Annie Londonderry

El 25 de junio de 1894 una mujer de 23 años,Annie Kopchovsky,  diminuta y morena, madre de tres hijos y casada con un vendedor ambulante, anunció en Boston que sería la primera mujer en dar la vuelta al mundo en bicicleta.

De origen judío lituano vivía en los bajos fondos de Boston y como tantos otros inmigrantes huía de la miseria y la opresión de la rusia zarista. Dijo que no deseaba quedarse en casa con un recién nacido cada año y buscaba la autonomía económica.

La hazaña era producto de una apuesta entre dos ricos comerciantes de azúcar locales que le prometieron diez mil dólares si conseguía hacerlo en quince meses. Era una apuesta surgida sobre un debate general acerca de la incapacidad de las mujeres de poder dar la vuelta al mundo como meses atrás lo había hecho un  hombre. Pronto el debate se trasladó a la  inferioridad de las mujeres, ya que la opinión dominante sostenía que no podían cuidarse solas durante todo ese tiempo y en condiciones extremas. La apuesta precisaba también que debía salir de casa sin dinero y regresar con cinco mil dólares ganados durante el viaje.

Antes de empezar su recorrido, un empresario local de aguas minerales patrocinó con cien dólares su recorrido a cambio de pegar en su bicicleta la marca de su empresa: Londonderry Lithia Spring Water Company. Annie cambió su apellido por el de la marca y se convirtió en Miss Londonderry.

Vestida con una larga falda y camisa con papillon, y sombrero solo llevaba una muda y una pistola. Se despidió de amistades y familia y salió en busca de dinero, fama y libertad personal.Desde Boston pasó por Nueva York, Londres, París, Marsella, Jesusalén, Singapur, Shangai, Hong Kong, Tokio, San  Francisco, Chicago y Boston, entre otras ciudades.

Cambió con  frecuencia de itinerario debido al clima, y fue la primera mujer que supo  sacar partido a la autopromoción  y la publicidad con algo que hoy día estamos cansados de ver: Hacer de  ella misma un reclamo publicitario. Cobró 400 dólares por una enseña publicitaria en el pecho izquierdo. En la pierna izquierda llevaba otro anuncio publicitario por cien dólares y también alquiló la espalda por 300 dólares.

En cada lugar que iba era entrevistada por la  prensa local y contaba anécdotas y aventuras de su viaje con grandes exageraciones. De personalidad histriónica, maestra en el reinventarse, logró el entusiasmo de la gente mientras inventaba historias fabulosas de sus peripecias, pero que lograban el  objetivo de hacerse publicidad. Los ciclistas de la zona la acompañaban, los admiradores la invitaban a cenar, la gente aplaudía, mientras que para autofinanciarse vendía fotos suyas dedicadas.

Un periódico local dijo al verla que la señorita Londonderry tenía un aspecto muy elegante y atractivo. Las noticias  de sus proezas  dieron la vuelta al mundo, y una vez en  ruta recortó la ropa y cambio las faldas por unos pantalones de media pierna que suscitaban tanto o mas atención que su empresa. La señorita Londonderry, que no era tonta, escribió que el desarrollo de la bicicleta traería una reforma positiva del vestido femenino y no se equivocó. También allí por donde pasaba reclamó el derecho de la mujer al voto logrando el apoyo de las sufragistas.

Dio la vuelta al mundo y cobró el dinero aunque, en honor a la verdad, en bicicleta sólo lo hizo por Estados Unidos, Francia y poco más. El resto del viaje fue en barco. Miss Londonderry, una  feminista adelantada a su tiempo, y símbolo de su época fue olvidada enseguida. Tuvo que ser un lejano descendiente suyo, quien publicase un libro sobre las hazañas de su antepasada.

                       Annie Londonderry