LUIS DE LEÓN BARGA

 

Falta poco para las vacaciones de verano en sus distintos turnos y una vez metidos en faena, las ciudades volverán a quedarse desiertas mientras todos huimos del calor hacia las playas o la montaña, otros países, o donde sea pero siempre lejos de nuestro hogar. Una fuga en masa que nos recuerda a La escapada, la película de Dino Risi y en cuyo guión participó también Ettore Scola y cuyo título original era Il sorpasso: El Adelantamiento.
En las primeras escenas vemos a Bruno Cortona/Vittorio Gassman, un tipo divertido y juerguista que al volante de un descapotable (un Lancia Aurelia  para ser más exactos) invita al tímido estudiante Roberto, interpretado por Jean-Louis Trintignant, a disfrutar de un día de vacaciones fuera de Roma por carreteras y playas. Bruno quiere impresionar a Roberto, y le va a resultar fácil conseguirlo.
Si el coche y la playa fueron los tópicos del cine italiano de los años sesenta, esta road movie creará lo que luego se conocerá como la canción del verano. El hit del verano, música ligera y bailable en la playa y la sala de baile. En este caso Legata a un granello di sabbia  del cantante Nico Fidenco.

 

En este gran película, que representa a la perfección la comedia italiana, vemos todos los ingredientes de la misma como la identificación y el rechazo hacia los personajes principales, cierto predominio de lo social, el realismo, el constante cruce entre lo cómico y lo trágico y que este caso acabará en lo muy trágico.
Ahora que domina el mito de los años sesenta, con su desarrollo económico y  bienestar, Il sorpasso nos enseña también la otra cara. Los que no vivimos los años sesenta o éramos demasiado  pequeños para disfrutarlos, podemos hacernos una idea con la década de los años ochenta y, última oportunidad hasta ahora, para quienes no se enteraron de los ochenta pueden hacerse una idea con los años anteriores a la última crisis económica pero sin nuevas tecnologías ni la píldora del día después, entre otros detalles.
Cierto es que la visión de la Italia que aparece en esta película es algo amarga, porque da la impresión de un país fallido o a medio terminar, un poco como esas viviendas a las que la crisis económica dejó en la mitad como escombros de una guerra antigua.
Una impresión que en esta orilla del sur de Europa seguimos cultivando porque muchos de sus países son naciones a las que les falta el tejado o una capa de pintura o el marco de la ventana o así lo ven sus habitantes. Desde luego que no es esta la visión que tienen de nosotros los vecinos del otro lado del Mediterráneo para quienes somos tierra de adopción y esperanza porque ellos si que son los habitantes de países, sin lugar a dudas, fracasados.
Económicamente, la Italia de los años sesenta era un país con un crecimiento económico a toda pastilla y que propiciaba que unos se enriqueciesen más que otros. Entre medias reinaba cierta miseria moral y una corrupción íntima que iba mucho mas allá de la pública.
Pero esta película de 1962 carece de moraleja ni es un documental. Es cine con mayúsculas que debería ser visto por todo veraneante para entender que en aquel pasado y sus memorables escenas, como el bailoteo en el chiringuito, los pitidos de las bocina de los automóviles, la adolescente sexy y lolita, la somnolienta y aburrida casa de pueblo de nuestros tíos y otras muchas más nacieron todos los tópicos de nuestras queridas y amadas vacaciones de verano.
Feliz verano, queridos lectores.