Carmen Amoraga
Un suceso repentino en la vida de Giuliana trastoca definitivamente su destino. La muerte fulminante de su marido y padre de sus dos pequeñas hijas, se lleva con él la sensación de estabilidad y calma que, hasta entonces, reinaba en su vida.

Comenzar a vivir de esa manera, sola y devastada, no entraba en los planes de Giuliana que, a pesar de barajar en más de una ocasión tener que vivir esa experiencia aún en vida de su difunto marido, pero que hasta que no sucede el fatal desenlace, no sabe exactamente a qué se enfrenta, nadie le enseña a enfrentarse a lo que se le viene encima y, lo que es peor, ni siquiera encuentra las herramientas necesarias para poder superar la escisión que supone todo aquello en su idílica familia.

Los primeros días suceden en una especie de ensoñación que hará que la protagonista de la novela, decida en más de un instante, abandonarse a su suerte, dejar de lado cualquier intento por reponerse al mazazo que supone una pérdida de ese calibre y se dejará llevar por la desidia de querer siquiera vivir, así no le parecía oportuno seguir, esto no era lo que siempre había imaginado cuando decidió formar una familia.
Solamente llama su atención, en aquellos momentos tan amargos, sus dos hijas, íntimamente unidas a su progenitor y que no hacen más que pedir explicaciones acerca de su ausencia lo que acrecentará, aún más si cabe, el sentimiento de Giuliana de no poder hacer frente a aquella situación. Su dolor podría llegar a gestionarlo, pero si además tenía que encauzar el dolor infantil y peculiar de sus pequeñas, se le revolvía el alma sólo de pensarlo.

Es en ese maremágnum de sentimientos encontrados donde la protagonista encuentra un pequeño resquicio a su pena, expresando su sentir a través de las redes sociales. Un mundo virtual donde ella parece que se encuentra más cómoda y donde halla un ínfimo consuelo a todo lo que le está pasando.

Redacta día a día, como en un diario macabro, lo que se le va pasando por la mente e, incluso, llega a redactar, como si no hubiese pasado nada, planes y sentimientos como si su pareja aún siguiese viva.

En esa fase de negación de la realidad, irremediable en estas situaciones, tenderá a idealizar su relación con su fallecido marido, rememorando momentos únicos solamente reservados para las parejas que, en el fondo, se han querido por encima de todo. Es cuando se halla inmersa en esos dulces recuerdos cuando descubre el verdadero patrimonio que le dejó William al morir: una trabajada red de relaciones que le ayudarán a encontrar apoyos desconocidos hasta entonces y que se convertirán en el pilar fundamental para afrontar ese duelo que se resistía a comenzar. Gente que siempre había estado ahí, pendiente de ella que, recelosa en los primeros momentos, incorporará a su vida con el devenir de los días.

Una novela que relata la vida de gente corriente con dramas cotidianos pero que se convierten en heroicos cuando se logra sobrevivir y salir adelante. Situaciones que se viven todos los días pero que cuando se publican, parecen hechos extraordinarios.
A pesar del tono gris que utiliza la autora de la historia, en realidad se trata de una narración optimista con la vida porque nos muestra personajes, como la propia Giuliana, que empiezan a sobrevivir y al final terminan viviendo, haciendo especial énfasis en ese cambio de fases necesario para transitar por este camino que comienza en cuanto nacemos.

A través de las páginas que escribe Carmen Amoraga, la tristeza inicial que se percibe se convertirá en fortaleza, lo cual se consigue a través del propio perfil de la protagonista, un ser asocial e, incluso, antipático, pero con un fuerte sentido del humor, humor muy negro en ocasiones, que hará que la obra no termine siendo un melodrama al uso. Gracias a ese matiz, encontramos un relato ameno, a pesar de su duro trasfondo, y con una dinámica distintiva del sello de la autora; rápido, coloquial, cotidiano. Un lenguaje muy cercano, a veces incluso soez, pero con una dosis extra de vitalidad y sarcasmo que llama la atención del lector desde su primera página.

Una obra íntima sobre como las diferentes fases del dolor van siendo asumidas, con más o menos dificultad, sobre como la vida se va abriendo un camino a través del abrupto y caprichoso destino para resplandecer de nuevo a través de las muy criticadas, en ocasiones, redes sociales y con un mensaje muy claro y que calará en el lector en cuanto a que aprender a perder es aprender a vivir.

La vida era eso

Premio Nadal de Novela 2014

Colección Áncora & Delfin