LUIS DE LEÓN BARGA

 

 

 

 

Para descubrir a la Puerta del Sol hacia falta que Ignacio Merino escribiese esta amena biografía de una plaza con la que casi todos tenemos una cita obligada el Fin de Año. Sin embargo, desconocemos casi todo de su historia y personajes que la poblaron o hicieron grande.
Por eso hacía falta que un escritor de Valladolid que ha vivido más de veinte años en la Plaza de la Villa nos desvelase sus claves. A Merino le gusta la historia y eso se nota porque sabe contarla. En su biografía nos recuerda que en nuestra querida Puerta del Sol, entre otras muchas historias, comenzó el levantamiento del 2 de mayo de 1808 contra las tropas francesas de Napoleón, se estrenó el alumbrado público, se creó el kilómetro cero de las carreteras españolas, hubo motines diversos, fue central de postas y diligencias, se festejó el advenimiento de la II República, tuvo el primer edificio de apartamentos y el 15M la dio a conocer en todo el mundo.
Tu libro sobre la Puerta del Sol se lee como una novela histórica pero también puede ser algunas cosas más, como un libro de historia o una novela sobre un paisaje humano y arquitectónico. ¿Cómo lo definirías tú?
Sí, es un libro raro, jajaja… una fusión, en realidad. Como si fuera un gran reportaje periodístico, con narración, datos e incluso intriga. Su desarrollo es histórico, lógicamente, pero la aproximación tiene diversos enfoques: al principio es novelística, para revivir la emoción de la revuelta comunera, luego descriptiva, incluso con sueltos y fichas desgajados con pura información del Madrid árabe y cristiano que ayudan a comprender lo que era aquel pedregal extramuros sin dueño, origen de la Puerta del Sol. Después, la narración biográfico/histórica está ordenada por secuencias que coinciden bastante con los siglos, del XVI al XXI.
Ignacio Merino
¿Casualidad o destino que fuese creada durante la revuelta comunera del siglo XVI y después sea escenario del movimiento 15M?
Creo que es una hermosa parábola, en todo caso. Además de la “justicia poética” que supone para la biografía de la plaza, explica también su carisma, ese valor emocional por encima de los designios de la voluntad humana que la Historia ha ido construyendo.
Si yo fuese un turista extranjero y tuvieses que explicarme la Puerta del Sol, ¿cómo la describirías? Como el corazón palpitante de Madrid, el lugar donde han ocurrido cosas importantes para la Historia madrileña y española y que que ha ido evolucionando de forma asombrosa. Es magnífica la descripción de Edmundo d’Amicis durante el Sexenio Democrático (1868-74), cuando estuvo de corresponsal en Madrid. La cita es demasiado larga, para incluirla en la entrevista, me temo que hay que leer el libro. Creo que la forma tan viva de pintar el cuadro portasolario de la época le hace justicia. Tal vez sea ése su mejor momento, además, o al menos uno de ellos.
Los comuneros pusieron la cerca, pero  el origen lejano es árabe. ¿Puedes explicarnos las huellas de la presencia árabe?
Madrid tiene más presencia árabe de la que se supone. Para empezar el enclave, que lo eligió el emir de Córdoba. Y sus fabulosas cavas en el cogollo alrededor de la explanada de La Almudena, el antiguo ribat o cuartel que dio origen a la medina en época taifa. Entonces la Puerta del Sol no era más que una vaguada en la puerta oriental de la cerca, donde se dejaban las caballerías para abrevar por sus muchas fuentes y pozos.
¿Siendo un lugar que nació más o menos parejo a la Plaza Mayor, podemos decir que la del Sol representaba lo popular y la segunda    lo oficial? Sin duda, aunque la Plaza Mayor era la del mercado. Fue con los Austrias cuando se convirtió en escenario de poder.
¿Por qué se llama Puerta del Sol?
Porque en el dintel superior del portillo que franqueaba el paso a Levante de la segunda cerca medieval –que llegaba hasta la manzana anterior a La Mallorquina por la calle Mayor-  el maestro cantero que pulió la piedra grabó en la dovela central, o clave, un sol. Lo más seguro es que fuera porque apuntaba directamente al alba y el ocaso y dejaba pasar por tanto el sol. No parece probable que fuera una marca de cantero porque el relieve debió de ser lo suficientemente grande como para que la gente conociera aquel portillo como Puerta del Sol, mucho antes de que los comuneros cerraran el espacio hacia el este.
