Digo que la culpa de todo la tuvo
Baudelaire, y ello es bien cierto. La culpa de buena parte de lo que sucedió
después, fue por la grandísima influencia del poeta francés, modelo que nos
buscamos los letra-heridos cursis, inoculados por su veneno. Fue por su culpa,
por su grandísima culpa. Baudelaire nos presentó a románticos y decadentes, los
venenos, los bebedizos y los amores salvajes. Pernicioso Charles.
(La culpa fue de Baudelaire. Enrique
López Viejo)

Le
pido al melómano de Enrique López Viejo que para esta nota elija una
canción
de entre los más de 2.000 vinilos que atesora y menciona “Don’t
think twice, it’s alright”
en cualquiera de sus versiones, desde la
original de Dylan a la de Bryan Ferry
. Y, después de haber leído su libro La
culpa fue de Baudelaire
, no unas memorias al uso o el retrato de una
época -que también- sino lo que él denomina relato sentimental, me doy
cuenta de que ese tema ha sido una especie de himno en su vida. El autor parece
haber vivido sabiendo lo que quería, teniendo claro lo que NO deseaba y
escogiendo ciertos caminos sin pensarlo dos veces. En cualquier caso,
como la culpa última era del poeta francés… que le vayan a él con las
facturas.
Quienes
seguís mi firma sabéis que suelo escribir sobre viajes y esta entrada, aunque
enmarcada en el epígrafe de LIBROS, no deja de abordar un recorrido: la
trayectoria de un hombre, Enrique López Viejo (Valladolid, 1958), en el
primer cuarto de siglo de su vida, más de 25 años atravesados por la férrea
educación religiosa en una familia de provincias, por el abandono de los
estudios de piano, por los descubrimientos propios de la adolescencia, por el
ambiente politizado (los estertores de la dictadura franquista y la transición
a la democracia), por esos libros rebosantes de aventuras, por esas músicas que
abrían mentes, por esas mujeres que le apasionaban y, por qué no, por esas
drogas que hacían volar más allá de lo conocido.
Gian Lorenzo Bernini – Anima dannata

El
autor asegura que, de haber nacido en alguna gran capital, como Madrid, París
o Londres, hubiera conocido a mucha más gente y participado de un
número mayor de aventuras
y eleva a categoría de dogma ese verso de Leonard
Cohen
These frontiers are my prison (“Le partisan”)
para afirmar con rotundidad que, en su opinión, el extremo nacionalismo es
el NEOCATETISMO
.
Y
fuera de encasillar la lectura de La culpa fue de Baudelaire (El
Desvelo Ediciones, 2014)
para el público de una determinada generación,
López Viejo aclara que en esencia las inquietudes son las mismas. En su
libro afirma: Soy de los que piensan que la peor edad es la adolescente, tan
llena de dudas, con tantas ansias y tan restringido todo. No entiendo que haya
gente que quiera vivir esta etapa de la vida eternamente
. Y es inevitable
caer, por mucho que yo naciera cuando el autor andaba ya tonteando con chicas y
coqueteando con el alcohol precoz, en la remembranza de la época del instituto,
de la pubertad y primera adolescencia, de los granos y de los complejos, de los
cambios de voz en los chicos y de la menstruación en las chicas, de las miradas
furtivas y de las ansiadas charlas que jamás llegaban. Tiene razón el escritor
en que la superabundancia actual genera un ansia fatua en los
jóvenes actuales, pero no es menos cierto que algunos patrones persisten a lo
largo de los años.
El
descubrimiento de Baudelaire llenó no solo al autor sino a muchas generaciones
de la necesidad de conocer el lado oscuro, ese mundo maldito en el que,
como López Viejo escribe en su obra, los venenos (…) son dominantes,
opresores, te convierten en un siervo, independiente de lo divertidos o
placenteros que pueden ser, que lo son
. Y a todos, en mayor o menor medida,
nos sedujo ese dandi de taberna, como él lo denomina, reflejando como
nadie lo que era el spleen. Porque cuando eres adolescente, y aún
andas en el proceso de descubrimiento o simplemente no te ubicas en ningún
lugar de cuantos conoces, lo que sientes es exactamente eso: spleen. Y
nadie como el poeta francés para describirlo.
Gian Lorenzo Bernini – Anima beata 

Sería
una osadía por mi parte resumir el libro, hacer una sesuda reseña o contar con
pelos y señales sus epígrafes. Sería igualmente un error glosar la vida de
López Viejo, pues él ya lo hace maravillosamente bien (y con su estilo y su
infaltable buen humor) en esta obra. Sí mencionaré que, además de
miembro de este blog, suyos son volúmenes como Tres rusos muy
rusos
(sobre la vida de los aristócratas y anarquistas Herzen, Bakunin
y Kropotkin), Pierre Drieu La Rochelle (biografía del escritor francés)
o La vida crápula de Maurice Sachs y que recientemente publicó un
catálogo sobre el pintor Francisco Iturrino con motivo de una
retrospectiva en Bilbao.
Lo
que sí haré será concluir con unas palabras suyas, de esas que calan hondo y
que pueden servir como sinopsis no de un libro sino de toda una existencia: Tengo
mis consuelos. No estoy descontento. He podido hacer lo que me ha venido en
gana toda mi vida. El haber trabajado verdaderamente poco, como era mi
intención desde la infancia. El haber viajado mucho y navegado lo suficiente.
Reído a tope, lo que yo creo que me ha mantenido la salud mental que creo
tener. El haber leído y querer leer más, el escribir lo justo y querer hacerlo
más, ahora que el tiempo escasea. De todo me siento orgulloso.
Para
cualquier requerimiento, ya saben… Baudelaire.

Charles Baudelaire

El
lunes 15 de diciembre se presentará en el Ateneo de Santander, con la presencia
del autor.