Marcos Giralt Torrente y la novela familiar. «Los ilusionistas» (Anagrama, 2025)
Foto de Jerry N. Uelsmann
Marcos Giralt Torrente, uno de los renovadores de la novela familiar en la literatura española reciente, en su última novela «Los ilusionistas» (Anagrama, 2025) convierte a la familia de línea materna en una narración donde la identidad de cada personaje se moldea en un clima emocional de distintas tensiones.
El autor al que entrevistamos (https://wp.me/p9fWSA-zZ) en el 2010 con motivo de Tiempo de vida —Premio Nacional de Narrativa 2011— amplía el horizonte del libro más allá de la biografía. A Marcos Giralt Torrente le interesan más los mecanismos mediante los cuales una familia construye su propia mitología, y la dolorosa distancia entre esa mitología y la realidad. En este sentido, «Los ilusionistas» pertenece a la gran tradición de la novela familiar donde la vida privada es una forma de pensar y mirar la sociedad, la clase social, el deseo, el declive y el peso del origen.

Los «ilusionistas» no son unos magos en el sentido teatral, sino personas que aprendieron a vivir entre la apariencia y la realidad, entre lo que se les dio y lo que esperaban llegar a ser. Marcos Giralt Torrente analiza una familia marcada por el declive social, la ambición frustrada, la inestabilidad emocional y una lucha persistente con el dinero. No se trata solo de una cuestión de trama. Es una condición social que deja su huella en los personajes. Algunos miembros de la familia se aferran a una idea de distinción; otros se rebelan en contra de ella incluso mediante la delincuencia o fluctúan entre ambas posiciones. La novela se niega a simplificar estas contradicciones. Nadie queda reducido a un símbolo. Cada personaje es tratado como una mezcla de talento, debilidad, autoengaño y circunstancias.
Uno de los protagonistas es el abuelo del autor, el también escritor Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), figura literaria destacada, padre y marido difícil. Giralt Torrente no escribe a la contra, pero tampoco lo mitifica. Presenta a un hombre de inmensa ambición, gran inteligencia, mayor vanidad y grandes apetitos existenciales. El retrato es nítido porque carece de sentimentalismo. El novelista aparece sin ser mencionado por su nombre como alguien que ayudó a crear la mitología de la familia al tiempo que dinamitaba su estabilidad.
Giralt Torrente no exime a nadie, tampoco a la abuela materna ni a su madre y tía, pero muestra un reconocimiento a lo que tuvieron que soportar, ya fuesen ausencias, mayores cargas, una distribución injusta de la libertad y el coste de sostener la apariencia cuando todo se desmoronaba. La madre no está idealizada; es humana y contradictoria. Aun así, fue quien mantuvo unida a la familia en medio de la dispersión.

Foto de Jerry N. Uelsmann
Marcos Giralt Torrente trabaja con la memoria, la correspondencia, los testimonios familiares y escenas reconstruidas, sin pretender que la memoria sea un libro contable. Al contrario, la novela se construye a partir de la incertidumbre, la omisión y la conjetura. El narrador sabe que cualquier relato del pasado debe reconocer sus lagunas. Por eso el libro se resiste tanto a la certeza como al melodrama barato.
«Los ilusionistas» se encuentra en línea directa con «Tiempo de vida», el libro en el que Marcos Giralt Torrente escribió sobre la enfermedad y la muerte de su padre. En la entrevista para Libros, nocturnidad y alevosía sobre «Tiempo de vida», Marcos Giralt Torrente explicaba que deseaba escribir «ficción sin invención», utilizando las herramientas de la ficción para dar forma al material extraído de la experiencia vivida. También hacía hincapié en que cada libro requiere aprender su propia forma. Esa idea ayuda a entender que «Los ilusionistas» no es una repetición de «Tiempo de vida», sino una ampliación. La primera trataba sobre el vínculo entre padre e hijo y el duelo; la segunda amplía la perspectiva a toda una familia.

Retrato promocional del autor Marcos Giralt Torrente. JUAN GIRALT SUÁREZ (ANAGRAMA)
No se elude el desclasamiento, la precariedad financiera y la extraña superposición entre el refinamiento cultural y el fracaso práctico. Esa tensión recorre la historia familiar. Los personajes de «Los ilusionistas» no viven en un mundo burgués estable, aunque adopten sus hábitos, gustos u orgullo. Habitan una escala social descendente que no es simplemente material, sino también simbólica. Son herederos de algo que no pueden poseer plenamente. Esa sensación de descenso social confiere a la novela su energía porque explica lo que ocurre cuando el prestigio heredado choca con la fragilidad económica y el desorden emocional.
Marcos Giralt sabe cómo exponer una vida sin evitar la crudeza ni caer en la vaguedad. Un equilibrio difícil de lograr en la ficción autobiográfica, especialmente cuando hay familiares directas involucrados. Sin embargo, es precisamente ahí donde el libro encuentra su valía literaria y al que ayuda el estilo y un lenguaje cuidado.
Como novela familiar, «Los ilusionistas» es un libro sobre cómo las familias transmiten no solo genes y hábitos, sino también historias, omisiones y patrones emocionales que siguen moldeando a los descendientes mucho después de que los acontecimientos originales se hayan desvanecido. Marcos Giralt Torrente escribe desde el interior de su familia, pero aborda asuntos que competen a todas. Esa es la fuerza de «Los ilusionistas». Transformar la memoria familiar en una excelente obra literaria.

