De entre la sobre abundancia de imágenes y esculturas religiosas que nos ha legado la Edad Media, a menudo hemos pasado de puntillas o de refilón sobre una herencia no menos interesante de esa época a través del arte, como son las limitadas y ambiguas referencias al deseo, la sexualidad y la diferencia de género.
Ese es el sentido de una innovadora exposición en Los Claustros del Museo Metropolitano de Nueva York (The Met Cloisters), con el sugerente título Espectro del deseo: amor, sexo y género en la Edad Media. El Met exhibe, hasta el 29 de marzo de 2026, más de medio centenar de objetos como joyería de oro, esculturas de marfil, vidrieras, peines, cajas con figuras en relieve, manuscritos y tejidos, entre otros, procedentes fundamentalmente de los fondos del Met al que han venido a parar desde Alemania, Francia o Italia, además de “préstamos excepcionales”, como los define.
El Met explica que el deseo en la Edad Media era multifacético, ya fuera cortesano, carnal, sagrado o subversivo, y se expresaba como una especie de anhelo, sufrimiento o alegría. Toda esta forma de exploración del lenguaje visual del deseo en sus múltiples formas nos invita hoy en día a reflexionar y, en buena medida, a confrontar y comparar nuestras propias ideas sobre el amor, la identidad sexual y el parentesco con las de nuestros antepasados medievales.

El arte medieval de entre los siglos XIII y XV en Europa fue de forma abrumadora de corte religioso y, en virtud de la ley eclesiástica, muy restrictivo, en particular, en lo referente al sexo y al deseo. Pese a ello, artistas medievales documentaron, aun cuando de forma ambigua, un mundo en el que los aristócratas escenificaban la intrincada coreografía del cortejo, las santas declaraban su anhelo de ser novias de Cristo y las amistades apasionadas abundaban en las esferas homosociales de la corte y el monasterio.
Los sentimientos expresados en el arte medieval pueden ser sorprendentes. Su imaginario rechaza a menudo las rígidas distinciones que cabría establecer entre el hombre y la mujer, el amigo y el amante, lo profano y lo sagrado. Muchas personas comparten hoy este rechazo, que anima al espectador a cuestionar los límites de las categorías y las ideas preconcebidas contemporáneas, un enfoque descrito en ocasiones como una revisión queer del pasado, que es el término con el que la comunidad LGTBQ designa a quienes no se identifican con las normas establecidas de género y sexualidad. Esta perspectiva puede descubrir nuevos significados, pero también da pie a momentos de ambigüedad.
Interpretar obras maestras tan apreciadas como estas a través de la óptica del deseo puede renovar nuestra percepción de creaciones que llevan largo tiempo en el foco público e invitarnos, como resultado, a analizar nuestras propias ideas sobre el amor, el sexo y el género, señala el Met en la presentación de la muestra.

Los Cloisters, situados en el parque Fort Tryon, en el alto Manhattan con vistas al río Hudson, están enteramente dedicados a la cultura y arquitectura medieval europea. Con el mecenazgo del financiero estadounidense John Rockefeller, el Met los adquirió en 1925 al escultor Goeorge Gray Barnard, quien durante años había acumulado una importante colección de arte medieval europeo.
Lo que hoy se aprecia allí no es una copia de la arquitectura medieval, sino el ensamblaje de estructuras originales traídas de España y Francia. Una de las piezas fundamentales es el ábside de la iglesia de San Martín, del siglo XII, que estaba situada en la localidad segoviana de Fuentidueña y que fue desmontada piedra a piedra y llevada a Nueva York. Lo mismo ocurrió con los claustros de la abadía benedictina de San Miquel de Cuixà, situada en los Pirineos Orientales catalanes, que dan nombre al complejo del Met.
La iglesia original de San Martín estaba en ruinas y tras arduas negociaciones con la mediación del Vaticano, la dictadura de Franco permitió la operación en 1957 como forma de préstamo sine die. A cambio, el cementerio y la iglesia de San Miguel fueron restaurados con el dinero de los Rockefeller. A su vez el Met devolvió a España, también sine die, seis importantes frescos de pintura románica, de un grupo de 23 repartidos por varios museos de EE.UU., procedentes del monasterio soriano de San Baudelio de Berlanga, uno de los cuáles, titulado “El Oso” está expuesto en el Museo del Prado.

Los Cloisters contienen una exposición permanente de unas 5.000 piezas de arte medieval y arquitectónico europeo, una ínfima parte de los fondos del Met, que rondan las 500.000 obras de arte que abarcan la historia de la Humanidad.
Entre las estrellas de los Cloisters figuran las tumbas vacías de los condes de Urgell, adquiridas por el escultor Barnard por un módico precio. Se cuenta que durante una visita al lugar, el hoy ex presidente de la Generalitat catalana Jordi Pujol, poco más o menos que se llevó las manos a la cabeza al comprobar in situ el expolio funerario.
El Met, junto con su subsidiaria de los Cloisters, es el cuarto museo más grande del mundo. En el pasado año fiscal estadounidense, de junio de 2024 a junio de 2025, recibió más de 5,7 millones de visitas, casi la mitad de las recibidos por el primer museo del mundo, el Louvre parisino.

“El Dios del Amor cierra el corazón del Amante” del Romance de la Rosa
Más detalles:
https://www.metmuseum.org/exhibitions/spectrum-of-desire-love-sex-and-gender-in-the-middle-ages?
