París 1941. Plaza del Trocadero. Foto de Roger Schall


Como explica unas cuantas líneas abajo Fernando Castillo, autor del libro que traemos esta semana a colación, “Noche y niebla en el París ocupado. Traficantes, espías y mercado negro” (Fórcola ediciones), la Francia de la Ocupación resumen las contradicciones de los años treinta del siglo pasado en un entorno de brillantez cultural y crisis política. La Segunda Guerra Mundial  tensaría aún más todo. Y los que vivieron esos años, bien desde la barrera, bien participando en un bando u otro, tuvieron que enfrentarse a terribles decisiones, aparte de sobrevivir. Es por eso que mas allá del blanco o del negro (el Bien y el Mal), el color predominante de aquella época fue el gris, no sólo el de las fotos de aquellos años siniestros o de algunos uniformes de los contendientes, sino de la actitud de la mayoría de los ocupados y ocupantes de la Europa en llamas. Un gris que afilaba los rostros de unos y otros, confiriéndoles un aire de lobos hambrientos y que, siguiendo con el tópico, venía a confirmar que el hombre es un lobo para el hombre. Tal vez por eso todavía se escriben miles de libros acerca de la Segunda Guerra Mundial, pues siempre nos gusta observar la cara más extrema y radical de la condición humana, aunque sólo sea por lo cómodo y aséptico que resulta verlo o leerlo desde la butaca del cine o de lectura. 

A los interesados en profundizar en estas historias os invitamos a participar en la charla-coloquio que mantendrán el escritor e historiador Fernando Castillo Cáceres y el periodista Luis de León Barga en torno a literatura y espionaje en el París ocupado. Este es el entorno en el que transcurre la trama del libro de Fernando Castillo, “Noche y niebla en el París ocupado: traficantes, espías y mercado negro. Vidas cruzadas de César González Ruano, Pedro Urraca, Albert Modiano y André Gabison” (Fórcola, 2012).
Y también se tratará la ciudad y el ambiente literario y cultural de donde Gerhard Heller extrae sus recuerdos como responsable de la censura literaria nazi entre 1940 y 1944, que recoge en su libro “Recuerdos de un alemán en París” (Fórcola, 2012), prologado por el propio Fernando Castillo.

Ambos libros darán pie a esta tertulia a la que os invitamos a participar.


miércoles, 16 de enero de 2013

19:30 – 21:00

Librería Rafael Alberti
Calle Tutor, nº 57, 28008 Madrid

  

¿Por qué te atrae el periodo de la Ocupación alemana de París durante la Segunda Guerra mundial?

 Siempre me ha interesado la historia del siglo XX, especialmente los años treinta y cuarenta en los que Europa experimenta una transformación radical, desconocida hasta entonces. En este sentido, a la hora de ver lo que le sucede a las personas y a las sociedades, o ver el cambio de  las mentalidades y de las estructuras, la Francia de la Ocupación es una época y una sociedad que resumen muy bien la realidad y las contradicciones de los años treinta, en un entorno de brillantez cultural, de crisol europeo, más allá de los tópicos, que contrastaba con la crisis política que atravesaba tanto Francia como el continente.
 En realidad, la 2ª Guerra Mundial es muchísimo más que un acontecimiento bélico y político. De hecho creo que ya prácticamente nadie la contempla únicamente de esa forma. Es un fenómeno extremo por su intensidad que afecta a todo lo que define a una sociedad, incluida por supuesto la cultura, y al mundo y que incluso rebasa los límites cronológicos tradicionales. Creo recordar que recientemente Beevor ha propuesto nuevos jalones para su inicio y finalización que rompen con los habituales 1939 y 1945.
No es de extrañar que sea en situaciones límite como la de la Ocupación en cuando aparecen los comportamientos más extremos. Unos momentos en los que, junto a la épica y los valores heroicos, como la solidaridad y la generosidad, parecía triunfar el mal, lo oscuro, convertido en un abismo que atraía irremediablemente a quien se acercaba. En esos años oscuros parece que se rompieron todos los límites, y en un París que vivía todavía un esplendor cultural notable, la moral se volvió  elástica como nunca había lo sido. No es de extrañar que el ambiente de la Ocupación, tan literario como maligno, siga resultando interesante.
París 1944. Cartelera del cine Normandie


¿Qué te llevó a escribir este libro?


