Ramiro Fernández Saus. Primavera, 2011


Enzo Giacinti es un filósofo con vocación social. Vive en Cipolletti, Río Negro, Patagonia Argentina. Al amparo del calor de la noche prepara su trabajo intelectual acompañado de un buen vino. Conocedor de mundos teóricos, ferviente admirador de Sábato y Cortázar suele enhebrar el concepto justo a la hora precisa. Sin perder de vista sus cualidades de hábil docente la conversación se prolonga sobre el tiempo.
Como profesor siempre se gana inexorablemente a sus alumnos. Aristóteles, Nietzsche, Gramsci, Macedonio Fernández (nombre de su perro), son sus caballos de batalla. Recuerda con cierta sonrisa que tuvo una vez la oportunidad de tener un curso de 20 alumnos a los que se dedicó con exclusividad y les contó anécdotas divertidas de los grandes maestros de la disciplina.
Actualmente desarrolla un activo rol social trabajando para varios asentamientos (son terrenos donde la gente ante la falta de viviendas los toma en forma ilegal) con propuestas tendientes a lo educativo y también a necesidades concretas. En este papel, el filósofo académico baja del Olimpo del conocimiento para embarrarse en la historia de la comunidad. Un poco lo que decía Jean Paul Sartre al mencionar el compromiso del intelectual con su contexto inmediato.

  
Ramiro Fernández Saus. Jardín del Edén, 2011
Poeta de las formas, sabe con altura estar dispuesto a cualquier justa de caballero frente al desafío que le imponga de improviso la palabra. Destreza y habilidad comunicativa se conjugan en su quehacer literario donde no faltan las tácticas y estrategias de la guerra para solventar el ataque de algún adversario político que salga al cruce.
En su casa mal numerada por el municipio, por eso nadie sabe dónde está, tiene un banco de plaza donde recrea desde adolescente sus horas felices en el jardín. Desde allí sigue construyendo mundos y barcos de papel que zarpan de algún recóndito teatro griego donde parece volver a nuestra realidad Sócrates, Platón y algunos filósofos argentinos que enumera al azar.
Siempre cultivó la palabra, desde muy chico tuvo una profunda inclinación por el estudio y la reflexión. A pesar de esta imagen de soledad, Giacinti nunca perdió la visión del otro que sufre. Creyente de la duda y de la condición humana siempre apeló al uso del consenso bajo una personalidad fuerte y clara.
Enzo Giacinti
Admirador del gran político argentino Mariano Moreno, impulsa su charla hacia los territorios más oscuros de la historia argentina. Relaciona la gesta de mayo (1810)* disparando de pronto varias líneas interpretativas. De golpe como un mar intempestivo  descubrimos otra de sus fascinaciones: la ciencia de Herodoto. “Debemos tener una mirada propia desde lo americano, salir del eurocentrismo para comprender nuestra verdadera identidad” expresa con vehemencia.
Pienso que el hecho de mover ideas genera descubrir nuestra gran capacidad humana de asombrarnos. Reconocer por ejemplo que el tiempo es un artificio. Aquello que nos condiciona pero se desvanece y es inasible para las manos. Así de la nada surgen uno a uno los conceptos, las premisas, la experiencia propia en la boca de Enzo Giacinti, un hombre que tiene una obligación ética con su comunidad, la de revelar lo oculto.
Soñador incansable, no puede dejar de hablar de su compromiso que lo desvela. Su tesis de licenciatura se basó en una profunda reflexión sobre el mundo laboral. Hacedor de la praxis constante de su teoría, su coherencia y su honestidad le han generado momentos de tensión, contradicción y gozo estético.
Amante perfecto del producto de Baco y los ditirambos de Nietzsche permanentemente insiste en que el cambio es posible sin ocultar su esperanza. Con la noche a cuestas en los hombros, como un carnero en las manos de un hombre de la línea sur de Río Negro listo para ser sacrificado a Dionisios, despedimos con alegría brindando como si todavía tuviéramos que ir a cosechar los olivos maduros de la Atenas de los pensadores más influyentes de la cultura occidental.

*Se refiere a la Revolución de Mayo de 1810 en la cual se constituye una Junta de Gobierno independiente al poder de España que estaba sometida bajo el Imperio de Napoléon Bonarte. Es el principio de las luchas entre realistas y patriotas que desembocará en la independencia de Argentina en 1816.



Ramiro Fernández Saus. Nocturno, 2010