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Cuando Ibiza aún cabía en un Seat 600

Cuando Ibiza aún cabía en un Seat 600

Hubo un tiempo en que Ibiza no era una marca, ni una pulsera VIP, ni una terraza con reservados a 4.000 euros la noche. Parece ciencia ficción, pero en la isla todavía olía a cal, gasolina de Vespa y crema solar de coco. Y por suerte, alguien estuvo allí para fotografiarlo antes de que llegaran los DJs con jets privados y los influencers haciendo yoga frente a un dron. Ese alguien fue Walter Rudolph.

El fotógrafo alemán, que pasó buena parte de las décadas de 1960 y 1970 recorriendo el mundo para promocionar destinos turísticos emergentes para Thomson (TUI) e Iberia, aterrizó en Ibiza en 1976 con su cámara cargada de película Kodak en color y la misión de vender paraísos. Lo que terminó haciendo, sin embargo, fue documentar el instante exacto en que Ibiza dejaba de ser un lugar especial.

 

 

Rudolph viajaba junto a su esposa, también amante de la fotografía, observando cada lugar con la paciencia de quien todavía no necesitaba disparar 200 fotos para subir una a Instagram. Sus imágenes poseen una naturalidad casi insolente hoy en día. Turistas sin filtros, playas sin hamacas premium y calles donde el tráfico consistía en tres Seat 600 peleándose durante la hora punta de la siesta.

Las fotografías, ahora recopiladas en el libro Ibiza 1976, publicado por la galería Agony + Ecstasy y editado por su fundadora Emma Salahi, funcionan como una cápsula temporal de una isla todavía ingenua. Una Ibiza donde las damas locales encalaban fachadas mientras azafatas de Iberia posaban sonrientes con pasajeros que probablemente pensaban que aquello era “muy exótico” porque aún no existían los vuelos low cost de despedidas de soltero.

 

 

La estética de Rudolph remite inevitablemente al universo de Wes Anderson: colores cálidos, simetrías accidentales y personajes que parecen cuidadosamente colocados por un director de arte obsesionado con la nostalgia. Pero aquí no hay decorado. Todo ocurrió de verdad. Y eso es precisamente lo inquietante.

Las imágenes poseen una melancolía inevitable porque muestran una Ibiza anterior a su propia caricatura. Una isla aún imperfecta, lenta y desordenada; antes de que el lujo se volviera uniforme y antes de que cada rincón tuviera una lista de espera y un community manager.

Los prólogos del periodista español Juan Suárez y de la periodista británica Emily Steer insisten precisamente en eso. El archivo no solo retrata un lugar, sino una forma de vivir que ya no volverá. Una Ibiza donde todavía se podía improvisar, perder el tiempo y quizá incluso encontrar aparcamiento.

 

 

 

 

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Sobre el autor

MALCOLM LARDER

Malcolm Larder estudió en el Department of Design Media Arts (DMA) de la University of California (UCLA), en Los Angeles. Trabaja en la industria tecnológica en Seattle, una ciudad de hombres antisociales engreídos y mujeres independientes con mucho carácter

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