Guerra de Vietnam

 

La guerra goza de mala fama con razón y es difícil encontrar entre los innumerables pensadores, filósofos, políticos y soldados que opinaron sobre ella algún comentario positivo. Tal vez por eso el historiador y arqueólogo inglés Ian Morris, profesor en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, puso un título provocativo: Guerra. ¿Para qué sirve? a su amplio estudio sobre la “utilidad” de la guerra.

Morris nos habla al comienzo del supuesto “beneficio” de la guerra y trufa su libro con ejemplos. Sin irnos muy atrás, la energía nuclear, la informática y la aviación moderna son la consecuencia de que Estados Unidos necesitaba derrotar a las potencias del Eje y, más tarde, ganar la Guerra Fría. Internet fue diseñada con fines militares y estratégicos, y Silicon Valley debe sus orígenes a los suministros militares. El lanzamiento del Sputnik, el primer satélite espacial de la URSS, desafió a los Estados Unidos a tomar la primera posición en la carrera espacial.

Pero no sólo se detiene en los avances técnicos. Así, la idea de la tolerancia religiosa surge en Europa después de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).  Hizo falta que muriesen el 30% de la población de Europa central para que los europeos comprendiesen que matar por asuntos de religión resultaba un precio demasiado caro de pagar.

Para Morris el número de muertes en las guerras de los últimos 10.000 años ha disminuido constantemente. En las guerras del siglo pasado murieron entre cien y doscientos millones de personas, “el 1% o 2% de la población mundial”.

 

Ian Morris

Siguiendo con las estadísticas, en la edad de piedra, entre el 10% y el 20% de la población moría a causa de enfrentamientos armados. Las guerras de expansión de la antigua Roma causaron la muerte de diez millones de personas con otros tantos millones dedicados a la esclavitud.

En 1250, un europeo occidental entre cien moría en guerra, cinco siglos después la proporción había subido a uno entre 300 y en los años cincuenta del siglo pasado era uno entre 3.000.

Con estas cifras en la mano, Morris reconoce que la guerra actual, aparte sus terribles consecuencias entre los combatientes y sobretodo los civiles, no es un freno para el desarrollo ni siquiera en términos demográficos. Y que es mejor que los periodos de anarquía o inestabilidad social prolongada.

La guerra es “un mal necesario y menor, aunque sin lugar a dudas terrible, en el proceso de la civilización. Somos asesinos y lo único que puede detener al animal feroz que tenemos dentro de nosotros es la amenaza de un castigo o la derrota en la guerra “.

Hasta aquí se puede estar más o menos de acuerdo. Conviene señalar que Morris no es un belicista ni partidario de la guerra. Lo que puede ser más dicutible, estadísticas aparte, pues de siglos pasados nadie las conoce con precisión, es que las guerras crean sociedades más organizadas en donde los riesgos de morir se reducen considerablemente.

 

AP Photo/Stanley Troutman)

 

Es lo que él llama “guerras productivas”. Son cuando los ejércitos triunfantes incorporan a los perdedores y forman un gobierno fuerte para controlar la violencia interna. Un poco lo que sucedió en Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial donde los europeos crearon la Unión Europea para evitar nuevos conflictos y dejaron a los Estados Unidos el papel de “policía” garante de la paz. Pero no es un caso que abunde en la Historia.

Según Morris, la guerra es cada vez menos frecuente y en el futuro veremos menos mertos porque se tiende a que los daños colaterales humanos sean los mínimos posibles. Sostiene que ya no hace falta bombardear ciudades enteras para crear terror al poder hacerlo con drones en el que mueren menos personas. Y una vez que todos formemos parte de la red global y la inteligencia artificial esté al servicio de nuestros pensamientos, la guerra no será necesaria.

En las guerras actuales del Tercer Mundo y cuyos contendientes carecen de tecnologías muy desarrolladas se siguen empleando sistemas de terror masivo, como los bombardeos contra objetivos civiles. Pero a la postre, mas que la técnica en sí, es el mismo Morris quien afirma que la condición humana suele resolver las disputas internas mediante la fuerza y no la negociación, una característica a la que no podemos renunciar con sólo desearlo.

Tal vez por eso la guerra no vaya a desaparecer sino que varía su naturaleza y forma. Sólo basta leer las noticias y ver las imágenes de las guerras de todos los días. Globalmente, el mundo es más seguro y menos personas corren riesgo de morir en un conflicto armado. Pero si miramos el mapa en detalle vemos que hay otras zonas del planeta donde la proporción de morir en una guerra es mayor que antes. Aunque sólo sea porque como dice Haruki Murakami “no hay guerra que ponga fin a todas las guerras”.

 

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Guerra ¿Para qué sirve?…