Julia Fullerton-Batten. Green dress 2009. 

Hace unos meses la Biblioteca Pública de Nueva York compró los archivos del psicólogo norteamericano Timothy Leary (1920-1996) por 900.000 dólares (unos 635.000 euros), lo que nos trajo a la memoria la movimentada vida y milagros del apóstol del LSD o la dietilamida del ácido lisérgico descubierta de forma casual por el químico suizo Albert Hoffman, en 1943, cuando trabajaba en Zurich en los laboratorios de la compañía farmacéutica Sandoz.
Hasta 1966, en que fue declarado ilegal en Estado Unidos, el LSD se utilizaba en psiquiatría y psicoterapia para facilitar el análisis, ya que bajo el influjo de esta droga se reciben estímulos emocionales muy intensos. Tal vez por ello, la CIA experimentó con esta sustancia para emplearlo en los interrogatorios.
Pero quien divulgó el potencial sicodélico de ciertas drogas visionarias fue el escritor Aldous Huxley con su libro “Las puertas de la percepción” (1954) en el que narraba su experiencia con la mescalina, que fue muy leída en los medios universitarios americanos. Sin embargo, este narcótico denominado psicodélico, que quiere decir que dilata la conciencia, pasó de fármaco a droga de placer a comienzos de la década de los años sesenta del siglo XX gracias a la publicidad de algunos “famosos” que la habían experimentado en el psicoanálisis y contaron su experiencia a la prensa y televisión, como hizo el actor Gary Grant a la revista “Look”, en 1959. Grant confesó que había probado LSD con varios psiquiatras más de 50 veces y que, gracias a ello, había conseguido la verdadera paz interior y el conocimiento de si mismo.
Es aquí cuando entra en escena Timothy Leary, por entonces un prometedor sicólogo que había realizado algunas investigaciones de vanguardia sobre la diagnosis de la personalidad. En 1960, y con 40 años de edad, Leary ingresa en un nuevo mundo durante un viaje que hizo a México para probar los hongos mágicos como medio de acceso al inconsciente. Estos hongos estaban compuestos por psilocibina, el principio activo del LSD. Para Leary la experiencia fue positiva y dijo haber aprendido más durante su viaje que en los muchos años que llevaba ejerciendo de psicólogo.
A su regreso, Leary creó en la Universidad de Harvard el Harvard Psilocybin Project, con el fin de estudiar los efectos de la psilocibina en los seres humanos, secundado por gente como el poeta Allen Ginsberg, y los escritores  Jack Kerouac y Arthur Koestler. Pronto el círculo inicial se fue ampliando sin cesar, no sólo de colegas suyos, sino también con estudiantes y artistas. Y algunos de estos últimos, como Ginsberg, estaban más  interesados en la supuesta potencialidad revolucionaria del LSD, ya que pensaban que podía servir para impulsar la rebelión sexual y la contestación al sistema en nombre de los ideales de paz y libertad.
Leary estaba convencido de que el ácido, como se denominaba coloquialmente al LSD, podía tener una función sicoterapéutica ayudando a la personas que lo tomaban a hacerse dueños de su mundo interior, disolviendo los rasgos de la personalidad que no son ni voluntarios ni instintivos, y transformándolos en una elección consciente de actitudes y normas de vida. Él resumió su programa en su célebre lema: turn on, tune in, drop out. Turn on significaba trascender la propia mente; tune in consistía en expresar las nuevas revelaciones en actos de alegría; y por drop out entendía el esfuerzo de dedicar la vida a la investigación y el desarrollo personal.
Eran los años en que nació el movimiento hippie y el de la contestación estudiantil, junto al rechazo a la creciente implicación norteamericana en la guerra de Vietnam. Además el rock vivía una etapa de esplendor y San Francisco era La Meca de los jóvenes de las flores. Leary se mostró contrario a los que deseaban dejar las cosas en el ámbito académico, como Huxley, y se sumó a todas esas fuerzas juveniles que parecían capaces de cambiar el mundo, y desde luego el LSD cambiaba la forma de ver las cosas.
De este modo, la vida de Leary se transformó en un apostolado y, convertido en el centro de atención (un papel que le encantaba) se dedicó a propagar las bondades de una nueva religión cuyo sacramento era la toma del ácido. De paso, también cambió su vida privada. Era la época de las comunas y el amor libre, pero su primera mujer, Marian Zazeela, con la que tuvo dos hijos, acabó suicidándose tras una profunda depresión debido a que Leary acabó enamorándose de otra mujer.
Las autoridades académicas de Harvard, asustadas del seguimiento de Leary entre los estudiantes y sus métodos heterodoxos, terminaron expulsándo a él y los profesores que le seguían. Leary siguió con sus enseñanzas en diferentes centros que creó con la ayuda de seguidores adinerados, primero en México y luego en Nueva York. Al mismo tiempo tuvo los primeros tropiezos con la ley por posesión de marihuana, mientras los grandes medios de comunicación daban a conocer lo que ocurría en San Fracisco y otros lugares de California con una visión sesgada que destacaba el lado malo del asunto: drogas en abundancia, hombres con pelo largo dedicados al ocio, mujeres promiscuas… Sin embargo, la afluencia de curiosos y gente que deseaba ver con sus ojos de qué iba aquello siguió invadiendo las calles de San Francisco en mayor número que antes.
Como dijo más tarde el descubridor del LSD, Hoffmann la sustancia había sido secuestrada por el movimiento hippie y aunque había sido utilizada de forma irresponsable, después fue injustamente demonizada por el Sistema al que el movimiento se oponía.
Leary se movía como pez en el agua entre lo que se denominó contracultura. Al lado suyo vemos en las fotos de la época a escritores como Michael McClure, Richard Brautigan, Ken Kesey, o músicos como los Beatles George Harrison y Lennon, acompañado de Yoko Ono que, desde la cama, cantaban a la paz y el amor. Incluso sufragaron a Leary parte de la campaña electoral para gobernador de California contra el futuro presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, en 1969. El lema de Leary era come together, join the party, y también escribieron la canción de su campaña, Come Together.
Otros tiempos que hoy día son difíciles de entender. Entretanto, Leary fue detenido de nuevo en 1968 por posesión de marihuana. Pero tampoco descuidaba su faceta literaria. El mejor libro de esta etapa fue The Politics of Ectasy (1968), donde con un lenguaje sencillo y a veces ingenuo subrayaba los efectos positivos de las drogas alucinógenas. También hacía hincapié en la necesidad de oponerse al Sistema de una forma pacífica. Pero su libro más popular fue The Psychedelixc Experience. A Manual based on the tibetan book of the Dead, y en el que se basaba en el libro tibetano de los muertos como simil para explicar los viajes en ácido.
Timothy haciendo campaña para gobernador de California con John Lennon y Yoko Ono
Leary detenido vuelve a Estados Unidos
Timothy Leary con Allen Ginsberg

