Para los que tienen familiaridad con Italia y España, perciben de inmediato  la similitud entre la Guardia Civil y los Carabinieri. Además del parecido en las tareas y en la percepción de los ciudadanos, ambos cuerpos de policías militares tienen el título de “Benemérita”. En Italia, la definición se remonta a un informe de la Comisión de Interior de la Cámara al gobierno de 1864; en España a un real decreto del 4 de octubre de 1929. Incluso los sombreros se parecen. Autor de relatos de viajes famosos, así como de novelas y cuentos, el inglés William Norman Trevor Sansom en su libro de 1964 Away to It All comparó los Carabineri y Guardia Civil desde un punto de vista visual, explicando que  ambos “tienen en común el exotismo, el colorido y el parecido de sus vestuarios a los de los salones de baile del siglo pasado”. Pero mientras califica el Carabiniere de figurín de ópera inserto en un paisaje de automóviles y martinis  debido a su uniforme de cola y su sombrero con forma de melón, el guardia civil aparece en la imaginación del viajero como elemento de un paisaje rural inserto en las coordenadas de un autobús repleto de campesinos procedentes de blancos pueblecitos, con aspecto de cruce entre mariposa de ojos negros (por las gafas de sol) y un napoleón (por su sombrero).

Una diferencia es que mientras la Guardia Civil es una Fuerza Armada, los Carabineri han sido durante 186 años un Arma del Ejército: de hecho, el “Primer Arma” antes de la Infantería. Caballería, Artillería, Ingenieros y Transmisiones. Solo en 2000, después de 186 años de historia, se convirtió en la Cuarta Fuerza Armada, aún manteniendo el nombre de Arma dei Carabinieri. Además, a diferencia de España, Italia ha hecho las dos guerras mundiales, los Carabineri a menudo se encontraron combatiendo en la primera línea del frente, y por eso sus divisiones llevan el nombre de batallas en las cuales los Carabinieri tomaron parte: Pastrengo, Podgora, Ogaden, Vittorio Veneto…

En realidad, una gran parte del parecido se debe al hecho de que tanto los Carabinieri como la Guardia Civil se inspirarón en el modelo establecido en 1791 por la Gendarmerie francesa. Los Carabineri, sin embargo, nacieron en 1814, treinta años antes de la Guardia Civil. Y cuando la Guardia Civil española, a pie y a caballo, fue fundada durante el reinado de Isabel II, el 28 de Marzo de 1844, tuvo muy presente la organización de los Carabineri del entonces Reino de Cerdeña. La misma primera “Carta de la Guardia” fue claramente inspirada por el Reglamento General de los Carabinieri de 1822. Aún más directa fue la inspiración que los Carabineri italianos dieron a los Carabineros chilenos. El Cuerpo de Carabineros de Chile, de hecho, fue organizado por Torquato Cremonesi y Felice Riva: dos “marescialli maggiori” de los Carabinieri italianos llegados en Chile por solicitud del Gobierno de Santiago al Gobierno de Roma para servir como instructores. Los dos regresaron a su hogar en agosto de 1911 y se les otorgó la Cruz del Mérito Militar, que era la única decoración que existía en Chile en la época.

En 1844, sin embargo, Italia aún no existía. En 1911, en cambio, celebró los cincuenta años de una Unidad en la que entre las instituciones del Reino de Cerdeña que se habían extendido a toda la Península, una de las más importantes había sido precisamente la de los Carabineri. Y precisamente este papel se investiga en un libro recién publicado y que comienza con una notación sorprendente. “Creemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, está escrito en la Declaración de Independencia Norteamericana del 4 de julio de 1776. “Hemos establecido contribuir cada vez a mayor la felicidad del Estado, que no puede estar ausente de la protección y defensa del bueno y fieles Sujetos Nuestros, y el castigo de los culpables”, está escrito en las Patentes Reales con las cuales el 13 de julio de 1814 Vittorio Emanuele I creó el arma de los carabineros.  Lo recuerda (ETS, pp.224, 17 €), un libro que fue presentado en el Museo Histórico de los Carabinieri en Roma. “Incluso en la primera Constitución francesa de 1792 habla de la felicidad”, nos explicó Corrado Veneziano: profesor de Lengua y Cultura Italiana en el Conservatorio de Santa Cecilia, y autor de la primera parte del volumen, que está dedicada al papel que los Carabinieri del 1814 al 1914 han tenido para la formación de la identidad cultural italiana. “En realidad, el concepto fue desarrollado por Gaetano Filangieri: un gran jurista napolitano que se encontraba en su casa en París y con quien Benjamin Franklin había intercambiado un importante epistolario. El derecho a la felicidad es una idea que comenzó en Italia y luego regresó con los Carabinieri a través de los Estados Unidos y Francia”.