En el origen de Noche y niebla en el París ocupado están una serie de casualidades, esas que te dicen que el libro es posible y que luego se convierten en una trama que acaba sustentándolo. En primer lugar se encuentra la aparición en Accident nocturne, una obra de Patrick Modiano, de un nombre y una dirección que me resultaba muy próxima: “André Gabison. Jorge Juan 17, Madrid”. Luego, el reencuentro con el mismo personaje en otras obras del escritor francés como Un pedigrí, en la que se establece su relación con Albert Modiano, su padre, y con otros integrantes del mundo sórdido y complejo de la colaboración económica en el París de la Ocupación.
Poco después, apareció una nueva mención a André Gabison en un trabajo dedicado al tráfico de obras de arte en la Europa del Nuevo Orden a partir de fuentes de archivo aliadas, que dio al personaje una dimensión histórica que luego pude ampliar de manera insospechada gracias a los documentos encontrados en el archivo del Ministerio del Interior.
Por último, hay una coincidencia en el tiempo y en el espacio. Todos ellos están al mismo tiempo en el París ocupado y, excepto Albert Modiano, el resto coincide en San Sebastián y sobre todo en el Madrid de los años cuarenta e incluso  en algún momento de los cincuenta. Pero lo más curioso es que Gabison y Ruano viven en Sitges durante los últimos meses de la guerra mundial. Demasiadas casualidades para no aprovecharlas.
Desde un primer momento pensé en que el mundo parisino, el millieu de la colaboración económica y de los servicios secretos del que participaban Gabison y Albert Modiano, podía ser el mismo en el que se movía Pedro Urraca, el agregado policial en la embajada de España, hoy tan mediático a causa de su intervención en la detención y extradición del entonces presidente del Gobierno catalán, Lluis Companys, y sobre todo de quien, junto a Patrick Modiano, aportaba la literatura en este asunto: César González Ruano. Es este un personaje que en  sus memorias y en las narraciones dedicadas al Paris de estos años deja abierta la puerta a lo que se quiera pensar. Es algo que sorprende pues a pesar de lo etéreo, de lo oscuro y elíptico, lo que dice y lo que insinúa es tremendo.

París 1941. Anuncio de una exposición antijudía.

¿Te ha quedado algún archivo sin ver sobre este caso?

Desdichadamente no he tenido la posibilidad de acudir a todos los archivos que me hubiera gustado, pero creo que lo esencial de los personajes y de su actuación ya es muy conocida.  Ni he podido ni he querido hacer un libro de impacto, basado en supuestos scoops, en documentos inéditos de esos que revelan todo de todo, aunque siempre sea una tentación cerrar un tema. En este caso me ha interesado más la literatura, el ambiente y situar a los personajes, que descubrir lo que pueda quedar por desvelar de CGR o de Urraca, si es que queda algo, pues ambos han sido objeto de magnificas tesis doctorales. Creo que lo esencial de estos  personajes y de  su comportamiento está establecido, aunque haya luces y sombras, y algo de misterio, esencial en cualquier género. También he procurado aplicar cierta  cortesía, tan literaria como imprescindible, que evite la sordidez y la vulgaridad, pero que dista de ser complacencia.
Sin embargo, en Noche y niebla en el París ocupado hay algunas novedades. Desde luego todo lo referido a Gabison, y sus andanzas españolas , sus contactos tan modianescos, es una información que hasta ahora permanecía escondida en los archivos, y que revela el grado de supervivencia que tienen ciertos individuos.
Más novedoso aun es lo referido a la suerte de Michel Szkolnikov, el más destacado y  misterioso traficante francés durante la Ocupación. En este caso sí cabe hablar de una primicia. Por vez primera que yo sepa en Noche y niebla…se refieren los extremos de sus actividades y de su  muerte en España y los responsables de la misma. Hasta ahora se ponía en duda su destino, incluso en obras tan trabajadas como la de Patrick Miannay o la más temprana de Delarue.

