MALCOLM LARDER

Ronald Hubbard con su medidor de la energía psíquica


El libro sobre la Cienciología y su fundador, Ronald Hubbard (1911-1986), del periodista y escritor del New Yorker Lawrence Wright deja tras su lectura una conclusión clara: sólo se puede engañar a los que desean ser engañados. También que la Cienciología intenta descubrir
una debilidad u obsesión de un posible candidato para ​​luego aprovecharse de
ello, y que Hubbard fue un mentiroso compulsivo que creó una organización para
lograr el mayor poder posible.

En la irresistible ascensión de la Cienciología tuvo
mucho que ver algo parecido a la estafa piramidal inventada por Ponzi, que devolvía
como intereses el dinero aportado por los nuevos creyentes. La diferencia es
que en lugar de dinero, se promete el bienestar mental y la felicidad, seguidos
de represalias contra los que quieren dejar la secta. Por último está el uso de
una herramientas pseudo tecnológica con el pretexto de que sirve para medir la
energía psíquica. Parecida a la máquina de la verdad su utilidad, entre
otras, consiste en que permite conocer los secretos íntimos de todos los
creyentes.

La Cienciología se presenta más como una psicoterapia que una religión, según el
manifiesto de Hubbard de 1950. Aquí nace la lucha contra la psiquiatría oficial
y el mayor fabricante de medicamentos psicotrópicos, Eli Lilly. Pero la mejor
jugada ha sido la de buscar seguidores en el mundo del cine, como los actores
Tom Cruise o John Travolta. Estos fichajes le dieron amplia publicidad y le
sirvió de barrera defensiva cuando las organizaciones federales intentaron enjuiciar
a los líderes de la Cienciología.
Lawrence Wright
De todos modos, la frontera entre sectas y
religiones es ambigua en los Estados Unidos. Las únicas condenas que el Estado ha
logrado contra este tipo de organizaciones, como en el caso de Al Capone, son
por delitos fiscales al no declarar todas las ganancias. Sin embargo la
Cienciología ha sobrevivido a los escándalos y acusaciones. Para entender la
razón de ello no es suficiente conocer a los correligionarios de la
Cienciología sino también las técnicas que emplean para engañar a los ingenuos
como se enseña en el libro de Wright. Así no dudan de aprovecharse del interés de
la gente sobre algo en un momento dado porque de este modo es más fácil
engañarla.

Muchas personas creen que se puede conocer en
profundidad la personalidad lle a través del análisis de su escritura. Si lo
llevamos a la práctica y enseñamos líneas superficiales de nuestro carácter a
través de la escritura mucha gente creerá que es posible. Pero no porque lo diga
la psicología sino porque estas personas querían creer que había alguien capaz
de hacerlo. Además la forma más eficaz en este mundo de aceptar el milagro, es
hacerlo de la mano de una falsa ciencia. Las personas ingénuas con «un
problema» pueden ser engañadas porque ignoran los límites entre los
científicos reales y los charlatanes.

La biografía de Hubbard descubre lo que todos los
que vivimos en Norteamérica sabemos. Nuestra admiración por la ciencia es
debida a que nos ha convertido en uno de los países más poderosos del planeta.
Por eso existen organizaciones como la Cienciología a la que sólo el
pensamiento crítico y la psicología experimental son capaces de hacer frente al
descubrir sus trucos y engaños.