SANDRA ÁVILA

Liliana Colanzi (1981) es una escritora boliviana de Santa Cruz cuyo libro de cuentos Nuestro mundo muerto publica este mes Eterna Cadencia. La editorial  argentina afirma que  Liliana Colanzi es una de las autoras bolivianas más destacadas de la nueva generación, y define a su libro  como “intenso, feroz y complejo”. Los relatos de Colanzi hablan de una mujer en una misión de colonización en Marte, un joven poseído por el impulso asesino de un indio mataco, un chico que dice comunicarse con gente del espacio, una nana ayorea a la que le gusta comerse los piojos y asegura que los muertos nunca se van… Según la editorial, estos cuentos exploran, con una mirada alejada de todo exotismo, la idea de la muerte en las grietas del mestizaje, allí donde la idiosincrasia indígena y su historia de explotación chocan con la vida moderna y urbana. Con motivo de ello recuperamos la entrevista que la hicimos hace cuatro años.  
  
¿Cómo surgió la idea de escribir  tu primer libro y otros que vinieron después?
Empecé escribiendo cuentos muy breves hasta que un día sentí que la fórmula caducó, se me agotó. Luego me fui a vivir a Inglaterra y, desde la distancia, comencé a mirar con extrañamiento la vida que antes daba por descontada. Cuando volví a Bolivia el mundo que yo conocía se había esfumado: el país era otro y, por supuesto, yo también. Los cuentos de “Vacaciones permanentes” surgieron del deseo de recuperar lo que había perdido. También había una intención explícita de abordar el cuento desde una forma distinta a la de mis inicios: esta vez quería experimentar con distancias más largas y explorar el sentido de la continuidad entre un cuento y otro.  
¿Cuántas horas al día le dedicas a la escritura y la preparación de estos?
No sigo una rutina. Soy capaz de pasar largas temporadas sin escribir. Pero cuando empiezo a escuchar la musiquita puedo sentarme diez horas seguidas por días o semanas, hasta que aparezcan en el texto los contornos de aquello que estoy tratando de capturar. 
  
¿Podrías decirme quieren fueron los escritores que marcaron y de alguna manera te sentiste  influenciada?
Es una pregunta difícil porque hay autores que son fundamentales en un periodo de tu vida, que de hecho configuran tu educación sentimental, pero a los que ya no volvés. Luego están los autores bajo cuya estela querés que te lean, y por último los que estás leyendo mientras escribís. Así que te tiro unos cuantos nombres al azar: Salinger, Fogwill, Kerouac, Hemingway, Bolaño, Jorge Campero, Flannery O’Connor, Denis Johnson, Pessoa y Natalia Ginzburg.

Liliana Colanzi

¿Cuál es el personaje que más se parece a su autora?
Creo que cada ficción es en realidad una auto-ficción, y que al final siempre terminamos hablando de nosotros mismos, de lo que nos hace vulnerables, de lo que nos mantiene en ebullición.  
¿Qué libros no pueden faltar en una biblioteca?
Cada lector o escritor tiene el derecho a crear su propio linaje literario. Sí me agrada la idea de pensar en una biblioteca donde se mezclen todos los géneros, la “alta cultura” con la “popular”, la literatura de todos los continentes. 
¿Qué estas escribiendo ahora?
Cuentos para un nuevo volumen que se llamará Mordor. Aunque algunos se niegan a cerrar, me dan batalla, y ya no sé si califican como cuentos. 
¿Te gustaría escribir un  libro con otro escritor?
Mi única experiencia de este tipo fue con un guión de cine escrito a cuatro manos. Las reuniones para discutir el guión derivaban casi siempre en borracheras, así que no pasamos de la primera versión. No creo que funcionaría escribiendo en colaboración porque mis textos tienden a mutar muy rápidamente. Puedo verme enviando nuevas versiones a diario y volviendo loco al otro colaborador. No sería una buena idea. 

Oscar Domínguez. Ruth

Liliana Colanzi nació en Santa Cruz, Bolivia, en 1981. Publicó el libro de cuentos Vacaciones permanentes (2010). Ha colaborado en medios como Letras LibresEl DeberGranta The White Review. Ganó el premio de literatura Aura Estrada, México, 2015. Reside en Ithaca, Nueva York, y enseña en la universidad de Cornell. Nuestro mundo muerto está siendo traducido al inglés, francés e italiano.