También son inéditas las actividades  de muchos secundarios y sus vinculaciones entre sí. Un listado en verdad modianesco de lo que se puede considerar “gente rara”, dedicada a actividades un tanto fronterizas que encabezan Gabison o el propio González Ruano, y que son especialmente curiosas en el Madrid de los cincuenta y sesenta.

París 1942. Cafe de Flore. Jean Paul Sarte sentado a la derecha.

¿Tu libro es un ejercicio de nostalgia, memoria histórica o investigación detectivesca?


Quizás el propósito esencial al escribir este libro fue hacer algo diferente del ensayo histórico, de la biografía sesuda y exhaustiva, y aproximar los personajes a la literatura, aunque sin caer del todo en la ficción. Ha sido una suerte de quest colectiva de los cuatro personajes en la que el ambiente, el contexto, es un elemento esencial del relato. Incluso diríamos que el entorno histórico puedes ser considerado el personaje fundamental del libro.
Hay, en efecto, algo de investigación, de recuperación, de mirada poliédrica a un periodo especialmente intenso del que, como sucede con tantos otros, parece que se ha dicho todo pero de los que aun quedan aspectos por precisar y formas diferentes de acercarse. 

Como lector asiduo de las obras del novelista francés Patrick Modiano, ¿cómo definirías sus novelas y estilo? ¿Qué te gusta en él?


Son muchas cosas, desde la forma de acercarse al pasado histórico o a su propio pasado, que es muy eficaz y novedosa, tanto que en ocasiones cuesta incluir sus obras en un género. Es lo que se ha denominado autoficción, expresada con una economía en el estilo que es muy apropiada para los asuntos de los que trata. Hay, eso sí, la melancolía que impone toda reconstrucción del propio pasado vista a través de algo de neblina.
En las páginas modianescas hay también un aliento lírico –muy alejada de la más afectada prosa poética– que lo envuelve todo de manera elegante, especialmente al referirse a los sentimientos, que aparecen tratados con una contención menor de lo parece.

París 1941. Inauguración de la exposición sobre la Nueva Europa. Foto de Zucca.

  Si tuvieras que encasillarlo dentro de un género determinado, ¿cuál sería?
La obra de Modiano es tan semejante como distinta. Es un lugar común, y no desacertado, decir que siempre escribe el mismo libro. Y es que quizás sea así y a lo mejor la obra de Modiano es en realidad un solo libro compuesto de la suma de todas sus narraciones. Esto es ya un hallazgo, como también lo es la autoficción, que supone un rasgo de modernidad al romper con la estructura de los géneros, al crear una especie de autoquest en la que los recuerdos son, más menos  adaptados o literalizados, la materia prima de su narrativa. Es el apogeo de lo cotidiano, el triunfo de la búsqueda de misterio donde no lo hay .
La forma de  aproximarse a una época como la de la Ocupación, también es novedosa pues en la literatura modianesca la política tiene un lugar muy secundario. El camino escogido, es decir la recreación del ambiente de las bandas de gánsteres que colaboraron con la Gestapo, encabezados por La Carlingue y seguidos por las de Rudy de Merode o Massuy, las alusiones a su padre y a los bureaux de compra es un método muy novedoso de contemplar una época todavía llena de sombras.
De los cuatro personajes de este libro, y a los que sigues en tus pesquisas, ¿cuál te es más simpático?
No es este un sentimiento que despierte ninguno de los protagonistas de Noche y niebla en el París ocupado. Quizás hay uno que por encarnar cierta poética de la derrota inspira algo más de comprensión. Se trata de Albert Modiano, el eterno negociante que jamás remata bien ninguna de las operaciones que emprende y que frecuenta compañías tan peligrosas como indeseables. Un tipo en el fondo oscuro que recuerda a los picaros del Siglo de Oro,  que se adivina infeliz, que vive en la provisionalidad arrastrado un poco por los acontecimientos, que no consigue ser del todo un canalla.  Un perpetuo aprendiz de delincuente a la espera de la operación perfecta que nunca acaba por llegar.
Mas interesantes son a veces los personajes secundarios, que son muchos, pues  es un libro por el que quizás circula demasiada gente. Entre ellos hay algunos de interés, tanto como el de los protagonistas, y los hay también que despiertan sentimientos diferentes, incluida la compasión como es el caso de Yolanda Rodríguez, cuya vida distó de ser fácil en los años mas complicados de una persona y de un país.
Hay también un personaje, inaprensible, que no pude o no supe dar con él, ni establecer que le ocurrió. Un fantasma que desapareció en Madrid en un momento a comienzos de los 60’s. Se trata de Kate Lieffrig, la compañera de André Gabison de los tiempos del Abwehr y de las oficinas de compra parisinas al servicio de Alemania. Un personaje oscuro que acabó viviendo en Madrid, a dos pasos, y del que llegué a pensar algo tan literario como que Kate Lieffrig y Yolanda Rodríguez fueran la mima persona. Desdichadamente no era así,  pues ahí había otra novela.


