Mauricio Wiesenthal
Nos vamos de viaje, amigos. Un viaje a través de las
viejas canciones, de los lujosos salones de los transatlánticos, (…)
de la soledad
mística de los caminos, de las atmósferas cargadas de humo y de humanidad de
las tabernas… Acomódense en sus asientos y disfruten del libro que les queremos
recomendar: Siguiendo mi camino, del gran Mauricio Wiesenthal
(Barcelona, 1943).

Después de su espléndida trilogía europea: Libro
de réquiems
, El esnobismo de las golondrinas y Luz
de vísperas
, este escritor, enólogo y fotógrafo nos sorprende de nuevo
con un libro delicioso e inclasificable. Siguiendo mi camino (El
acantilado, 2013)
es un libro de memorias donde se van desgranando los
acontecimientos importantes de la vida del autor a partir de un puñado de
viejas canciones. De la música francesa de los años 60 al “Djelem
Djelem”
de los gitanos, pasando por “Lili Marleen”, el tango
o “Blue Hawaii” de Elvis Presley, el libro recorre
paisajes y atraviesa fronteras, visita la geografía emocionada de la memoria
como en una road movie sentimental, irónica, tierna, emocionante y
desenfadada, a veces con la voz templada y redonda de un tenor italiano, y
otras, fraseando las estrofas con la garganta rota y rasgada de un bluesman
empapado de melancolía, como si Wiesenthal en este libro hubiera querido
echarse a la calle con su orquesta bohemia de zíngaros para escribir la banda
sonora de su vida, con el ritmo y la tensión trepidante del “Hurricane”,
de Bob Dylan.
La presencia de las viejas canciones, como en la obra
de Proust la de los sabores y los aromas, provoca en el autor el deseo
de lanzarse a la búsqueda de todas aquellas experiencias que merecen ser rescatadas
del fango del tiempo y del olvido. Escuchar una vez más las viejas melodías
evoca el recuerdo, desata los resortes de la memoria, pero también la
intensidad de las emociones. Las canciones nos inundan de ritmo y de emoción,
nos mueven, nos renuevan y nos conmueven. El autor escribe siempre desde la
intensidad de la emoción, es una literatura a flor de piel, que busca compartir
la experiencia del estremecimiento, el placer vivificador de los sentimientos…
Las viejas canciones siempre cuentan historias y
cuando las reconocemos y necesitamos tararearlas es porque cuentan, de algún
modo, la historia de nuestra vida. Toda la obra de Mauricio Wiesenthal responde
a esta necesidad de contar historias. Dios creó al hombre para que pudiese
narrar historias
, cuenta una antigua parábola judía. Pero Siguiendo
mi camino
es sobre todo la historia de un viaje de iniciación, de un
camino iniciático. El sentido de la música, al final, no es otro que el que nos
inicia en la vía de la lujuria espiritual, en la sencillez del pensamiento, en
la escucha atenta de los sonidos del silencio. Es el camino de los misterios de
Dionisos, del vino sagrado de los poetas, del misterio que esconden las madonnas
que pintaron los grandes maestros renacentistas, del orgullo de la bohemia, de
los ángeles de Rilke, de la rebeldía de Camus
Wiesenthal promete todas las emociones, menos el
aburrimiento. Emprendan este viaje y desoigan durante unas horas los ditirambos
calvinistas, de los cenizos de la desazón existencial. Escuchen las viejas
canciones que todavía habitan en su corazón. A Mauricio, como a Sant Jordi,
le gusta exorcizar dragones. Porque, parafraseando a María Zambrano, no
se trata de ir de lo posible a lo real sino de lo imposible a lo verdadero.

Martín de Babel en www.labibliotecadebabel.es