boutade,
entre otros. Estos dos últimos años estuvo trabajando en su nuevo libro, Prisma (Llantodemudo Ediciones),
para el que supo sacar provecho de un afamado sistema de tarjetas que solía
utilizar el escritor Vladimir Nabokov.

Habiendo escrito y
publicado Mundo Porno, Yo robe tú nombre, Boutade y otros, ¿qué más te quedó en el tintero? ¿De dónde brotó
la inspiración para Prisma?
Hace poco
pensaba lo siguiente. Cada libro que se escribe (independientemente de que se
publique) de alguna forma es una caja, un ladrillo, una grabación en roca o
granito, de cómo estaba tu cabeza en ese determinado momento: qué cosas te
estaban interesando, qué estabas leyendo, cómo lo estás leyendo, qué estás
escuchando, mirando, qué ideas te deslumbran, de qué emociones te estás
alimentando. Entonces, en cierto modo, yo miro mis libros y donde vos ves Mundo Porno, yo veo “JMC 2009” (el
año en que fue escrito). Vos ves Boutade
y yo veo “JMC 2012”.
Es decir,
independientemente de las búsquedas narrativas, de la inspiración, de las
técnicas y las apuestas estéticas, cada libro es una pieza de algo mucho más
interesante, que es el mundo interior del autor, y esta no es una cuestión
narcisista, pero justamente, el autor es la suma de todas las ideas,
percepciones, obsesiones que se vuelcan en sus libros. Últimamente vengo
leyendo así a algunos autores, de forma cronológica, pensando en el continuo
más que en cada obra. Y me parece un modo válido y, además, de un interés diferente,
de un orden holístico.
De este
modo, Prisma es un poco el recorrido que yo hice con el formato
del cuento entre 2011 y 2013, y también es un recorte dentro de las cosas que
me interesan, que invariablemente gravitan alrededor de la memoria, la identidad,
la sensación de irrealidad que a veces tenemos, de las relaciones, de los
límites del lenguaje y la comunicación, todo esto atravesado por los
comportamientos sexuales.
¿Qué relación tiene
este nuevo libro con los anteriores exitosamente publicados?
Te
agradezco lo del éxito, pero en realidad, el único libro que se vendió mucho (y
se sigue vendiendo bien) es Mundo Porno.
Y ese es un dato sideral, pero a la vez, este libro es el que más encara
cuestiones directamente vinculadas a la sexualidad, así que hay un link
directo. Por otro lado, creo que en Prisma
finalmente agoté la forma del cuento dentro de lo que yo siento que soy capaz
de producir. En este libro está el mejor de mis cuentos. Mientras no se me
ocurra algo diferente para encarar un cuento (o libro de cuentos), esto será
todo. No me interesa repetirme. Quizá, la única cosa que me queda en el
tintero es escribir un libro de cuentos colaborativo, 10-12 cuentos,
cada uno escrito a cuatro manos con un colega diferente. Me gustaría hacer eso
alguna vez.
¿Con qué tipo de
escritura se seduce a los lectores contemporáneos hoy? ¿Qué quieren?
Creo que
hay que empezar por definir “lector contemporáneo”. Evidentemente, la gran
mayoría de los lectores son lectores pasivos. Es ese tipo que se compra
una novela para leer en las vacaciones, o en el aeropuerto, o porque le gustó
la película, o porque es un bestseller del que habla todo el mundo.
Luego, hay
un lector activo-pasivo, que está mucho más vinculado al ambiente
literario y se interesa por lo que pasa con la literatura joven. Pero, en mi
opinión, muchas veces se elaboran grandes alabanzas a libros mediocres que,
justamente, no son malos, pero que apelan a un mínimo común denominador: son
libros con un guiño al ambiente. Y se quedan en eso. No producen, solo
reproducen.
Finalmente,
están los lectores activos, que es gente ávida de encontrar ideas que
funcionen como disparadores de la imaginación, gente ávida de toparse con una
lucidez que los seduzca y los empuje, a través de una prosa poderosa y
magnética, a repensar y resignificar cuestiones cotidianas, pero también
universales y de todos los órdenes. Al fin y al cabo, volvemos a lo de antes:
todo libro es una sinécdoque de la mente de su autor. Lo que seduce no es un
libro, es el autor que se esconde adentro de ese libro.