París 1944. Representación de Antígona de Jean Anouilh con trajes modernos en el teatro del Atelier.

¿Tu impresión personal sobre por qué fue encarcelado González Ruano en el París de 1942 por la Gestapo cuál es?

Creo que todos hemos llegado a idéntica conclusión sin necesidad de recurrir a hallazgos impactantes. César González Ruano (CGR) se dedicó al tráfico de todo aquello que resultaba rentable en el París ocupado. Al mercado negro de todo tipo de mercancías ofrecidas a todo tipo de clientes y conseguidas de cualquier forma, licita o ilícita, fueran verdaderas o falsas, pero que permitían ganar dinero con facilidad. En  fin, el escritor se dedicaba  a aprovechar sin ningún escrúpulo los momentos difíciles para enriquecerse. Se afanaba en aplicar en beneficio propio un verbo adaptado por los españoles que vivían en Montparnasse, el verbo debruillarse, algo así como apañárselas, arreglárselas. Lo que, en el contexto del Paris alemán, es decir mucho.
Probablemente, la mayor parte de la leyenda parisina de CGR es cierta. Lo que no me consta es esa implicación, esa complicidad en el  asesinato y saqueo de de refugiados judíos en territorio andorranos que se le adjudica ahora. Una cosa es vender cuadros falsos, joyas de ocasión o pasaportes, y otra llamar acto seguido a la Gestapo para que cazaran al cliente. Eso me parece un paso  más que no me consta que diera, como tampoco me lo imagino formando parte de una trama demasiado compleja y organizada. Era fundamentalmente un traficante de ocasión, un free lance diríamos hoy, que sin muchos escrúpulos hacía negocios con todo el mundo, incluidos los gangsteres colaboracionistas. Todo sin dejar de relacionarse con todo tipo de personas, desde el embajador Lequerica o Gregorio Marañón a  los exiliados republicanos españoles, lo que demuestra que la política y la ideología son cosas elásticas para mucha gente. 

Y el papel de España respecto el ocupante y el Gobierno de Vichy francés en ese momento fue de colaboración o neutralidad?

Durante la 2ª Guerra Mundial, España tuvo una actitud de inequívoca proximidad hacia Alemania y hacia el régimen de Vichy, con quien existía una gran proximidad ideológica, especialmente destacable entre Franco y Petain. Todo ello, traducido en la práctica, se reflejó en la facilidad con que los alemanes operaban en España, un paraíso para los agentes del Abwehr y el SD, o en los apoyos más o menos encubiertos que tenían los aviones y submarinos por parte de las autoridades españolas. Aunque España fue al extremo en su condición de “no beligerante”, que no es lo mismo que neutral, al enviar al frente del este a la División Azul, la presión de Gran Bretaña y los Estados Unidos y el poco entusiasmo de Hitler por tener a  Franco como aliado a causa de sus exigencias y de la situación en que se encontraba España,  hizo que la implicación española no fuera mayor. 
  