¿La Puerta del Sol fue la quintaesencia de lo castizo?
Totalmente. Allí se reunían desde el siglo XVII los majos, manolos y chisperos, enfrentados entre sí y cuyo origen se describe a fondo en el libro. La cohorte de truhanes, mujeres de la vida, soldados de los tercios, jugadores de dados, golfos, descuideros y chulos hacía lo demás. La zarzuela sirvió para sacar a flote aquel ambiente –que también se vivía en las verbenas- e hizo de ello costumbrismo y folklore.
¿Qué hecho histórico, aparte la sublevación de los comuneros y el 15M, de los muchos ocurridos en esta plaza, te parece  el más importante?
El levantamiento del 2 de mayo, desde luego, pero también el Motín de Esquilache y las entradas solemnes y festivas de las reinas Isabel de Valois y Ana de Austria, la de Alfonso XII en su caballo blanco o la alegría desbordada, y pacífica, de la II República.
Pese a la abundancia de iglesias y parroquias, siempre ha tenido fama de ser un lugar de pícaros, ligues y mujeres de mala vida, ¿esta tradición se mantiene hoy día?
Hoy ha perdido mucho de su carisma, me temo. Las prostitutas son ahora chaperos del este, ha tomado un aire de zoco marroquí que no tenía y es la meca de peregrinación de las hordas turísticas, atracciones de muñecos que chirrían, compradores de oro, ociosos maduros y gente consumista. El ambiente se ha despersonalizado, pero siempre puede haber sorpresas como el movimiento de los indignados del 15-M, que aunque lo capitalizó Podemos, significó mucho más que este partido político.
¿Qué rey contribuyó más al desarrollo urbanístico de la Puerta del Sol?
Carlos III, cuya estatua le hace justicia.
¿El nombre de Mariblanca aplicado a la estatua que coronaba la fuente se debía a que era de mármol blanco?
Sí. La compró en Italia uno de los agentes de Felipe IV y al principio coronaba la Fuente de la Fe. El origen de la preciosa escultura, seguramente una Afrodita renacentista que adornaba algún palacio romano, se perdió y la empezaron a llamar Mariblanca por el mármol de Carrara. Pertenece, curiosamente, al pueblo de Madrid, que es a quien se la regaló el Rey Planeta. Y por eso una de las dos copias preside la escalera de la Casa de la Villa.
Lo que llama la atención de la plaza es que en el fondo tenga poco forma de plaza y esté un poco estirada a la fuerza. ¿A qué se debe?
Lo que ocurrió es que ganó ese proyecto, mejor dicho ganó otro pero un comité impuso éste, que contenía el diseño oblongo. En realidad se tomó como referencia la plaza de Oriente reformada por José Bonaparte. A mí me gusta mucho, se aleja del estereotipo hispano de plaza cuadrada o rectangular y le da personalidad, además de elegancia.
De todos los cafés que hubo en los siglos XIX y XX, ¿cuál fue el más importante?
Hubo muchos, pero podría decirse que el Lorenzini y el Café París.
Según tu criterio, ¿ha ido a menos o a más?, ¿o sigue siendo igual que siempre?
Ha ido a menos. Con el franquismo perdió fuste, tronío y, lo más importante, su condición de “salón de los madrileños”, del pueblo libre. Se lo quitó la Plaza de Oriente y aquellos odiosos discursos del Caudillo. Y además la Puerta del Sol era sinónimo de la Dirección General de Seguridad, un sitio sombrío que evitábamos, sobre todo los que estuvimos en sus calabozos alguna vez. Yo tardé años, hasta mediados de los 90, en cruzar la acera sin aprensión, al principio de la Democracia la evitaba. Con la Transición tuvo su momento de manifestaciones y concentraciones reivindicativas. Luego el consumismo fue como la lepra que la desfiguró, el tráfico que la contaminó y la rivalidad con la Gran Vía, que tomó el testigo del carisma. Ahora está mejor, actualizada, más o menos ordenada, pero no hay un solo local madrileño con solera excepto La Mallorquina. La nueva amenaza es el turismo de masas y las concentraciones de los hinchas futboleros europeos, borrachos y agresivos, además de los pedigüeños y vendedores, que acosan a la gente. Lo peor son los bajos.
¿Cuándo fue la última gran reforma de la Puerta del Sol? La única gran reforma fue la de finales del XIX. Las demás han sido parches, reordenamientos puntuales. Los dos mejores, cortar el tráfico del eje Alcalá-Arenal y la prohibición absoluta de anuncios en la plaza, excepto el de Tío Pepe, que se ha ganado el cariño de los madrileños y el indulto de Patrimonio.