En 1970, Leary fue condenado a diez años de cárcel por el asunto de la marihuana. Gracias a que en la cárcel supo reponder a los cuestionarios sobre su carácter y personalidad como una persona normal y ansiosa de colaborar, se le adjudicó el encargo de cuidar el jardín de la cárcel. Meses después, con la ayuda del grupo hippy-anarquista The Brotherhood of Eternal Love se fugó y acabó en Argelia, donde se encontraba refugiada la plana mayor de Los Panteras negros, el grupo afroamericano armado que luchaba por mejorar las condiciones de vida de los negros en Estados Unidos. Sin embargo, los Panteras negras intentaron secuestrarle y Leary se refugió en Suiza junto a su segunda mujer, protegido por Michel Hauchard, quien decía tener la obligación como caballero de proteger a los filósofos.
En 1972, los norteamericanos convencieron al gobierno suizo de encarcelar a Leary, cosa que hicieron durante un mes, pero Suiza se negó a extraditarlo a los Estados Unidos. Entretanto, Leary cambió de mujer y se casó con la francesa Joanna Harcourt-Smith que, según algunos seguidores suyos tuvo una influencia nefasta en él. Sea o no cierto, cuando en 1973 decidió ir hacia Oriente siguiendo el viaje iniciático que todo verdadero hippy debía hacer hasta Katmandú o las playas de Goa, en la India, las autoridades norteamericanas le tendieron una trampa y, al llegar el avión a la capital afgana fue detenido y se le impidió bajar con el argumento de que aunque no existía tratado de extradición con Afganistán, la aerolínea era norteamericana y por lo tanto se le podía aplicar la ley de este país.
Se le impuso una fianza de cinco millones de dólares, la más alta en ese momento de la historia de los Estados Unidos. El entonces presidente Richard Nixon lo definió como “el hombre más peligroso de Norteamérica” y fue recluido en una celda solitaria en Folsom Prison, California, teniendo como vecino a Charles Manson.
Poco a poco pudo mejorar sus condiciones carcelarias y escribió obras de corte futurista como StarSeed (1973), Neurologic (1973), y Terra II: A Way Out (1974). En ellas, Leary mezcla la filosofía oriental, Aleister Crowley y la ciencia ficción con las leyes de la física, así como la contracción y dilatación del tiempo disponible para la activación del cerebro a través del ADN.
Indultado en 1976, vivió una época de relativa tranquilidad, dando conferencias, escribiendo y dedicado a la cibercultura. En 1996 le diagnosticaron un cáncer terminal de próstata. Leary, que siempre dijo que la muerte era el viaje más importante de todos  los que hace una persona en esta vida, murió tranquilo y en paz a los 75 años despidiéndose de la gente que le rodeaba. En la página web donde informaba a diario del progreso de su enfermedad, la última anotación dice: “Pulso = 0, presión sanguínea = 0, Timothy ha pasado a… pero asegura que se siente fenomenal”.