En este sentido, ¿cómo definirías el papel del agregado policial español en la embajada española en París, Pedro Urraca?

Era un funcionario más eficaz que entusiasta a la hora de cumplir con las funciones encomendadas. Hombre de familia acomodada y de profundos sentimientos conservadores, partidario de los sublevados durante la guerra y luego, por aquello del resorte anticomunista, simpatizante con los alemanes. En el fondo Urraca era más monárquico que falangista –son las cosas del fascismo al hispánico modo–, que tenia la vehemencia castrense de quien sin ser militar tiene estrechos vínculos familiares con una institución de la que le hubiera gustado formar parte, aunque luego su debilidad fuera la diplomacia.
Era un policía más técnico, más funcionarial que entregado, que obedecía las órdenes del Ministerio  y del embajador no diría que compartiendo entusiasmos doctrinales, aunque tampoco con aprensión ni reticencias. Tenía, como tantos otros de la época, la seguridad de que la verdad y Dios estaban de su lado y eso es un buen pasaporte para obedecer sin rechistar esas ordenes que suelen recibir quienes están en los servicios de seguridad. Desde luego Urraca sabia a que se dedicaba  y las cosas que deparaba su oficio, y al servicio de quien las llevaba a cabo.
París 1942. Deportación de judíos franceses hacia los campos de concentración.

¿Por qué hubo judíos implicados en la colaboración con los alemanes?
En ese especial entorno en el que confluyen los servicios de seguridad, la policía, el dinero, el mercado negro, la información, los delincuentes de guante blanco y los hampones de todo pelaje que se desarrolla en los momentos de guerra, caben todos los individuos, siempre y cuando sean de utilidad a la autoridad de turno. Tanto Gabison como Albert Modiano eran piezas del complejo engranaje de las oficinas de compra montadas por el Abwehr en la Francia ocupada que cumplían a satisfacción de los alemanes. Esta funcionalidad, unido a que contaban con la nacionalidad francesa, permitió que la condición  de judíos de ambos personajes se dejara a un lado, al menos durante un tiempo. Era un poco la aplicación de la boutade que respondió Goebbels, otros dicen que fue Heydrich, cuando le señalaron que una de sus amigas actrices era de origen judío: “en el Reich yo decido quien es judío”, dejando entender que la autoridad indiscutida lo puede todo.
Sin embargo, en el contexto de la Europa del Nuevo Orden la situación era anómala y por lo tanto insostenible. No es de extrañar que en 1943, cuando ya la solución final hacía que los hornos de Auschwitz funcionasen a pleno rendimiento y el Abwehr cedía ante el SD, confirmando el predominio de las SS sobre la Wehrmacht, tanto Gabison como Albert Modiano desapareciesen de la escena.  Uno se instaló en la siempre acogedora España, protegido y al servicio de sus amigos alemanes del Abwehr y el otro situándose en la clandestinidad más peligrosa del París ocupado, aunque con el respaldo de algún lauristoniano.
De todas las bandas de gánster que colaboraban con la Gestapo y a beneficio propio cuál fue la que más poder tuvo?
Probablemente fuera la conocida como La Carlingue, la banda de Bony-Lafont, instalada en el 93, Rue Lauriston, de la que surgieron otros grupos y con la que colaboraron o tuvieron relación otros nombres del elenco más siniestro de la Ocupación: Rudy de Mérode, Georges Delfanne, alias Massuy, Berger y los de la rue de la Pompe… Todos formaban la llamada Policía Alemana o, si se quiere, la Gestapo Francesa, que alternaba los negocios y la represión política pura y dura.
Por el contrario, si hablamos de traficantes y negociantes, hay dos nombres que destacan por encima de todos: Joseph Joanovici y, muy especialmente, Michel Szkolnikov, quienes realizaron grandes negocios y reunieron espectaculares fortunas y patrimonios durante los años negros.  


¿La película “Lacombe Lucien” de Louis Malle refleja bien ese periodo?

