Generacionalmente,
Ramón Buenaventura (Tánger, 1940) pertenece a lo que yo denomino “los hermanos
mayores”. Hermanos mayores porque nos llevan ventaja en años y en esa sabiduría
vital
que adquirieron a lo largo de sus vidas. Debido a la época que les tocó
vivir, fueron gente que, en muchos casos, al intentar ponerse en pie se
rompieron la cabeza con un techo que era demasiado bajo para cualquier espíritu
inquieto y rebelde.



Ramón
Buenaventura
puso muchas de sus inquietudes en la literatura y, fruto de sus
correrías por estos campos son sus diversas obras como  poeta, narrador, traductor (para quien desee
enterarse algo de su faceta de traductor puede leer su divertido e instructivo
“diario de una traducción” sobre The
Corrections
de Jonathan Franzen  
http://www.rbuenaventura.com/Diariotrad.pdf) y editor, por resumirlo de
algún modo. Todo el que haya transitado por esos lares en los últimos decenios
se habrá topado con Ramón Buenaventura y, según la hora del día o de la noche, te
habrá recomendado el último libro aparecido en la editorial de una universidad norteamericana o
compartido una copa.
Como
hombre de mil saberes, recuerdo que fue uno de los primeros en emplear internet
y hablar de las bondades de la red, cuando cada descarga en la recién nacida web
significaba armarse de paciencia y tiempo, pero como le hemos traído a este
blog a propósito de la publicación de su última novela, NWTY, sólo un apunte más. Ramón es el autor de otra gran novela
titulada El año que viene en Tánger y que ahora puede descargarse gratis desde su blog lo
que animo a hacerlo, pues es una de las mejores novelas de los años noventa.

¿Y NWTY qué? Si ustedes
buscan una novela divertida y cervantina en el sentido en el que las historias
y los personajes aparecen y desaparecen y todo se pone en solfa, no por un
concepto gratuito sino porque el punto de vista es múltiple, y en la que nos
topamos con personajes tan atractivos como un trío incestuoso a través de los
últimos 50 años de la vida de este país, léanla. En definitiva, NWTY es una
novela escrita con la sabiduría narrativa del hermano mayor que sabe más que nosotros,
aunque sólo sea porque mientras estábamos todavía con la mano en la pelota él
la tenía ocupada con un libro y su novia y media.

¿El pasar de ejecutivo de una multinacional a poeta en
paro, fue un espejismo de un tiempo que lo permitía o la inconsciencia de la
media juventud?

Una combinación de ambos factores. La coyuntura
social era optimista y, por tanto, animaba al riesgo, o hacía el cambio mucho
menos temible de lo que ahora nos parece. Y a los cuarenta años aún queda
tiempo para creer en el futuro. Ahora, mirando hacia atrás, puede verse que la
decisión no fue un error, aunque implicara momentos difíciles… De este traspaso,
por otra parte, hace tantísimo tiempo ya que apenas lo recuerdo, apenas me
recuerdo tomando ninguna decisión.
¿En qué tradición literaria se te puede encuadrar?

El verbo « encuadrar » me obliga a rechazar
la pregunta : no me siento encuadrado en ninguna tradición ; digamos que la
libertad creativa consiste precisamente en ir tomando lo que momentáneamente
nos conviene de cada tradición, lo cual exige, eso sí, conocerlas. No es la
tradición, siempre elástica y diversa, lo que priva de libertad a los
creadores, sino la falta de conocimiento. Mal puede uno manejar las
herramientas del oficio si ni siquiera conoce su existencia.
El analista puede detectar las tradiciones presentes o
activas en una determinada obra literaria, pero que estén ahí no significa que
el autor las haya tenido en cuenta. Ni siquiera que las conozca bien. Creo que nadie
ha estudiado a fondo el fenómeno de las influencias indirectas, de cómo un
autor puede dar la impresión de estar influido por una maestro al que no ha
leído… En clase solía decirles a los alumnos, sin explicárselo demasiado
—porque no tiene explicación—, que en un solo buen libro puede estar contenida
toda la tradición literaria.
De tu amplia y larga trayectoria en el mundo de las
letras, ¿qué similitudes hay entre la poesía, la novela y la traducción?

La poesía y la novela son expresiones creativas,
manipulaciones artísticas de la experiencia ; la traducción es un delicado
ejercicio de mimesis que funciona mejor cuando el traductor aporta entusiasmo (
lo cual la hace coincidir con la poesía, al menos en su concepción platónica ;
teniendo en cuenta lo poco que se cobra, vienen ganas de hacer una broma : la
traducción es una forma de poesía pura ).