¿Qué elemento arquitectónico ha sido el más discutido a  lo largo de su historia?
Las farolas de los años 70, llamadas ‘supositorios’. Hubo hasta una manifestación
¿La llegada del metro a la Puerta del Sol fue el inicio de otro estilo de plaza? No. Ya era el nudo central de trolebuses de sangre (tracción animal), eléctricos, autobuses, coches de punto y taxis. Desde comienzos del siglo XX el ajetreo de gente y vehículos fue muy intenso, pero ya lo había sido desde la Gran Reforma del último tercio del siglo XIX.
¿Qué te parece la entrada al metro actual?
Me gusta. Aporta un rasgo de modernidad que le sienta bien a la plaza.
¿El reloj estuvo siempre asociado a las 12 uvas de la Nochevieja?
No. Antiguamente estuvo en la iglesia del Buen Suceso, en el solar que ahora ocupa el emporio Apple. Tenía sólo una manecilla y servía para dar la salida de las diligencias y las postas, pero funcionaba fatal. Más tarde se instaló en la torreta que se añadió al frontispicio de la Casa de Correos, bajo la cúpula. Y seguía funcionando fatal, hasta que un gran relojero llamado Losada y que estaba exiliado en Londres por demócrata liberal, regaló el actual. Una maravilla que nunca se ha estropeado y marca con tanta precisión las horas y los cuartos que hasta los boletines de Radio Nacional se guiaban por él. La costumbre de las uvas con champagne llegó a finales del siglo XIX. El pueblo madrileño, los castizos, querían celebrar la Nochevieja como hacían los aristócratas y grandes burgueses en sus salones. Su salón fue, naturalmente, la Puerta del Sol. A principios del XX hubo una gran cosecha de uva de moscatel en Alicante y un viticultor tuvo la iniciativa de regalar uvas en la Puerta del Sol para promocionar la variedad alicantina. Así se popularizó y del núcleo irradiador se extendió a toda España hasta hacerse costumbre obligada, rito sentimental y elemento lúdico en la noche de San Silvestre.
Como historiador, ¿influyen los  lugares en los acontecimientos históricos?
En ocasiones, desde luego que sí. La orografía de los Picos de Europa y la gran cueva de Covadonga fueron determinantes en la victoria de Pelayo y los suyos sobre Musa, por ejemplo. Lo que se da en estos casos es una simbiosis, una identificación de sujeto y objeto. El lugar se impregna de humanidad y acaba influyendo en el discurrir de la conducta humana.
¿Se puede decir que la Puerta del Sol estuvo asociada a las distintas fases de la modernidad en este país?  
Absolutamente. Desde que fue designada capital de los reinos por Felipe II hasta el kilómetro cero de las carreteras españolas, la estación término de las postas y diligencias, el telégrafo óptico, la prensa e imprenta dieciochesca, los primeros edificios de apartamentos (casas Cordero), la primera estación de radio, la primera estación de metro o la instalación del alumbrado por gas y la electricidad. Pero también fue reflejo de la Modernidad del pensamiento y el progresismo político con sus tertulias liberales, de artistas, escritores e intelectuales. También con sus motines y manifestaciones populares que hicieron de La Puerta del Sol no sólo un emblema más allá de cualquier otro lugar madrileño, sino el ámbito en el que se realizaba el común, la gente, en pie de igualdad.
¿Quieres añadir algo?
Que lean el libro y así podrán comprobar lo que digo. Unos cuantos lectores ya me han dicho que les ha entusiasmado, como el arquitecto Julio Touza que me presentó en Ámbito de Callao, y usted mismo, mi querido Luis de León Barga.
Ignacio Merino es licenciado en Filología Inglesa y diplomado en Psicología y Filosofía Pura, fue jefe de prensa en la embajada española en Londres. Entusiasta de la Historia, dirigió Claves de la Historia en Radio Intercontinental y formó parte del equipo de “El reportaje de la Historia” de El Mundo. Es colaborador de prensa y revistas como Historia y Vida. Ha publicado una veintena de libros, entre los que figuran La Ruta de las Estrellas (Premio Nacional de Venezuela 2003); Por El Empecinado y la Libertad; Elogio de la AmistadAlma de JuglarSerrano Suñer, valido a su pesar, y Palabras de Unión. Masonería y Modernidad. Es también autor de Biografía de la Gran Vía.