“Lacombe Lucien”, cuyo guión es de Patrick Modiano, es una película de Louis Malle que conmocionó a toda Francia al aproximarse a la Ocupación desde la perspectiva de la Policía Alemana y de la colaboración, hasta entonces medio olvidada. A través de un remedo de La Carlingue situada en el centro de Francia durante el tremendo verano de  1944, Malle y Modiano muestran la realidad de los gángsteres de la colaboración que ya había descrito el escritor en La ronda de noche y en Los bulevares periféricos en términos semejantes. Aunque todos hubiéramos preferido que la historia se hubiera desarrollado en Paris, el entorno del hotel des Grottes por el que desfilan los tipos más siniestros, refleja a la perfección lo que debió ser el entorno del 93, rue Lauriston. En muchos aspectos, “Lacombe Lucien” es una película que aun no ha sido superada.
¿Qué otros libros has escrito?

He escrito varios libros de historia como Estudios sobre cultura, guerra y política en la Corona de Castilla. Siglos XIV-XVII, (Madrid, CSIC, 2007) en el que trato distintos asuntos de literatura, cultura, política e historia  en un periodo entre el fin de la Edad Media y la Moderna, de transformación. Otro también más o menos  multidisciplinar es Sierra e Historia. El Guadarrama del neolítico al siglo XX, (Madrid, Ed. La Librería, 2009), una aproximación global, histórica y cultural, a este espacio geográfico considerado como sujeto histórico.
Fernando Castillo

Luego citaría una obra más cercana al ensayo, Capital aborrecida. La aversión a Madrid en la literatura y la sociedad, del 98 a la posguerra,  (MadridEd. Polifemo, 2010), que a pesar de su titulo esta lejos de ser una obra localista. Al contrario, en ella Madrid es la excusa pues se contempla como el epitome de la ciudad moderna, industrial y masificada, la urbe que concilia el rechazo de sectores generalmente conservadores, expresado en la literatura, el arte y el discurso político.
 
En idéntica línea estaría también Madrid y el Arte Nuevo. Vanguardia y arquitectura.1925-1936, (Madrid, Editorial La Librería, 2011), una obra que tomando como eje el desarrollo de la arquitectura en Madrid, es en realidad una aproximación a la realidad de la vanguardia en la capital tanto en la música como en el arte, todo en conexión con el contexto histórico. También próximas al ensayo está El siglo de Tintín (Madrid, Páginas de Espuma, 2004) y su posterior  revisión, Tintín-Herge, una vida del siglo XX, (Madrid, Editorial Fórcola, 2011),  dos obras las que tomando como eje la vida comparada del dibujante y su personaje, se revisa el periodo 1929–1983 combinando la biografía de uno y las aventuras de otro. Para finalizar, incluiría dos libros dedicados a la historia de la fotografía,  La vida cotidiana en el Ejército (1855-1925) (Madrid, Ministerio de Defensa, 2006)  y Hombres y Barcos. La fotografía de la Marina española en el Museo Naval (1850-1935) (Madrid, Ministerio de Defensa, 2007).


París 1943. Entrada del hipódromo de Longchamp. Foto de Zucca

Fernando Castillo Cáceres (Madrid, 1953) es licenciado en Ciencias Políticas y Ciencias de la Información, profesor de historia y funcionario. Su trayectoria profesional en la Administración Pública en diferentes Departamentos ha estado siempre ligada a los estudios y a la gestión cultural en áreas como la defensa y las relaciones internacionales, el derecho, la historia y las ciencias sociales. Así mismo, desde diversos puestos administrativos y del ámbito privado, ha llevado a cabo diferentes proyectos culturales de carácter artístico y editorial.
Ha comisariado exposiciones de pintura y fotografía («La vida cotidiana en el Ejército. Fotografías 1855-1925»; «Periodismo gráfico y línea clara: Luis Bagaría. Dibujos de El Sol, 1920-1930»; «Dos miradas, una visión. Los dibujos de guerra de Carlos Sáenz de Tejada y Joaquín Valverde»; «Punto de Encuentro. Confluencias entre arte y literatura 1919-1945»). Así mismo, ha publicado varios libros y numerosos artículos en revistas universitarias y especializadas acerca de historia cultural y social.