¿Libro de papel o libro digital?

No se excluyen.
Nadie sabe cómo será ni cuánto durará el traslado de
la letra impresa desde el papel al soporte virtual. Ni siquiera es seguro que
el traslado llegue a producirse tal como está empezando ahora, porque podría
ocurrir un nuevo cambio técnico que alterara por completo el proceso… Son
momentos muy malos para los profetas. Y no solo en lo literario, sino en todos
los ámbitos de la existencia.
No tengo la impresión de que nadie tenga el menor
barrunto de lo que va a ocurrir en los próximos diez o veinte años.

¿Cuántos libros lees al año?

Nunca los he contado. Voy leyendo, sin solución de
continuidad, a veces dos o tres o cuatro títulos en alternancia. El total anual
dependerá de muchos factores. Hay libros de mil páginas y libros de cien. Hay
libros que se leen muy de prisa y libros que se leen despacito. En general, yo
soy de lectura rápida.
Antes nunca dejaba un libro sin terminar. Ahora sí.
Con los años se le cría a uno cierta tendencia a la desesperanza en la lectura.
Y el trabajo en una editorial hace que muchas ilusiones de lector se desmoronen
: existe el texto malo, imposible, insalvable, por mejor voluntad que le ponga
uno.
Y existe el texto incompatible. Reconozco que yo
padezco incompatibilidad de lector con autores que la mayor parte de los
entendidos consideran magistrales y que, por consiguiente, lo son ( al fin y el
cabo, el canon literario es una forma de jurisprudencia mayoritaria ). He hecho
cuatro o cinco intentos de leer Moby Dick, por ejemplo, y nunca pasé de
la página cincuenta y tantos. No puedo con casi nada ruso. Proust está muy bien
página a página, pero así, seguidito, se me cae de las manos. O, por mencionar
algo más reciente : la alabadísima House of Leaves, Casa de hojas, de Mark Z. Danielewski, publicada ahora en español, me pareció un
camelo sin gracia y aburrido, tras haber hecho que me la sirviera Amazon,
recién publicada en inglés. Etcétera ( largo etcétera, conste ). A
cambio, soy seguramente uno de los pocos seres vivos que se ha leído, pero
leído de verdad, el Finnegans Wake de Joyce. Puede hacerse. Es un
proceso hipnótico.
No solemos dar su verdadera importancia a la
subjetividad en la apreciación de una obra de arte.
¿Cuál es el criterio
de selección?

El azar y la necesidad. No, no tengo ningún criterio
de selección. ¿ Alguien lo tiene ? Quizá los profesionales de la
lectura, los profesores y los críticos. Los demás leemos lo que nos cae en las
manos y nos promete gratificación. Antes, cuando iba a las librerías, tenía una
fe muy fuerte en la serendipia : los libros me sonreían desde los anaqueles y
yo me los llevaba a casa y les daba cobijo y oportunidad de ser ( ningún libro
es mientras no se lee ). Eran otros tiempos, claro. Entrabas en una librería y
salías al cabo de un buen rato con ocho o diez o quince libros a cuestas.

De aquel Madrid
nocturno de los años sesenta y setenta que tan bien conociste, ¿qué local o hecho
prevalece en tu memoria?

Hombre, para nosotros, los denostados progres,
el local por excelencia, antes, durante e inmediatamente después de la muerte
de Franco, fue el Pub de Santa Bárbara, ahora ya en ruinas. Allí empezaban las
noches, allí nos congregábamos. Luego, cuando Mario se empeñaba en cerrar el
pub, unos cuantos nos pasábamos a El Junco ( que aún existe con ese nombre, convertido
en no sé qué, quizá un karaoke ), hasta altas horas de la madrugada. Entonces
no había controles de alcoholemia ni grandes dificultades para plantar el coche
encima de la acera. Al cabo de los años se fueron produciendo desplazamientos.
Boccaccio, Oliver. Sitios de corta duración, como El Universal, La Oveja Negra…
Pero los setenta ocurrieron sobre todo en el Pub…
¿Crees que el uso de las redes
sociales ha quitado tiempo a la lectura?