Contanos sobre la
libreta negra y tus anotaciones, alguna vez leí por ahí que también hacés
diagramas.
Tengo
dos métodos, que son complementarios: una libreta negra donde anoto ideas, y
hago diagramas de novelas y cuentos (esto en una etapa previa a la escritura,
en el momento en el que algo surge). Generalmente, me da por escribir parado e
incluso caminando, porque es un proceso activo. Por eso a veces no se entiende
nada la letra y después se me complica descifrarlo. En esa libreta, además,
anoto datos curiosos que despiertan mi imaginación y que sé que en algún
momento voy a meter en algún libro. Por otro lado, uso muchas veces un sistema
de tarjetas (el famoso sistema que usaba Nabokov) para las novelas.
Ahora mismo estoy terminando una novela y tengo una tarjeta que corresponde a
cada capítulo. La ventaja del sistema de tarjetas es que te permite, de forma
tangible, ir alternando el orden del libro de forma visual.

Dime cómo fue la
experiencia que tuviste con el libro digital Rosas para Stalin. ¿Qué te da un ebook que no te de un libro
tradicional o viceversa?
Mirá, no creo que el
formato, en la mayoría de los casos, haga a la experiencia de lectura. Ahora,
con Rosas para Stalin, no solo
era un ebook, era un ebook gratuito, y eso era lo que me
interesaba: que cualquiera pudiera leer una serie de artículos, reseñas y
ensayos blandos sobre literatura, música, filosofía, etc. sin tener que pagar
por eso. ¿Por qué? Porque no soy ensayista, por empezar, entonces, ¿cómo puedo
estar seguro de que ese libro tenga algún valor? Si no sabés qué valor tiene
algo, menos vas a aceptar que el mercado le ponga, además, un precio.
Contame la verdad: ¿Mutilaste mucho el borrador
inicial de Prisma?
Yo venía armando el
volumen de cuentos desde 2013, ya sabía qué libro iba a ser. Lo que no sabía
era quién lo iba a publicar, pero tampoco tenía apuro, sabía que en algún
momento alguien lo iba a querer. Entonces cuando apareció Llantodemudo,
fue leído como un manuscrito completo y ya trabajado. Diego Cortés, el
editor, a quien me hubiera gustado dedicarle el libro, tenía mucho más
entusiasmo que yo por el modo en que estaba estructurado. Recuerdo que a último
momento, eso sí, le agregué un cuento más. Él ya había maquetado, todo, y yo le
salí con eso. Enseguida me dijo que sí, con el entusiasmo de siempre. Yo no
sufrí con el libro, lo debe haber sufrido el pobre Diego, con esas ocurrencias
que tenía yo. Pero fue un proceso muy natural y muy fluido.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Tengo una novela que
escribí en 2014, que anda ahí, a punto de partir hacia las manos de algún
posible editor. Es una de mis novelas más sólidas, tal vez la más sólida, y me
parece que muestra mucho mejor que las anteriores qué tipo de literatura me
interesa.
Por otro lado, como te
decía, estoy terminando de escribir una nueva (que empecé allá por mediados de
2013, de a tirones) y que pienso que tiene el mérito de ser un libro único. No
hay nada muy parecido a esa novela
, por su estructura, su apuesta formal y
porque, si me apurás, busca revertir la idea de que un lector lee un libro:
esta es una novela que “lee” al lector, un espejo donde diferentes lectores
encontrarán diferentes imágenes y significados. Y me gustaría mucho que este
libro, por su naturaleza anárquica (pero cuidadosamente construida), pueda
salir tanto en formato físico como en edición ebook gratuita. Quiero que
lo pueda leer cualquier persona interesada aunque no tenga un peso. Ocurre que
este libro le debe tanto al mundo, se nutre tanto de información curiosa del mundo,
que me parece ridículo exigir que alguien tenga que pagar por leerlo. Y porque,
como siempre, la recompensa está en otro lado.
Juan Manuel Candal