Hubo un  tiempo en que
corríamos hacia un paraíso que se encontraba en un garage muy especial en el
Soho, en Manhattan, y para ser más exactos en el 84 de King Street. Su rey se
llamaba Larry Levan y él fue el que creó la dinastía de Djs que dominaron luego
en todos los lugares de esta tierra.

Levan tenía sabiduría para llevar a la gente a la pista de baile y
tenerla bailando varias horas entre efectos especiales, luces y una música que
lo mismo te levantaba hacia el cielo que te relajaba o excitaba, en un dialogo
que él establecía con su público.
Eran unos años duros en Nueva York, la agresividad reinaba en las
calles y había barrios y zonas que era mejor no pisar y estoy hablando del
mismo Manhattan porque nadie se aventuraba mas allás de la calle cien, y
Harlem, el Bronx y algunas zonas más estaban prohibidas, sobre todo si eras un
blanco paliducho, con gafitas y delgado como era y es mi caso.
Larry Levan

 

Pero el garaje del paraíso era un remanso de paz para razas
diversas y preferencias sexuales variadas. Primero había que guardar fila y a
veces la cola era inmensa y en el frío invierno de Manhattan no resultaba
agradable esperar. Como la mayoría de los clubes de aquí debías tener carné de
socio para entrar.
Pero una vez dentro bajabas la rampa y te adentrabas en un mundo
distinto. Lo que antes había sido un garaje, tras las obras de remodelación
disponía de vestuarios, salas para relajarse y una gran terraza jardín que
abría en verano. El aforo total era para unas 4.000 personas, pero lo que le
hizo distinto fue que su dueño, Michael Brody, le dio un aire en el que lo
festivo o lúdico tenía más importancia que el negocio en sí.
Sólo los que somos mayores y estuvimos allí, en las noches de  Manhattan, sabemos de lo que hablamos. Yo
aterricé al poco de ser inaugurado, en el invierno de 1978. El local cerró en
1987, pero hacía años que ya no vivía allí. No me gustan las decadencias ni los
funerales así que mejor está.
El Paradise Garaje hoy día, sede de una compañía

 

Pero mientras viví en Nueva York fue el lugar donde  había que estar. Ya sabes de lo que hablo
hermano. Yo los vi. Mick Jagger, Stevie Wonder, Diana Ross, Grace Jones…
Levan sabía como hacer las cosas, cambiar los ritmos, apagar las luces, subir
la música, disminuir el aire acondicionado para elevar la temperatura y luego
enfriar el ambiente de golpe mientras sus bolas de cristal, situadas
estratégicamente, brillaban con mil reflejos.
Levan las limpiaba y colocaba en los sitios adecuados. Sí, creó
escuela, inventó todos los trucos que después usaron todos los llena pistas del
mundo pero fue y sigue siendo el mejor porque era un perfeccionista obsesionado
con el sonido y los efectos especiales.
Fue el primero que produjo sus discos, usó varios platos a las vez
y editó música encima de una base, o hizo uso de videoclips en una pantalla
gigante, vídeos que no eran los videoclips al uso de ahora y que había editado
él. Y también cantaba o hablaba a la gente de la pista que a su vez le
respondía.
Yo creo que fue uno de los primeros clubes que abrían los sábados
por la noche y cerraban los domingos por la tarde. Pero las mil o dos mil personas
que bailaban no eran autómatas como lo que sucedió luego en las pistas, sino
que formaba parte de una comunidad que comunicaban unos con otros reunidos
alrededor del rito del baile.
Grace Jones y Mel Chener

 

El Paradise Garaje era
una  fiesta no un negocio, algo difícil de
entender hoy día. Hacerse socio costaba dinero, pero no era mucho lo que
necesitabas pagar.  Me imagino que tener
cuatro o cinco mil socios daba para bastante, como comprar el mejor sistema de
sonido y luces. Pero eso no era todo. Disponías de comida gratis, lo mismo que
el café y los refrescos. Había gente que se tiraba bailando doce horas entre
descansos y necesitaba reponer energía. No se vendía alcohol aunque al
principio mucha gente lo introducía de forma clandestina y lo mezclaba con los
refrescos. El consumo de drogas, como en todos los clubes, existió, pero no era
un asunto mayoritario. Puesto a evadirte, tenías de  sobra con la música, las luces y los trucos
de Levan. Por eso era un sitio distinto, donde la gente hacía lo que quería,
pero sin estar bebida. También hubo grandes actuaciones y  conciertos.
Pero con el tiempo pasó un poco lo mismo de siempre. El alquiler
del local no pudo ser renovado y el dueño, Michael Brody, murió de sida. Levan
se encontró perdido. Era un DJ particular. Que lo mismo detenía la sesión y se
ponía a limpiar un espejo o colocar un altavoz en otro lugar. Encajaba mal en
lo que vino después y sus adicciones a las drogas se intensificaron y le
pasaron factura. Murió el 8 de noviembre de 1992, pero dejó el recuerdo de todo
buen mago. Quien ha bailado bajo su batuta lo sabe bien. Levan fue pura  magia.

