Mary Ellen Mark, la fotógrafa de la fragilidad humana
Thomas arreglando su pajarita. Nueva Orleans, 2015.

Hipopótamo y entrenadora, Great Rayman Circus. Chennai, India, 1989.

Festival de gemelos. Twinsburg, Ohio, 1998.

Niña disfrazada como sirena en el Halloween del South Bronx HELP Shelter. Nueva York, 1993.

Clayton Moore, el antiguo Llanero Solitario, en su casa. Los Ángeles, 1992.

Tommie asomándose a su habitación en el Hospital Estatal de Oregón, 1976.

Pies inmovilizados en el Hospital Estatal de Oregón, 1976.

Erin Blackwell, la niña prostituta conocida como «Tiny». Pike Street, Seattle, 1983.

Tiny con su disfraz de Halloween. Seattle, 1983.

Edgar Bergen con Charlie MCCarthy. Los Ángeles, 1978.

Paciente de lepra con su enfermera, Centro Nacional de la Enfermedad de Hansen. Carville, Luisiana, 1990.

Niños jugando a los gángsters. Dallas, 1988.

Mary Ellen Mark no fotografiaba para embellecer el mundo. Fotografió para entenderlo. Durante más de cinco décadas recorrió calles, hospitales psiquiátricos, circos, burdeles, barrios marginales y hogares rotos con una cámara colgada al cuello y una obsesión: acercarse a quienes casi nunca ocupaban el centro de la imagen. Su obra, incómoda y profundamente humana, convirtió a esta fotógrafa estadounidense en una de las grandes cronistas visuales del siglo XX.
Nacida en 1940 en Filadelfia y fallecida en 2015 en Nueva York, Mark construyó una carrera basada en la paciencia, la empatía y la inmersión absoluta en la vida de los otros. Ella misma decía que no eligió la fotografía, sino que la fotografía la eligió a ella. Y esa frase resume bien su trayectoria: una mujer incapaz de apartar la mirada de las grietas de la sociedad.
Desde comienzos de los años sesenta, Mary Ellen Mark viajó sin descanso documentando comunidades invisibles, personajes extremos y realidades incómodas. Publicó en revistas como LIFE, The New Yorker, Rolling Stone, Vanity Fairy The New York Times Magazine, medios que encontraron en su mirada una mezcla poco frecuente de crudeza y compasión. Sus imágenes nunca buscaban el golpe fácil ni el sentimentalismo. Había en ellas cercanía, tiempo y una voluntad radical de comprender a las personas antes de fotografiarlas.
Su método consistía en convivir. Permanecía meses e incluso años junto a quienes retrataba hasta borrar la distancia entre fotógrafa y sujeto. Esa implicación convirtió muchos de sus trabajos en documentos irrepetibles. Lo hizo en la India, donde fotografió durante años a las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa y a las prostitutas de Falkland Road, en Bombay. También lo hizo con los artistas de los circos indios, cuyos rostros maquillados y cuerpos agotados terminaron formando una de las series más impactantes de la fotografía documental contemporánea.
Pero quizá ninguna historia definió tanto su carrera como la de los niños de la calle de Seattle. En 1983 conoció a Erin Blackwell, una adolescente conocida como Tiny, durante un encargo para la revista LIFE. Lo que comenzó como un reportaje terminó convirtiéndose en una relación de más de tres décadas. Mark siguió fotografiando la vida de Tiny —sus embarazos, la pobreza, las adicciones y el paso devastador del tiempo— hasta convertirla en uno de los retratos más descarnados sobre la marginalidad en Estados Unidos.
De aquel proyecto nació Streetwise, el célebre documental dirigido por su marido, el cineasta Martin Bell, y nominado al Oscar. La película y las fotografías mostraban una infancia expulsada del sueño americano: niños que sobrevivían entre prostitución, violencia y abandono. Décadas después, Mark regresó a la vida de Erin Blackwell en Tiny: Streetwise Revisited, una obra que resume su manera de entender la fotografía: no capturar un instante, sino acompañar una existencia.
Su cámara también se acercó a pacientes psiquiátricas en el hospital de máxima seguridad de Oregón, a adolescentes fugitivos, a familias atrapadas por la pobreza y a personajes extravagantes del cine y la cultura popular. Aunque retrató a celebridades y realizó campañas publicitarias para grandes marcas internacionales, su mirada siempre volvía hacia quienes vivían al margen.
Esa fidelidad a los olvidados convirtió sus fotografías en algo más que documentos periodísticos. En cada imagen aparece la tensión entre vulnerabilidad y dignidad. Mark fotografiaba personas heridas, pero jamás las reducía a víctimas. Incluso en los escenarios más duros encontraba una forma de resistencia humana.
Su estilo era directo y emocional. Trabajó principalmente en blanco y negro, utilizando composiciones sencillas que eliminaban cualquier distracción. Lo importante eran los ojos, los gestos y la atmósfera. Sus retratos parecen hablar desde dentro de la imagen. El espectador no observa desde lejos: entra.
Además de su trabajo editorial, publicó más de veinte libros fundamentales para la historia de la fotografía documental. Ward 81, Falkland Road, Indian Circus, Twins o American Odyssey son hoy referencias obligatorias para generaciones de fotógrafos. En todos ellos aparece la misma voluntad narrativa: explorar la condición humana sin filtros ni artificios.
Mark recibió numerosos reconocimientos internacionales a lo largo de su vida, pero los premios nunca fueron el centro de su trabajo. Lo verdaderamente importante para ella era el vínculo creado con las personas a las que retrataba. Por eso sus fotografías conservan una fuerza difícil de encontrar en una época dominada por la inmediatez y el consumo rápido de imágenes.
En un mundo saturado de fotografías efímeras, Mary Ellen Mark entendió la cámara como una herramienta de compromiso. No buscó héroes ni paisajes espectaculares. Prefirió mirar donde otros apartaban los ojos. Y precisamente ahí, entre la fragilidad, la pobreza y el caos, encontró algo profundamente humano.
Su legado sigue vivo porque sus imágenes continúan haciendo preguntas incómodas: quién merece ser visto, quién queda fuera del encuadre y cuánto tiempo estamos dispuestos a dedicar a comprender la vida de los demás. Mary Ellen Mark respondió a esas preguntas de la única forma que sabía: permaneciendo cerca.

