Masha Ivashintsova (1942 Ekaterimburgo-2000 San Petersburgo) fue una fotógrafa rusa cuyas fotos fueron descubiertas de casualidad. Posiblemente si el marido de la hija no hubiese decidido reformar el trastero de la vivienda donde viven en San Petersburgo, antigua Leningrado, en el 2017, no se hubieran encontrado con los 30.000 negativos, así como películas sin revelar y diarios personales, atesorados en cajas decartón y que van desde 1960 hasta el 2000.

De origen aristocrático, Masha empezó estudiando para ser bailarina de ballet, pero luego sus padres decidieron que estudiase y trabajase en cosas más prácticas para el mundo que le había tocado vivir, como ingeniera de diseño, mecánica de  ascensores… Sin embargo, su veta artística no la abandonó y también  fue  crítica teatral, trabajóenunalibrería  y frecuentó los ambientes alternativos de San Petersburgoen los años sesenta y setenta. Tuvo tres  amantes  que fueron grandes figuras  de su época: el fotógrafo Boris Smelov, el poeta Viktor Krivuliny el linguista Melvar Melkumyan, padre de su hija.

Frente a lo que ella veía como genios pensó que nada tenía que hacer y los desengaños amorosos la condujeron a la depresión. Nunca enseñó a nadie sus trabajos artíticos y dejó de trabajar, lo que  le convirtió en una  persona antisocial para el régimen soviético. Al  final  acabó en un centro siquiátrico para eludir la cárcel. Sus fotos, en lo que se mezcla lo poético con lo documental , son un testimonio de su  vida que sesgó un cáncer a los 58 años. Su hija ha abierto una página web mashaivanshintsova.com para dar a conocer la obra de  su madre y con la ayuda de unos  pocos amigos ha comenzado a revelar  los negativos.