Foto de Douglas Kirkland


1967 © Francois Gragnon

España, 1971, © Terry O’Neill

1971 © Terry O’Neill
Desde comienzos de los años 50 hasta principios de los 70 del siglo pasado, una de las mujeres más deslumbrante del planeta fue Brigitte Bardot (1934-2025). Si, lo comprendemos. Para algunos era un mohín insoportable, para otros una voz que te atrapaba como una trampa para osos con esas piernas de bailarina que no dejaban indiferente a nadie y una melena rubia salvaje. Un combo letal, imposible de olvidar.
Apestaba a escándalo a kilómetros, con una desfachatez gloriosa y una despreocupación que rayaba en lo criminal. Ese cóctel imperfecto y explosivo convirtió sus iniciales, BB, en las dos letras más calientes y famosas de toda una era.
Inmoral hasta el tuétano y sublime al mismo tiempo, Bardot fue la encarnación pura de la belleza y la libertad sin cadenas. La primera estrella que de verdad sacudió a la sociedad francesa, y lo hizo sin planearlo, sin estrategias de marketing, simplemente siendo ella.
Brigitte Bardot supo conservar una insolencia legendaria y mantener un aura de libertad. Y aunque algunas de sus opiniones nos parezcan contrarias a los principios fundamentales del siglo XXI y nos den ganas de discutirlas con ella hasta el amanecer (Brigitte, por favor, ¿cómo puedes decir eso?) nos quedamos con su amor incondicional hacia los animales. Al fin y al cabo, el amor no entiende de ideologías, sea humano o animal.

Saint Tropez, 1961



1967 ©Douglas Kirkland


Mexico, 1965


Saint-Tropez 1961 © Bert Stern

Foto de Bern Stern

Foto de Douglas Kirkland