Julia Fullerton-Barten. Bamboo, 2008

A few months ago the New York Public Library purchased the archives of the American psychologist Timothy Leary (1920-1996) for $ 900,000 (about 635,000 euros), which reminded us of the lively nightlife and miracles of the apostle of LSD, or lysergic lysergic acid, discovered by chance by the Swiss chemist Albert Hoffman in 1943, when he worked in Zurich for the laboratories of the pharmaceutical company Sandoz.
Until 1966, when it was declared illegal in the United States, LSD was used in psychiatry and psychotherapy to facilitate analysis, since under the influence of this drug people experience very intense emotional stimuli. Perhaps for this reason the CIA experimented with this substance for use in interrogations.
But the person who reported the psychedelic potential of certain visionary drugs was the writer Aldous Huxley in his book “The Doors of Perception” (1954) where he recounted his experience with mescaline, which was widely read in American academia. However, this narcotic called psychedelic, which means it expands consciousness, went from a pharmaceutical drug to a pleasure drug earlier in the decade of the sixties of the twentieth century thanks to the publicity of a few famous people that they had experienced with it in their psychoanalysis sessions and told of their experiences to the press and television, as did actor Gary Grant to the magazine “Look” in 1959. Grant confessed that he had tried LSD with several psychiatrists over 50 times and, thanks to this, had achieved true inner peace and self knowledge.
This is where Timothy Leary comes in, then a promising psychologist who had done some cutting-edge research on the diagnosis of personality. In 1960, with 40 years of age, Leary enters a new world on a trip he took to Mexico to try magic mushrooms as a gateway to the unconscious. These fungi were composed of psilocybin, the active ingredient of LSD. For Leary, the experience was positive and he said he had learned more during his journey than in the many years he had been working as a psychologist.
Upon his return, Leary created the Harvard Psilocybin Project at Harvard University in order to study the effects of psilocybin in humans, supported by people like the poet Allen Ginsberg, and the writers Jack Kerouac and Arthur Koestler. Soon the initial circle started to expand steadily, not only with colleagues of his but also with students and artists. And some of the latter, as Ginsberg, were more interested in the supposed revolutionary potential of LSD, as they thought it could serve to boost the sexual revolution and provide the answer to the System on behalf of the ideals of peace and freedom.
Leary was convinced that acid, as LSD was colloquially known, could have a psychotherapeutic role helping people taking it become masters of their inner world, dissolving the personality traits that are neither voluntary nor instinctive, and transforming them into a conscious choice of attitudes and standards of living. He summed up his program in his famous slogan: turn on, tune in, drop out. Turn on meant to transcend the mind itself; tune in was to express the new revelations in acts of joy and drop out meant to effort required to dedicate life to the investigation of one self and personal development.
These were the years when the hippie movement was born and the student response, along with the growing rejection of U.S. involvement in the Vietnam War. In addition, rock underwent a period of splendor and San Francisco was the Mecca of the young flower people. Leary said he was against those who wanted to leave things in academia, as Huxley, and he joined these forces with the youth who seemed capable of changing the world, and needless to say, LSD changed the way of seeing things.
Thus, Leary was transformed into an apostle and, as he became the center of attention (a role he loved), he was devoted to spreading the benefits of a new religion whose sacrament was taking acid. Along the way he also changed his personal life. It was the era of communes and free love, but his first wife, Marian Zazeela, with whom he had two children, ended up committing suicide after a deep depression caused when Leary ended up falling in love with another woman.
The academic authorities at Harvard, scared by the student following Leary had and by his unorthodox methods, eventually expelled him and the teachers who followed him. Leary continued his teaching at different places created with the help of wealthy supporters, first in Mexico and then in New York. At the same time had the first run-ins with the law for possession of marijuana, while the mainstream media reported on what was going on in San Fracisco and elsewhere in California with a biased view that emphasized the bad side of the story: drugs in abundance, men with long hair dedicated to leisure, promiscuous women … However, the influx of curious people who wanted to see with their eyes what it was about kept invading the streets of San Francisco in greater numbers than before.