Mary Ellen, Irlanda del norte, 1972. Foto de Jack Garofalo.

La madre Teresa de Calcuta atendiendo a un moribundo


Los hermanos gemelos Tulsi y Basant que trabajan en el Gran Circo Famoso, Calcuta, India, 1989

Chicos de la calle con pistola Seattle, 1983


Ram Prakash Singh con su elefante Shyama en el Great Golden Circus de Ahmedabad, India, 1990.

Campamento de gitanos, Barcelona, 1983

Mary Ellen Mark alcanzó reconocimiento mundial gracias a sus numerosos libros, exposiciones y colaboraciones en revistas. Publicó ensayos fotográficos y retratos en publicaciones como LIFE, New York Times Magazine, The New Yorker, Rolling Stone y Vanity Fair. Durante más de cinco décadas, viajó extensamente para capturar imágenes que reflejan un profundo humanismo. Es reconocida como una de las fotógrafas más respetadas e influyentes del mundo. Sus imágenes de las diversas culturas del planeta se han convertido en referentes de la fotografía documental. Sus retratos de la Madre Teresa, los circos indios y los burdeles de Bombay fueron fruto de muchos años de trabajo en la India. Un ensayo fotográfico sobre niños fugitivos en Seattle sirvió de base para la película Streetwise, nominada al Óscar, dirigida y fotografiada por su esposo, Martin Bell.
Mary Ellen recibió el Premio a la Trayectoria en Fotografía 2014 de la George Eastman House, así como el Premio a la Contribución Destacada en Fotografía de la Organización Mundial de la Fotografía. También ha recibido el Premio Infinity de Periodismo, una beca de la Fundación Erna & Victor Hasselblad y una beca Walter Annenberg por su libro y proyecto de exposición sobre Estados Unidos. Entre sus otros galardones se encuentran el Premio Cornell Capa del Centro Internacional de Fotografía, la Beca John Simon Guggenheim, el Premio Matrix a la mujer destacada en el campo del cine y la fotografía, y el Premio Dr. Erich Salomon por sus méritos sobresalientes en el campo de la fotografía periodística. Asimismo, recibió doctorados honoris causa en Bellas Artes de su alma mater, la Universidad de Pensilvania, y de la Universidad de las Artes; tres becas del Fondo Nacional para las Artes; el Premio Fotógrafo del Año de los Amigos de la Fotografía; el Premio World Press a su destacada trayectoria; el Premio Victor Hasselblad a la Portada; dos Premios Robert F. Kennedy; y la Mención Honorífica del Premio de Artes Creativas a la Fotografía en la Universidad de Brandeis.
Publicó veinte libros, entre ellos Passport (Lustrum Press, 1974), Ward 81 (Simon & Schuster, 1979), Falkland Road (Knopf, 1981), Mother Teresa’s Mission of Charity in Calcutta (Friends of Photography, 1985), The Photo Essay: Photographers at work (una serie del Smithsonian), Streetwise (segunda edición, Aperture, 1992), Mary Ellen Mark: 25 Years (Bulfinch, 1991), Indian Circus (Chronicle, 1993 y Takarajimasha Inc., 1993), Portraits (Motta Fotografica, 1995 y Smithsonian, 1997), a Cry for Help (Simon & Schuster, 1996), Mary Ellen Mark: American Odyssey (Aperture, 1999), Mary Ellen Mark 55 (Phaidon, 2001), Photo Poche: Mary Ellen Mark (Nathan, 2002), Twins (Aperture, 2003), Exposure (Phaidon, 2005), Extraordinary Child (Museo Nacional de Islandia, 2007), Seen Behind the Scene (Phaidon, 2009), Prom (Getty, 2012), Man and Beast (University of Texas Press, 2014), Tiny: Streetwise revisited (Aperture, 2015) y Mary Ellen Mark on the Portrait and the Moment (Aperture, 2015). Las fotografías de Mark se han exhibido en todo el mundo.

