El escritor James Ellroy y el director del museo de la policía de Los Ángeles, Glynn Martin, (…)
acaban de publicar un libro sobre el pasado de la policía de Los Ángeles, en 1953, una forma especial para adentrarse en lo que fue esta ciudad que, lo dice alguien que la conoce bien, puede ser confundida como la intersección entre el cielo y el infierno, aunque sólo sea en términos climáticos pues se puede pasar de un calor húmedo y asfixiante a una brisa bastante agradable. 
En el prólogo del libro los autores cuentan que la idea del libro surgió como una forma de conseguir fondos para el museo a partir de unas serie de libros contados a través de los archivos gráficos del museo y se pusieron manos a la obra. En aquel año, la policía de Los Ángeles estaba bajo el mando del legendario William H. Parker, que tenía un montón de putas de bajo y alto nivel para solazarse y que no desdeñaba la música jazz, pese que los músicos que más le gustaban estaban mas que enganchados a las drogas.
Pero Parker redujo la corrupción policial, un mal endémico de la policía angelina, y la reorganizó de una manera mucho mas eficaz aunque también se le acusó de racista por sus actuaciones frente a las distintas minorías. Sea lo que fuese, Parker sentó las bases de lo que hoy representa la policía de esta ciudad y creó nuevas y necesarias secciones. 
Para escribir el libro, Ellroy y Glinn han repasado todas las fuentes posibles aparte del museo de la policía, los registros, el archivo de Los Angeles Times, la Biblioteca Pública de Los Ángeles, la colección del Departamento de Policía de Los Angeles, y los periódicos dedicados al género negro para poder escribir las historias que acompañan a las fotografías.
El resultado es fascinante por partida doble, ya que el libro es un documental histórico sobre una ciudad cuanto menos especial y aunque todas las son, no me digan que esta suma de autopistas que rodean edificios y casas en las que viven gente de todo el mundo no es un microcosmos de lo que ocurre allí afuera. Aquí se puede pasar de Corea a El Salvador en un par de kilómetros.
Y, sobretodo, porque ponen sobre el tapete otra cuestión. Muchas de las fotografías que se enseñan son obras de arte y tuvieron una influencia clara en el cine negro de la época y posterior como Ellroy escribe en el libro. Son fotos tomadas por los agentes y en busca de pruebas, o sea, son fotos policiales al cien por cien, nada de fotos artísticas, pero tienen algo que si se miran con detalle, creeremos haber visto ya en alguna película o serie de televisión, y esa es la gran sorpresa de este libro del que se puede disfrutar sentado en el salón de casa mientras a lo lejos, en medio de la noche se escucha el ulular de una sirena de un coche policial y uno se pregunta si acaso, no irán a la escena de un crimen que será retratado de una forma que luego reflejará cualquier serie de televisión policial que veremos en nuestras pantallas pasado mañana.
James Elroy y Glynn Martin