Sin duda la pandemia nos ha cambiado el modo de actuar y ver la vida, así como también nos hemos visto obligados a replantear muchas de las actividades literarias de manera on line. Por eso nos interesa conocer la opinión de distintos autores sobre esta cuestión. Comenzamos esta serie entrevistando a Natalia Zito (Buenos Aires, 1977), escritora y psicoanalista. Publicó un libro de cuentos Agua del mismo caño (2014) que se adaptó para obra de teatro con el título El momento desnudo y la novela Rara (Emecé, 2019). La escritora nos cuenta acerca de la virtualidad y el taller literario del que está a cargo.

Leo tu muro y dice: » Interrogue a sus cucharitas», ¿Qué es? ¿En qué consiste la actividad?

Se trata de un taller breve de escritura que daré en febrero en la Escuela Entre Palabras (https://entrepalabras.org/taller/isc /). La frase es una cita de Aproximaciones a qué, un texto de Georges Perec que explora la escritura de lo cotidiano (como buena parte de su obra), lo que está ahí y de tanto estar casi no vemos, ahí donde parece que no pasa nada. El taller propone partir de uno mismo, del cuerpo, de lo que creemos que somos. Usar todo eso que nos empeñamos en esconder para ponerlo al servicio de la escritura y construir una metodología que pueda ser replicada con los objetos, las escenas y finalmente la construcción del cuento.

Interrogar a las cucharitas es mirar debajo del mantel, revisar el tacho de la basura, ir hondo en nosotros y nuestro alrededor y que todo eso sea materia prima para escribir.

 

En este tiempo de pandemia por el que estamos atravesando, ¿crees que se incrementó la cantidad de gente con afinidad por la escritura?

Creo que tal vez hubo tiempo para desarrollarla o la necesidad de hacerlo. A veces las situaciones límite fuerzan a hacer lo que venía postergándose hace años.

 

¿Qué tienen en común todos tus alumnos a la hora de empezar a explorar sus propias voces?

Miedo. Temor de equivocarse, de ser juzgados por ellos mismos, por sus compañeros, por su familia. Lleva un largo tiempo transmitir que en el centro del oficio de escribir está el fracaso. No el fracaso de un libro o un cuento (eso también) pero me refiero al fracaso palabra a palabra, al fracaso en cada línea que no termina de decir lo que quisiéramos, a la necesidad de poder asumir ese fracaso no para evitarlo, mucho menos para negarlo, sino para convertirse en alguien que aún derrotado es capaz de seguir escribiendo hasta conseguir decir algo.

 

¿Notas algo diferente, entre escribir antes de la pandemia y escribir durante la pandemia?

El mundo es diferente antes y ahora. En mi caso, escribir siempre es una manera de caer sin morir del todo.

 

¿Escribir en tiempos de pandemia está de moda?

Me entero siempre tarde de las modas.

 

¿Qué se pierde en el taller on-line y que rescatas en el taller tradicional?

La virtualidad hace que tengamos que esforzarnos más para que llegue menos. Es decir, requiere una voluntad casi desesperada de alcanzar al otro que convive con la certeza de que eso no será posible. Entonces, el encuentro se produce en otro lado, en otra frecuencia, muy valiosa también, pero distinta. El taller presencial permite que los cuerpos se respiren unos a otros, entonces -como en el teatro- nadie está a salvo o queda, de entrada, mucho menos espacio para creer que se está a salvo. Digo creer porque nunca nadie está a salvo, pero hay situaciones que dan más espacio a esa ilusión; y para escribir hay que quedarse a la intemperie, no hay otra manera, que me interese, al menos.

 

 

 

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