La Casa Árabe de Madrid ha inaugurado la exposición fotográfica Siria eterna de Pío Cabanillas el miércoles 6 de noviembre y que cuenta con una serie de imágenes realizadas en Siria en 2009, dos años antes del comienzo de la guerra.

En sus fotos, Pío Cabanillas enseña un mundo desaparecido porque la mayoría de los monumentos y lugares que retratan estas fotos están destruidos o dañados por la Guerra civil siria. Aparte de recordarnos la destrucción de todo conflicto bélico, es un homenaje a viejas civilizaciones y también a las tres grandes religiones monoteístas mediante una fotografía que tiene mucho de poesía.

Pío Cabanillas (Madrid,  1958) cambió la política por la fotografía, su verdadera pasión. El que fue ministro Portavoz del Gobierno de José María Aznar (2000-2002) creó su estudio fotográfico hace 15 años y ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas desde el 2008. Su afición por la fotografía comienza desde que era niño impulsado por su padre. Pero dejemos que sea él mismo quien responda a nuestras preguntas para hacernos una idea de cómo entiende la fotografía y ha surgido esta exposición.

¿Como fotógrafo te consideras adscrito a un género determinado? 

Estoy centrado fundamentalmente en la fotografía documental, la exploración de la naturaleza en su multiplicidad de colores, texturas y formas. Mis reportajes en blanco y negro ofrecen un contraste opuesto. Del color al blanco y negro, y de las emociones del espectador a las reflejadas en los gestos y miradas de distintos actores en situaciones y contextos grupales derivados de circunstancias vitales diferentes y normalmente desconocidas para el espectador.

Para ti qué es más importante a la hora de disparar una foto: Lo que ve tu ojo o la preparación previa del encuadre, la técnica…

Soy más instintivo que técnico. Me dejo guiar por mi ojo y por las emociones que me produce el objeto enfocado. Pero también soy paciente, la precipitación es quizás el peor pecado del fotógrafo. Una cosa es estar atento y buscar el consabido instante decisivo y otra dejarse llevar por la ansiedad del momento.

¿Cuál es la mayor dificultad para hacer una buena foto?

Plasmar la excitación que te produce el tema en cuestión. El ojo ve pero la foto se siente. Es esa emoción lo más difícil de trasladar.

¿Qué impulso gráfico o vital te hace dedicar tus energías a un proyecto determinado?

En la fotografía documental suele motivarme la belleza y el detalle. La naturaleza es un abrumador e imbatible conjunto artístico que me apasiona compartir a través de la fotografía. En los retratos y situaciones en que el ser humano es el protagonista intento reflejar la historia que creo que hay detrás, no sólo el gesto sino también el contexto.

¿En tus retratos de paisajes buscas mas el significado de todo el conjunto o un detalle determinado? 

Mis trabajos sobre el mundo natural, desde una óptica conceptual, tienen como ejes fundamentales el encuadre y la descontextualización del tema fotografiado. Su identificación, localización, peso o tamaño no son relevantes. Lo importante son las impresiones o emociones provocadas en el espectador y la necesidad de compartir una visión distinta pero complementaria de la naturaleza.

Para ti la fotografía tiene la capacidad de reflejar…

El alma del fotógrafo a través de como se aproxima a un tema determinado. Se trata de compartir tus sentimientos escenificados en una foto.

En tus fotografías predomina la amplitud de horizontes. ¿Casualidad o intención?

Es intencionado. El horizonte da que pensar, subraya en cierta forma la pequeñez de la condición humana ante la grandeza de la naturaleza.

¿Por qué tu fascinación con Siria, país al que viajaste antes de la guerra? 

Desde pequeño me fascinaban los libros sobre las cruzadas, los caballeros templarios, las caravanas del desierto…. Marco Polo. Y Siria aparecía por todos lados. Era el viaje que antes o después tenía que hacer. Árabes, cristianos, griegos romanos, nabateos, fenicios, cananeos, persas, seleúcidas…. Todas las culturas que han ahormado el mundo occidental estaban allí.

¿Tu presencia en Siria poco antes de la guerra fue fruto de la casualidad o tenía algún fin prederminado?

Sencillamente fue el momento que tuve el tiempo suficiente para explorarla como quería. No tenía relación con la inminente guerra.

¿Preparas mucho tus proyectos fotográficos o son mas fruto de la casualidad?

Los preparo a conciencia, leo mucho, veo otras fotos. Pero llegado el momento y en muchas ocasiones surge la sorpresa y acabas fascinado por algo que no tenías previsto encontrar. Es la belleza del viaje, lo imprevisto.

En que crees que acierta más Mark Twain en su prólogo de tu libro de fotos sobre esta exposición o puedes estar más identificado con lo que él dice de Siria, pese a haber viajado casi un siglo antes.

Me impresionó lo contemporáneo del texto, podría haberlo escrito un viajero de nuestros tiempos.  Pero hay una frase que me quedó marcada en la memoria: “Damasco ha visto todo lo que ha ocurrido en el mundo, y aún sigue viva”. Esa idea de crisol de culturas y testigo del pasado desde el presente me pareció la mejor descripción de lo que yo estaba sintiendo.

Para ti qué representan las piedras de estos monumentos que datan incluso de la época de la presencia romana en Siria, muchos de los cuales están hoy destruidos.

Nosotros y las piedras estamos unidos como legado. En una de las poesías del libro se dice : “El mismo viento que moldeó la piedra con su cincel será el que te reúna con ella”

¿Puedes adelantarnos algo de tus siguientes proyectos?

Estoy trabajando en una nueva exposición de fotografía documental que se llamará “el color del frío”, y en un nuevo libro que combina poesía y fotografía. Me gusta ese tipo de proyectos. Poesía y fotografía desnudan el alma.

¿Quieres añadir algo?

Quiero poder seguir haciendo fotos mucho tiempo. ¡Hay tanto que hacer!