Nicanor Parra. Archivo familiar

 

Al leer esta magnífica edición bilingüe español/francés de los Poemas y Antipoemas de Nicanor Parra, acompañados de una Antología, traducidos por Bernard Pautrat con la colaboración de Felipe Tupper que también es el editor, imaginamos que el centenario poeta chileno (nació en 1914, en San Fabián de Alico) seguirá mirando al Pacífico desde su casa de Las Cruces, a unos cien kilómetros al suroeste de Santiago de Chile.

Al igual que Cicerón en su “De Senectute”, Parra pensará que a una cierta edad mas que los conceptos cuentan los afectos. Desde luego tiene los de sus lectores gracias a una poesía que cautiva y nos conduce a ras de tierra, cerca de donde pisamos todos y lejos de hermetismos y cultismos. La antipoesía donde también hay sitio para la epopeya diaria y en la que la métrica va del verso libre hasta el endecasílabo. Parra se presenta al lector con la ironía y un lenguaje coloquial que nos gusta escuchar a solas con el texto abierto.

Desconocemos si este físico y matemático tiene mas pasado que devenir, mayores nostalgias y ansias que proyectos, pero no hay hombre que no crea vivir un día mas aunque sólo sea para mirar al océano y escribir cartas.

Las de Nicanor Parra son las cartas de un poeta que duerme en una silla como tituló otro poema suyo y que concluye diciendo que le da sueño leer sus poesías. A nosotros desde luego no. Y sin embargo fueron escritas con sangre, escribe en la última línea.

Abrimos una página de este antología y leemos:

 

Cartas a una desconocida.

 

Cuando pasen los años, cuando pasen

Los años y el aire haya cavado un foso

Entre tu alma y la mía; cuando pasen los años

Y yo solo sea un hombre que amó,

Un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,

Un pobre hombre cansado de andar por los jardines,

¿Dónde estarás tú? ¡Dónde

Estarás, oh hija de mis besos!

 

En la introducción de este libro, Philippe Lançon viene a decir que no es poco envolver en unos versos a los hombres que alguna vez quisieron ser más inteligentes, salvajes, lúcidos y solitarios. Nicanor Parra lo consiguió. Estamos de acuerdo.

 

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