Herbert List. Glifada, 1939
 Hernán Isnardi (Buenos
Aires, 1966), poeta y escritor “perezoso” según sus palabras, es un apasionado de
los libros, un lector voraz y responsable de la revista literaria “La máquina
del tiempo” que ya tiene 15 años de vida, pues nació en 1997. Asímismo dirige
un taller literario y colabora en diversas publicaciones culturales de
Latinoamérica. Con motivo de la publicación de su primera novela, “Sin nombre
como la muerte” le traemos a nuestras páginas para que él mismo nos explique
algunas cuestiones acerca de su obra y el oficio de escribir que nos parecen
interesantes para nuestros lectores.
¿Acabas de publicar y presentar “Sin nombre, como la
muerte”? ¿Por qué elegiste este título?
En realidad, la novela la
edité en el 2011, pero la presenté en Chascomús recién ahora, en el 2013.
Con respecto al título,
surge de una conjunción de cosas. La muerte es un tema que me persigue. Hay una
muerte lógicamente, como centro del relato. Eje más que centro, porque es
dinámica.
El tema del nombre también
está detrás de mí. Como decía Samuel Beckett, ¡Qué importa quién habla! Para mí
los nombres no tiene la menor importancia. De hecho, estoy construyendo mi obra
(tres novelas), y en ninguna hay un personaje identificable con un nombre.
¿Cuánto
tiempo te llevó escribir este libro?
El tema del tiempo es
relativo. Esta novela puntualmente me llevó dos meses seguidos, pero es una
historia que llevé treinta años puesta. La corregí en cuatro años. No es que
estuve cuatro años corrigiéndola, sino pensándola en función de lo literario.
Al año, luego de releerla, noté que los diálogos cortaban el flujo, y supe que
debía rehacerlos. Al segundo años supe cómo, y al tercer año, los modifiqué.
Soy perezoso nomás. No me genera ningún apuro.
La novela en la que trabajo,
la llevo desde hace seis años en la cabeza, y la escribo desde hace cuatro
años. Y sabe Dios cuánto tardaré en corregirla. No tiene importancia tampoco el
tiempo. Hay que aprender a escuchar la historia dejando de lado la ansiedad. Se
cocinará como la comida, cuando sea su tiempo. No importa el hambre que uno
tuviera. El cuerpo te avisa cuándo está.
Hernán Isnardi
¿Cómo surge, el tema central de  la novela? ¿una historia tan fuerte
como la pérdida de un hijo cual fue el clic en tu cabeza, la inspiración?
Bueno, esta pregunta tiene
varias respuestas. Empiezo por la final: la inspiración no existe. Lo que
llaman inspiración, sería el resultado de mucho trabajo y posibilidad,
lógicamente. Cuando alguien quiere escribir una novela, por escribir una
novela, se nota en el resultado. Las historias que nos persiguen, los
argumentos sufridos —como decía Flaubert—, generan mejores libros; porque uno
los lleva puestos mucho tiempo, entonces al haberlos pensado más en tiempo y
profundidad, se hacen más claros y más sólidos. Desde ya que siempre pienso en
escritores, en personas que tienen preocupaciones literarias y posibilidades (o
talento, si querés). Cuando sos novelista, es porque pensás como novelista, no
porque tenés ganas de escribir una novela. Entonces, sigo, no hace falta que te
haya sucedido lo que sucede en la novela, pero seguramente si un argumento te
ha perseguido, es porque has pasado lo suficientemente cerca para
impresionarte. Yo llevé muchos años esa historia en la cabeza.
¿Cómo imaginaste que sería la reacción de los lectores
o sos totalmente neutral?
Si uno piensa en un lector,
supongo que ese lector ideal, se parece a uno. Pienso en general en literatura.
Tengo un filtro literario para personas y sucesos. Tengo menos conexión con el
mundo que con los libros. En la apertura de la feria del libro de Chascomús,
leí un fragmento de una carta de Flaubert, que me representa: “Contemplar una mujer desnuda me hace
imaginar su esqueleto. Por eso me entristecen los espectáculos alegres, y las
escenas tristes me conmueven poco. Lloro demasiado por dentro como para
derramar lágrimas al exterior; una lectura me emociona más que una desdicha
auténtica
”. Pienso, entonces, más que en un lector, en literatura.
¿Cómo
es tu forma de trabajo?
Onetti decía que él tenía
una relación de amante con la escritura. Se juntaban cuando tenían ganas.
Vargas Llosa, decía también Onetti, tenía una relación marital, escribía todos
los días de tal hora a tal hora. Yo leo todo el día. Escribo cuando tengo
ganas. Pero hay otro tema, yo escribo en la cabeza, así que todo lo que voy
leyendo de algún modo lo voy incorporando o procesando en virtud de lo que
estuviera escribiendo, o escondiéndolo donde fuere para usar algún día. Tomo
muchas notas. Tengo una decena de cuadernos (cuadriculados, con espiral, chicos,
y escribo con tinta negra. Supongo que la neurosis me ordena de ese modo). Otro
dato: no puedo escribir más de dos horas por día. Me genera un agotamiento
enorme.
¿Cuántas horas al día escribís y cuál es tu
metodología  de trabajo para
obtener  el resultado que deseas?
Ahí te respondí un poco la
primera parte, la del tiempo. No tengo metodología. O la tengo, supongo, para
procesar en la cabeza, pero soy muy caótico para escribir. De hecho, escribo y
olvido, así que cada tanto abro los cuadernos y voy encontrando cosas sueltas.