 

 

There was a time where we looked
for Paradise in a very special garaje in Soho, Manhattan, or, to be more exact,
on 84 King Street. The king was Larry Levan and he was the one who created the
dynasty of Djs that dominated all the clubs on earth.
Levan knew how to get everyone on
the dance floor and have them stay for hours using special effects, lights and
a music tricks that would lift you up to heaven, relax and excite you through a
dialogue he established with his audience.
These were hard times in New
York, aggressiveness ruled the streets and there were neighborhoods and areas
that were better avoided and I’m talking about Manhattan itself because no one dared
go above 100th street, and Harlem, the Bronx and a few other buroughs were off
limits, especially if you were a skinny, pale white man with glasses like me.
But the Paradise garage was a
haven of peace for people of diverse races and varied sexual preferences. First
you had to stand in long lines and it was not pleasant to wait in the cold Manhattan
Winter. Like most of the clubs, you needed to be a member to get in.
Once indside the club you went
down a ramp and into a different world. What had previously been a garage,
after some remodeling work now had changing rooms, rooms to relax and a large
garden terrace that was opened in summer. The total capacity was for about
4,000 people, but what made it different was that its owner, Michael Brody, who
gave it an air that the only thing that mattered was the party and having a
good time, more so than the business itself.
Only those of us who are older
and were there, in the Manhattan nights, know what we are talking about. I
landed soon after it was inaugurated, in the winter of 1978. The place closed
in 1987, but for years I had no longer lived in Manhattan. I don´t like
dedadence or funerals, so it was for the best.
But while I lived in New York it
was the place to be. You know what I mean, brother. I saw them. Mick Jagger,
Stevie Wonder, Diana Ross, Grace Jones … Levan knew how to do it all, change
the rhythms, turn off the lights, turn up the music, lower the air conditioning
to raise the temperature and then all of a sudden cool down the room while the
strategically placed glass disco balls shone from the ceiling reflecting
thousands of points of light.
Levan cleaned the glas lights and
placed in the exact right places. Yes, he invented all the tricks that were later
used to fill the world’s dance clubs but he was, and continues to be the best,  because he was a perfectionist obsessed with
sound and special effects.
He was the first to produce his own
albums, he used several records at a time and edited music on top of a base, or
put video clips on a giant screen, videos that he had edited himself and not
the ones beings used today.  He also sang
or spoke to the people on the dance floor who in turn answered him.
I think it was one of the first
clubs that opened on Saturday nights and closed on Sunday afternoons. But the
thousand or two thousand people who danced were not robot-like dancers, as we
saw in later years, but they were part of a community that communicated with
each other through the ritual of dance.
The Paradise Garage was a party,
not a business, something difficult to understand today. You had top pay to
become a member but it not expensive. I imagine that having four or five
thousand members gave enough to buy  the
best sound and light systems. But that was not all. You had free food, coffee
and soft drinks. There were people who danced for up to twelve hours and
between breaks they needed to replenish their energy. No alcohol was sold
although many people introduced it secretly and mixed it with soft drinks. Drug
use, as in all the clubs, existed, but it was not a major issue. In order to
forget yourself you had more than enough with the music, lights and Levan’s
tricks. That’s why it was a different place, people did what they wanted, but
without being drunk. There were also great performances and concerts.
 But with time, the same thing happened that
happends everywhere. The rental on the garage could not be renewed and the
owner, Michael Brody, died of AIDS. Levan found himself lost. He was a unique
DJ, they type that could stop a sesión to go clean a mirror or to move a speaker.
He didn´t fit in well with what came after and his drug addictions intensified
and took their toll. He died on November 8, 1992, and he left the memory of every
good magician . Whoever has danced under his baton knows it well. Levan was
pure magic.