Hay muy pocas horas al día que el no profesional del
ramo puede dedicar a la lectura. La pelea comercial por ocupar esas horas viene
siendo durísima desde hace mucho tiempo. Si estás en el cine, en el teatro,
tomando una copa, viendo un partido de fútbol, haciendo senderismo, aprendiendo
punto de cruz, echando una partidita de Assassin’s Creed… no estás
leyendo. Si estás en internet a lo mejor si estás leyendo, en cambio… En
realidad, los grandes « enemigos » de la lectura son los relatos
filmados, los relatos apoyados en la imagen, vengan en el soporte que vengan.
Ojo : digo enemigos de la lectura, no de la creatividad humana, claro.  
¿Escribir es
imaginación o experiencia?

 No creo que sin experiencia haya imaginación posible,
aunque también soy consciente de que muchos escritores basan su imaginación en
la imaginación ajena, es decir en lo
que escriben o filman los demás. Borges podría ser un ejemplo extremo de ese
reciclaje. Pero todos manejamos una mezcla de ambos tipos de experiencia, y no
solo para crear o imaginar, sino para vivir y convivir.

¿Qué importancia
tiene Tánger en tu vida y obra?

En mi vida, casi ninguna, a estas alturas : salí de
allí con dieciocho años y he vuelto muy pocas veces, nunca más allá de unos
cuantos días. Pero, claro, el lugar en que uno se cría puede determinar el modo
en que uno crece, madura, envejece, más adelante. No sé. Son cosas que no
someto a análisis, porque no conviene remover el magma primigenio, la materia
básica que uno utiliza para vivir y para inventar.
O, dicho de un modo más irreflexivo : es mi tierra.
¿Cuál es el nexo de
unión entre León Aulaga, Tánger y Ramón Buenaventura?

León Aulaga nació en Tánger. Ramón Buenaventura nació
en Tánger. Tánger nació en Tánger. Digo yo. 

¿Por qué has titulado NWTY No
Working Title Yet
 tu última novela?

Se llamó así mientras estuve escribiéndola,
sencillamente porque no tenía título y de algún modo tenía que llamarla, aunque
solo fuera para que la computadora me ordenase bien los archivos. Luego, la
editorial consideró que era un buen título y yo no lo encontré mejor, de modo
que ahí quedó. No parece que haya sido un error.
Lo que llama la
atención de NWTY, es su libertad formal. ¿Qué importancia atribuyes
a la forma en una narración?

Mucha, pero hay que andarse con ojo : si te preocupa
excesivamente la forma, acabas emborronando el fondo. Es una trampa en la que
cae con frecuencia el arte de vanguardia, el mal arte de vanguardia, que
alcanza la ininteligibilidad a fuerza de privilegiar el cómo sobre el qué… No
obstante, un relato despreocupado de la forma no es un relato artístico.
Y, bueno, espero que no sea solo la libertad formal
lo que llame la atención de NWTY. 
J
¿Qué relación tiene NWTY con tu
novela El año que viene en Tánger ?

NWTY es el
final de un ciclo de cuatro novelas, su cierre definitivo. Desde el arranque de
este ciclo me impuse la condición de que todos mis protagonistas fueran
tangerinos nacidos el mismo año que yo, en 1940. Reconozco que es una regla
caprichosa, pero me ha divertido respetarla, como se divierte el poeta
respetando las normas, no menos caprichosas, del soneto. El León Aulaga de El
año que viene en Tánger,
el Pablo Huarte de El corazón antiguo, el
Rodrigo Díez del Canchal de El último negro, el Rafael Pérez y Perez de NWTY,
todos tienen en común sus años mozos en la Ciudad Internacional de Tánger, en
una sociedad irrepetible, que creíamos nuestra para siempre y que perdimos
también para siempre.
De todos estos
personajes, León Aulaga es el principal.
Al principio de NWTY un grupo de
avatares capitaneados por León Aulaga tiende al narrador  una trampa para que vuelva a escribir sobre
los personajes de las obras anteriores, y en tu anterior novela El
último negro,
 un escritor de segunda recibe el encargo de escribir las
memorias de un personaje, cuanto menos peculiar. En tu caso, ¿cuál es el motivo
para ponerte a escribir de nuevo una novela después de haber dicho en el 2005
que no lo volverías a hacer?