No creo que la cantidad de horas o un método, sea directamente proporcional al
resultado, por dos motivos. Primero porque no se relacionan entre sí, y
segundo, porque uno no sabe cuál será el resultado. No hay fenómeno más complejo
que el de la relación entre un texto y la percepción.
Herbert List. Los nietos, Atenas 1937
¿Por
qué escribís?
En la década del 80, una
revista de Paris hizo una encuesta entre más de 500 escritores de todo el
mundo. Dürrenmat dijo: Preguntarle a un
escritor por qué se pasa la vida escribiendo, es como preguntarle a un pez, por
qué se pasa la vida nadando
.
¿Cómo
descubriste esta vocación tan plena?
Alguna vez me quejé por no
haber podido nunca elegir eso a lo que me dedicaría. Después me di cuenta de
que era falso, porque cada día elijo. Eso por un lado. No me pasó como dicen
muchos, que desde chicos supieron que querían ser escritores. Eso es también es
falso. Uno no puede saber esas cosas; puede sí, tener ganas de leer, pasión por
la lectura, puede apasionarle escribir redacciones en el colegio, pero eso no
conjuga de ningún modo la premonición. En mi casa siempre hubo bibliotecas. Pero
había más paredes que bibliotecas y no pensé en ser albañil.
Si
podés contarme alguna experiencia como editor, escritor o alumno de escritura
que te haya marcado
Edito libros, pero porque
soy escritor, sé lo que me gusta, y trato de brindar calidad a ese libro que
algunas veces es el único que algunos publicarán. Es una pregunta muy amplia.
No sé qué contarte como escritor, más que lo que te he dicho, que escribo
cuando tengo necesidad física o mental, lo de los cuadernos, lo de la tinta. Me
ha ido muy bien con esta novela. He tenido buenas críticas de buenos lectores,
y de gente que lee ocasionalmente. Cada uno argumentado desde su lugar. Fue
realmente impresionante recibir ciertas devoluciones que tenían que ver con el
drama en sí, y no con el libro. Una persona que me dijo que había vivido una
situación similar, y que mi libro la había dejado en paz (antes de leerla,
siempre había creído que leer sobre el tema, la lastimaría), me dejó con una
sensación muy buena pero que no sabría decirte cómo fue.
¿Qué
es la literatura para vos?
La literatura no es lo que
hago sino lo que soy (para bien o mal, no es un juicio de valor). Un personaje
de una novela mía dice: la literatura es en mí, una cruz, porque es mi pasión y
mi tormento. Pero también es mi salvación.
¿Cómo ves la literatura de hoy, de los escritores
contemporáneos y esa necesidad de plasmar ideas, pensamientos, anécdotas o
simplemente contar vivencias o escribir ficciones?
Creo que la literatura se ha
vuelto muy amable. Que cada vez molesta menos, que cada vez se editan más cosas
que sirven para pasar el tiempo, y no para pensar la vida, como fue casi
siempre. Algunas editoriales editan a jóvenes promesas que no sólo no han leído
(si hubieran leído se darían cuenta de lo que hacen), sino que no han pensado
mucho. Hay gente que confunde vomitar con escribir. Para vomitar está el baño.
Para escribir, la literatura. Pero hasta te diría que tomar la literatura de
ese modo lo quieren hacer pasar por vanguardia. Para hacer vanguardia, hay que
saber demasiado. Preguntale a Picasso, a Pessoa, a Musil, a Proust, a Faulkner.
Herbert List. En el estudio de Giorgio de Chirico.  Roma, 1951
Hace quince años que dirigís tu editorial LA MAQUINA
DEL TIEMPO y me imagino que a menudo recibís mucho material, quienes pueden
publicar en tu editorial? ¿O qué tipo de material te gustaría publicar?  
No, la
editorial la tengo desde hace cuatro o cinco años. La Máquina del tiempo es una
revista literaria que nació hace 16 años –www.lamaquinadeltiempo.com-, y que el
año pasado el Fondo Nacional de las
Artes
la eligió como la mejor revista literaria on-line argentina. El
proyecto que tengo para la editorial es más o menos el mismo que tenía para la
revista; publicar
en ella los que consideraba grandes textos y que no estaban al alcance de los
lectores, en internet. Lo hice simplemente porque habían generado en mí placer
y quería compartirlos. Casi todo el material que subo a la revista, no existe
en internet (luego, en 15 minutos te lo roban). Son texto que saco de mis
libros, los scaneo, y los comparto.
Tengo un proyecto editorial que
abarca unos 40 títulos que hace mucho no se han editado, hacerlo en
traducciones modernas y buenas.
¿En
qué de diferencia tu sello editorial de otras editoriales?
Por ahora en no mucho. Si
consigo los fondos para hacer la editorial que deseo, ahí veremos.
¿Tenés otro libro en proceso de construcción, cómo
se titula o de que trata si nos podes dar un adelanto para nuestra revista? ¿En
qué están trabajando ahora?
Te contesto ambas en una.
Sí, tengo casi terminada una novela también estructurada de un modo extraño (no
para mí, claro). A mí me cuesta hablar de mi obra, o mejor dicho, hacer
reducciones en las que se explicaría qué es la novela, porque para mí, la
explicación de mi novela es mi novela. Puedo decirte que acaso haga una edición
con la novela “Sin nombre, como la muerte” y ésta, en conjunto, porque ambas
están unidas por el tiempo y la pena.