LUIS DE LEÓN BARGA

Chicos y chicas es el título de uno de los once relatos del último libro publicado por Soledad Puértolas (Zaragoza 1947). En él teje un tapiz de historias distintas sobre hombres y mujeres de nuestros días relacionados por parentescos familiares, amistades o amoríos diversos.

En algunos cuentos suele latir cierto misterio, pues como se lee en boca de uno de los protagonistas de Aficiones ”quizá el misterio siempre esté ahí, aunque creamos saberlo todo”. Un misterio que también puede ser la aparición de alguien que puede cambiar nuestras vidas o una  enfermedad, pero que a Puértolas le sirve para adentrarse en lo que se esconde debajo de la superficie.
En otros es sólo un hecho que aparentemente carece de importancia,  algo que se dice o hace sin calcular las consecuencias. Como puede ser la confesión de una infidelidad pasada en “Confesión” o la forma de actuar de una madre respecto a su hija en “Tarot”.

 En casi todos los cuentos sus protagonistas se encuentran en una situación de búsqueda indefinida que les hace sentirse extraños a lo que les rodea, incluso perdidos en sus propios laberintos.

Viven situaciones en las que el azar pone luces y sombras, y donde a las relaciones amorosas, teñidas algunas de aventuras esporádicas, pues como explica Osvaldo en “Aficiones”, no significa mas que poder desahogarse un poco, “obtener algo de consuelo, un aliciente nuevo”, se suman los desencuentros familiares o de pareja.
Todo ello lo enmarca el paso del tiempo aunque el foco se centra en ese momento en que lo imprevisto se cruza en nuestro camino, como esas estrellas fugaces que iluminan durante un instante las noches de verano.
Cuentos que a menudo están situados durante las vacaciones, un tiempo en el que nada es de verdad “urgente ni necesario”, como señala un personaje. Y a lo mejor por eso estamos más dispuestos a dejarnos llevar por nuestro contorno.
Por eso el sonido de fondo que nos traen algunos de estos cuentos tiene algo de sabor a mar, como en el último, titulado Arkímedes, y que transcurre a lo largo de varios veranos en una urbanización de playa.
En el regreso al mismo lugar de veraneo, también puede verse una especie de “eterno retorno” simbólico en busca de un apoyo que nos haga más fácil la vida. Pero como descubre la protagonista de este cuento, Rita, cuando las grietas de su matrimonio acaban por desmoronarlo, no necesariamente tiene que hallarse en un hombre o una mujer.
Soledad Puértolas nos cuenta todo esto y bastante más en Chicos y chicas. Por primera vez adopta el punto de vista de un narrador en tercera persona que sin perder el pulso narrativo, recorta distancias para hacernos testigos de otras vidas ajenas pero cercanas. Son cuentos redondos en su sentido figurado, pues tienen algo de viaje de ida y vuelta, pero sobre todo en el resultado.   
Soledad Puértolas. Foto EFE