Detalle del cuadro de Gustave Courbet, «El origen del mundo»

 

En un mundo donde el deseo se ha sometido a protocolos de consentimiento que, si bien necesarios, a menudo lo despojan de su urgencia, la publicación de Geografía del deseo. 42 relatos eróticos(Reino de Cordelia, 2026) por María José Solano y Jesús García Calero emerge como un acto de rebeldía sutil. Este libro, ilustrado con los hermosos desnudos angulosos y expresivos de Egon Schiele, no es mero escapismo. Es una cartografía histórica del erotismo que interpela directamente a nuestra era de hipervigilancia digital y mojigatería ideológica. En tiempos donde la pornografía visual satura las pantallas y la literatura rehúye lo explícito por temor a ofender, Mª José Solano y Jesús García Calero proponen un regreso a la palabra como motor del deseo, recordándonos que el verdadero erotismo nace en el deseo, no en el píxel.

Todo comenzó en abril de 2020, en el corazón del confinamiento pandémico. Durante una de esas reuniones virtuales por Zoom,  que prometían conexión pero a menudo acentuaban el aislamiento, alguien evocó el Decamerón de Boccaccio. Entonces un grupo de jóvenes florentinos huyendo de la peste negra de 1348 combatió el tedio con relatos, muchos de ellos cargados de picardía erótica en una villa cercana a la ciudad. El paralelismo fue irresistible. Solano y García Calero, periodistas y escritores, se erigieron como los más osados del grupo. Decidieron emprender una correspondencia que dio lugar a 42 relatos donde la imaginación erótica actuaba como bálsamo contra el distanciamiento físico impuesto.

 

 

Él adoptó el seudónimo de J.C. Pursewarden, en homenaje a un personaje del Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell. Ella, el de I. Adler, evocando a Irene Adler, un personaje ficticio creado por Sir Arthur Conan Doyle. Esta cantante de ópera estadounidense protagoniza el relato «Escándalo en Bohemia» (1891) donde vence y supera en ingenio a Sherlock Holmes, convirtiéndose en «la mujer» que él siempre admiró.

El libro se estructura como un viaje cronológico desde la Antigüedad hasta el siglo XXI y un atisbo de su futuro inmediato. Cada relato se ancla en un contexto geográfico e histórico específico en el que asoman los faraones en el Egipto antiguo, poetas romanos como Virgilio y Horacio, intrigas en la Edad Media, desenfrenos en el Siglo de Oro con Lope de Vega como protagonista, o episodios más cercanos como el romance escandaloso de Lady Hamilton con el almirante Nelson en Nápoles, o incluso del siglo pasado y el XXI.

 

María José Solano

 

Jesús Garcia Caleo

 

No se trata de una mera sucesión de encuentros sexuales; los autores entretejen personajes reales y hechos históricos con ficciones plausibles, y donde el deseo irrumpe como elemento narrativo orgánico. En un relato ambientado en Sanlúcar de Barrameda en 1796, por ejemplo, Solano reconstruye un momento de pasión con un fondo de intriga histórica; en otro, imagina a Conan Doyle en un balneario checo de 1890, donde un encuentro fugaz con una misteriosa mujer le inspira la trama de Un escándalo en Bohemia, culminando en esa icónica frase: «Era ella, sin duda, querido Watson. La mujer con mayúsculas».

La ficción moderna, a pesar de vivir en una época saturada de imágenes sexuales, a menudo evita describir el sexo por completo. Muchas novelas y relatos contemporáneos prefieren el discreto enfoque del fundido en negro. Dos personajes entran en un dormitorio y el lector se queda educadamente fuera de la puerta. La razón rara vez es la dificultad artística. Más a menudo, es el miedo a ofender sensibilidades o a adentrarse en un territorio que los críticos podrían calificar de vulgar, innecesario o políticamente incorrecto. Irónicamente, esta restricción coexiste con el mayor archivo de material explícito jamás creado: Internet. La pornografía está en todas partes, pero la literatura erótica, su prima más lenta e imaginativa, parece haber retrocedido.

 

Foto de René Groebli

 

Parte de la explicación puede estar en la tecnología. El mundo visual domina la experiencia erótica moderna. Las imágenes llegan al instante, dejando poco espacio para la imaginación. Pero el erotismo ha pertenecido tradicionalmente más en la imaginación que en la vista. El deseo comienza en el cerebro, no en la pantalla.

Solano y García Calero parecen reconocer esta paradoja. Sus historias no compiten con la intensidad visual de los medios modernos, sino que reviven algo más antiguo y tranquilo: el placer de la sugerencia.

Muchos relatos destacan por su pericia literaria más que por su carga erótica. En otros ampliamos conocimientos sobre personajes literarios, como un encuentro en el Orient Express con Somerset Maugham, o los amores de Albert Camus y María Casares en París, la noche del Desembarco de Normandía. O una visita a la casa del psicoanalista  Jacques Lacan, donde se revela el secreto del cuadro El origen del mundo de Courbet, oculto tras un marco deslizante pintado por André Masson.

 

Foto de René Groebli

 

Esta mitomanía cultural con apariciones, entre otros de Plinio, Lope de Vega, Emma Hamilton, Larra, Robert Graves, Philip Marlowe, la marquesa Casati… — añade capas de profundidad. Por eso, lo que se escribe no es tanto un erotismo gratuito, como «por exigencia del guion», como decían las actrices de antaño para justificar un desnudo. 

Un acierto notable es la alternancia de perspectivas de género. En un relato fechado en San Francisco en 1940, firmado por Adler (Solano), una novelista visita al detective Marlowe (el personaje del escritor de novela negra Raymond Chandler) para que le cuente un suceso sobre el que desea escribir. Durante un encuentro sexual rápido, ella piensa en detalles prácticos como que prefiere tragarse el semen antes que lavarse el pelo otra vez, revelando cómo las mujeres a menudo procesan el sexo con un pragmatismo distinto al de los hombres. Esto subraya una de las fortalezas del libro, el deseo visto desde ambos lados, reconociendo que, aunque al final sea «siempre lo mismo», su percepción varía según el género, la época y el contexto. Incluso en el siglo XXI, un intercambio de WhatsApp entre amantes en Madrid y Milán durante la pandemia captura la evolución de la sexualidad digital, donde el erotismo se filtra a través de pantallas.

Geografía del deseo es una búsqueda perpetua, un viaje que trasciende lo físico para explorar intimidad, trascendencia y placer real, en oposición a lo antierótico que, como señalaba el escritor francés Georges Bataille en su ensayo sobre el erotismo, es lo que carece de profundidad. Nacido en un momento de confinamiento corporal, el libro se publica en 2026, cuando el mundo sigue lidiando con crisis que no invitan al optimismo y donde el aburrimiento pandémico persiste, mitigado solo parcialmente por lo digital. Solano y García Calero salen airosos de la apuesta. Describen escenas eróticas sin caer en lo burdo ni lo anodino, demostrando que la literatura puede rescatar el deseo de su marginalidad actual. Para lectores hastiados de lo efímero y lo visual, este atlas ofrece un antídoto al móvil. Sumergirse en sus páginas implica redescubrir que el erotismo no es solo proximidad sensual, sino una ampliación de lo humano. Un recordatorio de que, a veces, la libertad comienza en la imaginación desatada.