La historia que narra Cristina López Barrio comienza cuando Clara Laguna,
una joven de una belleza incomparable y un carácter rebelde,  vio a aquel hacendado andaluz a lomos de su imponente caballo y supo que se había enamorado hasta lo más profundo de sus entrañas. Su madre, tuerta, contrahecha y hechicera, señalada y marginada en el pequeño pueblo castellano donde viven, le previene de la maldición que, durante años, ha determinado el devenir de las Laguna: están condenadas al desamor.

Para entonces, Clara, ciega de amor, se jacta de las peroratas de su anciana madre y desoye sus impertinentes consejos; con una mezcla entre la pasión del primer amor y el orgullo de saberse bonita,  sucumbe al encanto del señorito andaluz en una noche estrellada.

No cabía nada más en la mente de Clara Laguna que sus sueños e ilusiones a lomos de aquel corcel gallardo y nada hacía presagiar un final distinto a convertirse en la señora del jinete andaluz. Pero de la misma manera que el amor entró en el esbelto cuerpo de Clara, salió arrasando con su razón, con su corazón y con los proyectos de una niña rota por dentro. Él se marchó sin dar ninguna explicación, pataleando el costado de su animal y abandonando a una cría que, gracias a ese golpe y a esa humillación, se convertirá en un ser rencoroso y lleno de odio; oscuro, opaco, pervertido.
Su desdicha exige cada día más venganza hacia el hombre que le arruinó la vida y, en ese camino, decide abrir un burdel a las afueras del pueblo que amasará, si cabe, más malestar con respecto a sus vecinos, sobre todo sus vecinas que verán en aquel lupanar el foco de sus desgraciadas vidas. No podían competir con la belleza de la fundadora, con las ansias de sus maridos por hacerse con sus servicios y con la inmoralidad de la propia Clara que le llevaría al borde del delirio.
Cristina López Barrio
En aquel ambiente libertino y descarado nace Manuela que, al contrario que su madre, nace fea, marchita, casi sin vida, anodina. Cada vez que Clara miraba a su hija, recordaba con desgarro cómo fue abandonada por aquel malnacido, cuánto dolor había tenido que soportar, cuanto mal le deseaba. Tanto que desatendió hasta la propia crianza de su pequeña, la cual cayó en manos del resto de las prostitutas y, en especial, de una mujer muy peculiar. Era una especie de criatura salvaje, una analfabeta con mayúsculas pero con un don para las cacerolas y los guisos. Su manera de expresar todo aquello que las palabras no le permitían porque, entre otras cosas, las desconocía, era a través de sus pucheros, de sus materias primas. La pequeña Manuela se crió entre fogones, olores deliciosos y gruñidos casi animales de aquella improvisada niñera.
La niña se entendió a la perfección con aquel ser salvaje y, desde bien chiquitita, fue haciendo acopio de todo el odio que pudo hacia su madre; por haberla abandonado, por no querer saber nada de ella, a pesar de vivir bajo el mismo techo y porque llevaba una vida que le parecía indecente, inmoral y repulsiva.
Manuela crecerá fría y distante, se convertirá en una joven autoritaria e inquisidora e intentará, por todos sus medios, poner fin a esa maldición absurda que asola a su familia. Decidió, con la rectitud que le caracterizaba, no enamorarse jamás, no compartir su vida con nadie y, ni con mucho, expresar ni un solo sentimiento. A pesar de todo el esfuerzo que hizo, se concedió un solo rato de intimidad y engendró, en este caso, varón.
El relato, en el que se mezcla la fantasía con la realidad, en el que el paso a través de distintas generaciones sucede casi sin darte cuenta, te sumerge en una lectura apasionante. Te atrapa la trama, sus personajes exquisitamente definidos, los escenarios que con cierta poesía narra la autora, el momento en el que se desarrolla; hay veces que tienes la sensación de estar viéndolo con tus propios ojos.
Sucesos que ocurren en todas las familias, desencuentros, amores y perdiciones, todo ello mezclado en un contexto muy difícil, en una época muy complicada. La dinámica del relato te permite realizar un paralelismo con capítulos que cualquiera de nosotros podría haber vivido, invitando al lector a formar parte de la historia de sus personajes, a sentir sus amores y sus odios, a empatizar con todos y cada uno de ellos.
Una obra muy completa, amena y elegante que sorprenderá a más de uno.