Ojalá pudiera
explicarlo : fue una ruptura de promesa, un incumplimiento del que me
arrepiento verdaderamente ; nunca debí escribir NWTY ; pero a lo hecho,
pecho. Me animó la lectura de una obra extraordinaria.
Me refiero a The Novel – An Alternative History, de Steven Moore, que va
ya por el segundo tomo, hasta 1800, y que desgraciadamente no podrá traducirse
al castellano. Sería innoble no reconocer aquí que el primer tomo de esta obra
me hizo recuperar la dignidad literaria, o creer que podía recuperarla,
sacándome del silencio a que yo mismo me había condenado. Sin The Novel,
NWTY no habría existido. Falta saber si hay que apuntárselo en el haber
o en el debe.
¿Por qué dices que no se puede traducir The novel-An alternative History?
Haría falta un editor loco y derrochón para lanzarse al mercado de la
lengua española con una obra de tal calibre. Existe, además, el problema de la
traducción, que requeriría de un verdadero equipo de expertos. Moore trabaja
sobre muchas novelas muy poco conocidas, que no tienen versión castellana, y no
lo  hace sobre el original ( es
imposible leer en tantos idiomas ), sino sobre la traducción inglesa. El
traductor español no podría traducir de la traducción inglesa sin incurrir en
grave falta… En fin : impensable.

Leemos la relación entre los hermanos Rafael y
Margaret con su tía Araceli
, con Farasha, primero en Tánger luego en Madrid, años sesenta, setenta….y hasta
hoy en un mix donde se cuestiona lo escrito, tanto por Ramón Buenaventura y
León Aulaga,  enfermo de alz
héimer, como por un narrador colectivo, en un constante juego de interpretaciones o un
puzle donde faltan o sobran piezas. ¿La realidad se describe mejor
literariamente de una forma
caleidoscópica que lineal?

Chiste
inevitable : Caleidoscopio : Del gr. καλός, bello, εἶδος, imagen,
y -scopio. Y la realidad actual tiene bastante poco de καλός,
desgraciadamente. Habría que llamarla cacodoscópica, quizá.
Más en
serio : no creo que la forma fragmentaria sea mejor ni peor que la lineal para
describir una realidad, la que sea; yo he optado por ella en todas mis novelas
porque así me encuentro más a gusto en el relato, pero es una opción personal.
Lo narrado llega hasta el presente y, en algún modo,
refleja el pasado de una generación que es la tuya y cuyas certezas y
esperanzas se derrumbaron hace tiempo. ¿A qué se debió?

Habría que escribir la enciclopedia del fracaso o la desilusión o el engaño
o la impotencia o etcétera para contestarte. Yo nunca fui especialmente
ingenuo, nunca creí que nuestras revoluciones de los sesenta fueran a triunfar,
pero tampoco pensé nunca que fueran a resultar erradicadas del modo en que han
sido erradicadas durante los últimos años, tras el apoteósico triunfo de
capitalismo social y económico. De todas nuestras revoluciones, la única que
dura es la sexual, porque así lo han querido las mujeres.
¿ Quién tiene la culpa ? Me temo que la Unión Soviética, claro,
por venirse abajo de ese modo tan calamitoso y tan feo, por hacernos ver que el
comunismo nunca llegó a existir de veras, que fue un isómero del fascismo.
El sexo es uno de los pilares de la novela, pero en
algún modo la penetración cede el paso al cunnilingus, ¿un síntoma de la
evolución de las relaciones sexuales en las últimas décadas o una forma de
recalcar la creciente importancia de la mujer en todos los órdenes de la que
Margaret es un buen reflejo de ello?

Me sorprende
la pregunta : no veo yo que NWTY sea tan coñilenguaraz. Creo que
la novela hay una buena diversidad de opciones sexuales, casi todas las que no
me resultan tan repugnantes que no querría describirlas. No hay coprofilia, en NWTY,
desde luego, por ejemplo, aunque no porque yo me haya censurado el tema, sino
porque ni siquiera se me pasó por la cabeza.
Tampoco
querría dar la impresión de que NWTY es un tratado de la sexualidad. En
modo alguno. Su sexualidad es, sobre todo, una puesta en práctica de la
libertad.
¿Quieres añadir algo más?


Pues no, muchas gracias. O, bueno, sí : recordar que en mi página web
ofrezco la versión PDF de El año que viene en Tánger a todo el que me la
pida. Y que en el blog hay enlaces a otras obras mías.

Índice de ilustraciones:

1.- Miguel A. Coquis. Sí o no. París 1998

2.- Ramón Buenaventura.

3.- Jaume Plensa. Glückauf, 2004. Foto: Jürgen Diemer

4.-Miguel A. Coquis. Nostalgia. París, 1998

5.- Portada de «El año que viene en Tánger»

6.- Michael Tweddle. Sin titulo. 1997

7.- Sylvia Pleachy. Alzeheimer en el hospicio. 1999

8.– Tapas de NWTY