Como siempre explica Veneziano, “los Carabineri tienen una misión que desde el principio no solo es represiva, sino también civil. Apoyo, escucha e incluso estímulo hacia posiciones territoriales más marginales”. El maresciallo o el brigadiere comandante del puesto o estación son al mismo tiempo el primer punto de conexión entre el Estado y la población, pero también un confidente o amigo con el que se puede contactar, un poco como el sacerdote. Y, de hecho, entre la literatura, el cine y la televisión hay toda una línea de representación del carabiniere que ayuda y rescata y que está presente en la realidad cotidiana. Una imagen que desde el Libro Corazóny Pinochioa través del personaje de Vittorio De Sica en Pan, amor y fantasíallega al Maresciallo Roccao a ese Don Matteo en el que, justamente, párroco y maresciallo actúan juntos.

Veneziano estudia en particular la manera en que muy en anticipo con los tiempos fue impuesto a los Carabinieri  de tener una buena cultura y de llevar a cabo con la población un trabajo a menudo didáctico. “Junto con las parroquias y las pocas escuelas que existían”, recuerda Veneziano, “los Carabineri han jugado un papel importante a través de un trabajo diario constante de mediación lingüística particular y reconocible con el territorio. Por lo tanto, también la enseñanza de la lengua italiana. La capacidad de comunicarse, de armar el contenido de las frases, para elaborar un discurso. De alguna manera, ellos responden a este tipo de requisitos. Entonces los Carabinieri son modernos también porque están preocupados desde el principio por una visión futurista de los aspectos simbólicos: el vestido, la pluma, los colores. Por esta razón, ningún otro cuerpo militar ha tenido el mismo grado de penetración que los Carabinieri en el imaginario colectivo italiano”.

“¿Y si la tarea de unificar Italia (culturalmente, lingüísticamente, antropológicamente) ha sido  también la obra de los carabineros? ¿Si ya antes de la enseñanza obligatoria, la aparición de partidos políticos, la radio, la televisión, fue el paciente y diario trabajo de la tropa, suboficiales y oficiales del Arma de asegurar una red de relación e intercambio entre territorios?”, son las dos preguntas a partir de las cuales comienza el volumen. En la segunda parte Mariateresa Gammone, profesor asociado en el Departamento ‘MESVA’ ​​dela Universidad de Aquila, examina los Carabineri como religión civil. Vendrían a ser los portadores máximos en Italia del sentido de Estado. Y en la tercera parte Francesco Sidoti, profesor de criminología desde 1994, habla de la relación entre “el partido de los Carabinieri y la identidad italiana”. En el país partitocrático y clientelar por excelencia, los Carabineri son la única “facción” por encima de las partes. Tanto es así que fue a ellos que el rey pidió detener a Mussolini en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial. Pero luego el Arma, fiel a la dinastía por definición, dejó de serlo para adherirse a la república sin ningún problema.

Justamente Sidoti en su parte trata de Alberto Asor Rosa: famoso intelectual de izquierdas que en 2011 en el Manifesto, “diario comunista”, pide a los Carabinieri que hagan un “golpe democrático” contra Berlusconi. “Un hombre con su historia en la izquierda que invoca a los generales. ¿No se avergüenza?”, le pregunta el periodista Luca Telese. La respuesta: “el aprecio por la policía y los carabinieri es parte de la maduración casi centenaria de la cual son vocero” (Asor Rosa tiene 85 años). Sidoti señala que “los primeros en preocuparse fueron los Carabinieri, que estaban a miles de kilómetros de esa mentalidad, extraordinariamente ajena a sus orígenes y su historia”. Pero Asor Rosa vino a la presentación como invitado de honor. Y de él surgió una importante apreciación: “durante los dos siglos que nos han precedido, muchas fuerzas, incluso compitiendo entre sí, se han comprometido a fundar la unidad italiana y la identidad nacional. Este libro se agrega meritoriamente a la lista y estudia, en profundidad, la contribución que esta difícil empresa ha dado a lo largo de los años al Arma dei Carabinieri”. Como aún dice Veneziano, “lo que le gustó mucho es el entretejido de sociología, pedagogía y filosofía que distingue el libro”.