Una calle de Lisboa durante los momentos iniciales de la Revolución de los claveles en 1974

 

«UNO DE LOS MAYORES ERRORES ES CREER QUE UNA REVOLUCIÓN PUEDE REPARAR EL PASADO DE UN PLUMAZO, CUANDO, A MENUDO, LAS ATROCIDADES DEL PASADO SE REPITEN DE LA MANO DE GENTE CON DEMASIADA PRISA POR ALCANZAR EL FUTURO»

La dictadura salazarista de Portugal no da para cóctel: un personaje gris y ultracatólico (había pasado por el seminario), tirano y coleccionista de amantes, encerraba en sí las suficientes contradicciones como para no quedar muy bien en los salones à la mode, a pesar que haber ascendido socialmente gracias a sus estudios y su cultura y de codearse con excéntricas damas supuestamente exquisitas y tan católicas como él cuyo lema parecía ser “a Dios rogando y con el mazo dando”. Y los revolucionarios… Ya se sabe: los cócteles no son lo suyo. Quizás una copa de champán para celebrar una victoria, pero en general alcanzamos a imaginarles bebiendo vinho verde, el famoso licor Beirão o el sorprendente licor de merda de Cantanhede creado, supuestamente, por el comerciante Nuno Sérgio —según unas fuentes— con lo que iba quedando de sobra en las botellas de su bodega, que juntaba en una garrafa de veinte litros de capacidad, o por el fraile maluquinho Basku Gonsalbes —según otras, entre ellas la etiqueta de la botella— que alcanzó la mayoría de edad con una fórmula que fusiona vainilla, cacao, canela y cítricos. Bebieran lo que bebieran los revolucionarios, hasta Maria Luísa, la hermana militante de los Storm, se da cuenta un día de que “el pueblo, de cerca y a bulto, legañoso y disputándose un asiento, sin haberse duchado o encharcado en perfume, resultaba menos inspirador que retratado con el puño en alto en estilizados murales”.

La revolución tiene un lado romántico, sí, pero solo uno: el otro, como la cara oculta de la luna, es oscuro y decepcionante. Y la decepción es difícil de encajar para todo el que se toma en serio sus postulados y sufre las torturas del brazo armado del sistema, ya sean las de la sede de la PIDE en António Maria Cardona, barrio del Chiado lisboeta, o las de la DGS de la madrileña Puerta del Sol. “Demasiados años de represión, tortura, guerra. Demasiadas voluntades aplastadas, demasiados gritos ahogados, demasiados ajustes de cuentas que saldar. Nada de eso desaparece de la noche a la mañana.”

 

La sede de la PIDE el día después de la Revolución de los claveles. Foto de Eduardo Gageiro

 

Hay historias que no pueden contarse tirando de fantasía, aunque solo sea porque muchos de sus protagonistas están vivos aún y aún pueden narrarlas en primera persona. Y hay que ser muy grande, como escritor, para narrar algunos de los episodios posteriores a la gesta de Los Claveles como si fueran la escena de un sainete. Se llama tragicomedia, y ya estaba inventada. Solo hay que saber manejarla:

“En el lado del COPCON (Comando Operacional del Continente) estaba el capitán Diniz de Almeida, aparentemente sereno, sin levantar la voz. En el lado de los paracaidistas, había alguien que la cámara apenas captaba de refilón. Los dos hombres se estrecharon la mano.

Diniz de Almeida: —A ver, ¿qué tenemos aquí?

Paracaidista: —Pues verá, eso era lo que venía a explicar. Tengo órdenes de tomar vuestra unidad.

Diniz de Almeida: —Pero ¿quién ha dado la orden?

Paracaidista: —Mi comandante.

Diniz de Almeida: —Ya, pero, como comprenderá, nosotros tenemos órdenes de mi comandante, el brigadier Otelo Saraiva de Carvalho, de que no nos dejemos ocupar.

Paracaidista: —Por supuesto —responde, demasiado cortés, casi disculpándose.

Diniz de Almeida: —Y de Carlos Fabião, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Paracaidista: —Precisamente por eso he intentado, en esta fase de la ocupación, empezar dialogando para evitar muertes.

Diniz de Almeida: —Claro, claro.

Paracaidista: —Se han repartido panfletos de este tipo.

Diniz de Almeida: — O sea, ¿que venís a tomar un cuartel por lo que pone en este panfleto?

Paracaidista: —No, no, no, detrás de esto, en fin, existe cierto número de personalidades importantes que no están de acuerdo con la forma en que se está desarrollando la democracia en nuestro país.”

 

Soldados durante la revolución de los claveles

 

Revolución, de Hugo Gonçalvez, es una novela enorme donde cabe el análisis político de una etapa fundamental en la historia portuguesa reciente, documentada con rigor impresionante, narrada con sensibilidad casi poética en algunos párrafos y con el desgarro al que obliga el tema en otros. Los tres hermanos Storm simbolizan tres formas de ver el mundo del que ninguno sale indemne, aunque al menos dos de ellos lo harán fortalecidos: paradójicamente, los dos que con la revolución y el posterior acceso a la democracia se ven de pronto catapultados al escenario opuesto al que imaginaron en su juventud, mientras el que vivió bordeando la locura acabará devorado por ese agujero negro que es el exceso. Son todos, sin embargo, personajes poliédricos de carne y hueso que evolucionan con la situación histórica, personal y familiar que viven, obligados a cuestionarse su forma de estar en un mundo cambiante que deja de ser el suyo o que no llega a ser aquel por el que han luchado y trabajado. Ninguno, como personaje de novela, presenta una sola grieta, así como tampoco la historia ni los personajes secundarios. No hay un solo defecto que sacarla: un dechado de maestría narrativa y de rigor investigador, conocimiento del realismo y de la realidad, del pueblo y del individuo, del carácter portugués con sus cosas buenas y no tan buenas, y de ese otro carácter, el que la necesidad o los principios cincelan en las personas.

 

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Hugo Gonçalves, Revolución

Editorial: Libros del Asteroide

  

En Portugal, durante los últimos coletazos de la dictadura y los primeros meses de la revolución, hasta la llegada de la democracia en 1976, tuvo lugar una época convulsa y violenta en la que el país entero osciló entre la esperanza y el temor a una guerra civil. En esos años, las vidas de los tres hermanos Storm se ven profundamente afectadas por los cambios que recorren la nación. Revolución es una novela épica que combina tragedia y comedia para explorar los vínculos familiares y la manera en que nuestros actos y nuestras omisiones revelan quiénes somos realmente. Galardonada con el prestigioso Prémio Literário Fernando Namora, este libro es uno de los hitos de la literatura portuguesa reciente.