As discoverer of LSD Hoffman later said, the substance had been kidnapped by the hippie movement and although it had been used irresponsibly, it was later unfairly demonized by the System that the hippie movement opposed.
Leary moved like fish in water between the so-called counterculture. In the pictures of the time we can see beside him writers like Michael McClure, Richard Brautigan, Ken Kesey, and musicians like the Beatles George Harrison and Lennon, Yoko Ono together, from the bed, singing for peace and love. Even Leary worked on part of the campaign for the governor of California against the future president of the United States, Ronald Reagan in 1969. Leary’s slogan was come together, join the party, and he also wrote the song for his campaign, Come Together.
Other times than that of today are difficult to understand. Meanwhile, Leary was arrested again in 1968 for possession of marijuana. But neither did he neglect his literary side. The best book of this era was The Politics of Ecstasy (1968), which in simple, and sometimes naive language stressed the positive effects of hallucinogenic drugs. He also emphasized the need to oppose the System in a peaceful manner. But his most popular book was The Psychedelixc Experience. A Manual based on the Tibetan Book of the Dead, which was based on the Tibetan Book of the dead and as simile to explain acid trips.
In 1970, Leary was sentenced to ten years in prison for the marijuana incident. Thanks to his ability while in jail to answer questions on his character and personality as a normal person would and because he was eager to work, he was given the task of tending the garden of the prison. Months later, with the help of hippy-anarchist group The Brotherhood of Eternal Love he escaped and ended up in Algeria, where a large part of the Black Panthers, the armed black group fighting to improve the living conditions of blacks the United States where also in hiding. However, the Black Panthers tried to kidnap him and Leary took refuge in Switzerland with his second wife, protected by Michel Hauchard who claimed to be required as a gentleman to protect philosophers.
In 1972, the Americans persuaded the Swiss government to imprison Leary, which they did for a month, but Switzerland refused to extradite him to the United States. Meanwhile, Leary changed wives and married a french woman Joanna Harcourt-Smith, whom some of his followers said had a negative influence on him. Whether or not that was true, when in 1973 he decided to go to the East following the journey of initiation that every true hippy did to Kathmandu or the beaches of Goa in India, the U.S. authorities set a trap and, on when the plane reached the capital of Afghanistan he was arrested and was prevented from leaving the airplane based on the argument that although there was no extradition treaty with Afghanistan, the airline was American and therefore they could apply the law of that country.
He was given bail of five million dollars, the highest at that time in the history of the United States. The then President Richard Nixon called him “the most dangerous man in America” ??and was held in solitary confinement in Folsom Prison, California, with his neighbor being Charles Manson.
Little by little he was able to improve his prison conditions and wrote works in the futuristic style like StarSeed (1973), Neurologic (1973), and Terra II: A Way Out (1974). In the books Leary blended Eastern philosophy, Aleister Crowley and science fiction with the laws of physics, as well as with the contraction and expansion of time available to activate the brain through DNA.
Pardoned in 1976, he lived a period of relative calm, lecturing, writing and dedicated to cyberculture. In 1996 he was diagnosed with terminal prostate cancer. Leary, who always said that death was the most important journey of all a person does in life, died quietly and peacefully at age 75 saying goodbye to the people around him. On the website where they reported daily the progress of his illness, the last entry says: “Pulse = 0, blood pressure = 0, Timothy has passed a?… but says he feels great.”


Flashbacks
Una autobiografía
Prólogo de William S. Burroughs
Traducción de Gabriel Dols

          

TIMOTHY LEARY
A Biography.
By Robert Greenfield.
Book/Harcourt.