Las fotografías de la exposición Adorado Barragán en la Casa de México de Madrid (hasta el 10 de mayo de 2026) y del libro Modern Barragán me han traído a la memoria las legendarias fotografías que Julius Shulman hizo de las casas diseñadas por Richard Neutra, Rudolf Schindler, Pierre Koenig y por otros tantos de los arquitectos que convirtieron a la California de los años 40 y 50 del siglo pasado, en un epicentro de la modernidad americana, en su imagen más emblemática y glamourosa. La que todavía hoy invita a la nostalgia y la melancolía.

Asociación por oposición y por contraste, desde luego, porque las fotografías de aquellas casas impecables de hormigón, acero y cristal son lo opuesto de las de Lake/Verea incluidas en la exposición y en su libro. Las fotografías de Shulman son tan diáfanas, impecables, “pulidas” que diría Byung Chul Han, como las casas que fotografió para celebrarlas y exaltarlas como modelos insuperables de espacios domésticos y estilo de vida moderno.

 

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Las fotografías de la pareja de artistas mexicanas forman un conjunto heterogéneo en el que no faltan imágenes que podríamos calificar de pulidas, si no fuera porque el uso de la lente de ojo de pescado, introduce en el resultado una distorsión elíptica, barroca, que al racionalismo de Shulman le habría resultado intolerable. Pero la heterogeneidad del conjunto no es s0lo producto de su coqueteo con el barroquismo. Es el resultado deseado de un proyecto fotográfico que, en vez de exaltar y consagrar a su modelo, lo desafía, lo interroga, lo deconstruye. Hay, incluso, algo de iconoclastia en la obra de estas artistas – que actúan y firman como si fueran una sola persona – cuyo blanco es una de las obras maestras de la arquitectura moderna en México: con intenciones semejantes a las que animaron a Shulman a fotografiar las casas modernas californianas. Elevar a la casa moderna al rango de paradigma, de modelo insuperable a imitar. Existen sin embargo diferencias muy significativas entre las casas californianas y la casa de Barragán.

 

Case Study # 22 (1959-60), la Stahl House de Pierre Koenig © Julius Shulman / Taschen

 

Las casas californianas son como ese poliedro de metal pulido que de repente aparece ante la mirada estupefacta de unos orangutanes, en una secuencia clave de la película de Odisea del espacio. 2001 de Stanley Kubrik. No cayó del cielo con la intención de adaptarse al paraje en el que ha irrumpido y menos aún con la de establecer un diálogo con los orangutanes, que permitiera a estos últimos preguntar quién es, cómo se llama y cuáles son los motivos por los que se ha presentado ante ellos. El enigmático poliedro está allí para impactar y anonadar y eventualmente para generar admiración, espanto o reverencia por lo que es, aunque nunca se sepa qué es lo que es realmente. Ni cuál es su pasado, su presente o su futuro. Esta fuera del tiempo y de la historia. Esta allí porque sí y ante sí. Como las casas de Richard Neutra – el ejemplo más apropiado- que se imponen tanto al entorno natural como a sus propios habitantes, a los que convierte en mirones que ven para ser vistos a través de esas paredes de cristal que funcionan como escaparates.

 

Casa de Luis Barragán

 

La casa estudio de Barragán, por el contrario, es una casa extrovertida introvertida, cuyo paradigma no es el escaparate sino el claustro, que mira al patio y al jardín en vez de al paisaje y que se inserta en el tejido urbano en el que se sitúa con el mismo respeto que muestra por la memoria colectiva y la tradición. Si la casa de Neutra es gnóstica, la de Barragán es católica. Como lo es su arquitecto, dueño y señor, que no ocultaba su fe, sino que la proclamaba La pared de cristal que mira al jardín está dividida de suelo a techo y de pared a pared por una cruz.  Es en obediencia a su fe por lo que diseña una casa que propicia e invita a la introspección, al sosiego, la meditación y el silencio, opuestos al vértigo y la cacofonía de la metrópolis moderna.  Y es igualmente en obediencia a su fe por lo que su casa es deliberadamente bella. Cierto, podría decirse que la casa de Neutra es bella, pero de una belleza platónica porque es geométrica. Es fama que el acceso al jardín del señor Academos estaba presidido por esta advertencia: “No entre aquí quien no sepa geometría”. Su belleza por lo tanto es una belleza derivada, adherente si se quiere, de la claridad y la precisión de las formas geométricas que buscan satisfacer de la manera más eficiente una función determinada.

 

Casa de Luis Barragán

 

La belleza de la casa de Barragán es, como ya dije deliberada, buscada conscientemente por quien consideraba que la “belleza es algo que nos re- conecta con lo espiritual, el hilo invisible que une lo tangible con lo espiritual”. Lo tangible siempre tiene textura y color, atributos que, en la casa de Barragán, así como en el resto de su arquitectura, son rasgos sobresalientes, rotundos, distintivos. Intuyo que fue otra de las razones por las que se le otorgó a Barragán el Premio Pritzker en 1980. Fue el rechazo dado por un jurado – del que formaba parte un Phillip Johnson en vías de convertirse en posmoderno – a la pretensión de los Five Architects de Nueva York de convertir el blanco en la arquitectura en un dogma. 

 

Luis Barragán

 

Volvamos a lo que ha hecho la pareja Lake Verea con la casa de Barragan. Para empezar, digamos que se han limitado a visitarla y a fotografiarla, como es habitual en estos casos. Han ido más lejos: la han habitado. Pero no como habitantes normales, si es que acaso estos existen, sino como criaturas de la noche, qué durante dos años, pernoctaron en ella durante las noches de luna llena. En lo que supone un desafío a la imagen de plenitud solar que ofrecen las visitas ocasionales y las fotografías al uso. La casa de hecho se ha convertido en un museo a cargo de una fundación controlada por los herederos.

 

 

La fotografía se convierte así en el instrumento de una pesquisa, de una singular búsqueda de la Carta robada, de la que resulta no un inventario sistemático sino una colección azarosa de hallazgos inesperados. En la que las imágenes más prosaicas coexisten con las obtenidas por la lente ojo de buey las formalistas en blanco y negro con las arrancadas de la oscuridad a golpe de cámara. Y no falta el toque arqueológico, como era previsible dada la trayectoria esta pareja unánime, dueñas de una impresionante colección de cámaras fotográficas que se extiende desde las más arcaicas hasta las más avanzadas, las digitales. Con todas ellas han fotografiado. En el origen de la fotografía está el mito de la caverna y la imago, la impronta del rostro de un muerto en cera o en yeso. Lake/Verea han tomado impresiones de la textura rugosa de paredes de la Casa de Barragán y las han fotografiado. 

 

Los artistas mexicanos Lake Verea

 

EXPOSICION ADORADO BARRAGÁN