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La última conversación de Marilyn Monroe

La última conversación de Marilyn Monroe

 

El 1 de junio próximo se cumple el centenario del nacimiento de Marilyn Monroe (1926-1962). A cien años de su nacimiento, siguen publicándose y reeditándose libros sobre ella, pero uno de los que he leído y más me ha gustado es Conversaciones con Marilyn, de W.J. Weatherby por su cercanía a la figura de la gran actriz.

Weatherby era un periodista y novelista estadounidense que vivió en Nueva York y   conoció a Monroe mientras trabajaba como corresponsal del Daily Express de Londres. Sus encuentros con la actriz se produjeron a lo largo del último año de vida de la actriz. Lo extraordinario es que Weatherby se convirtió, según su propio relato, en el último hombre que la vio con vida, apenas unas horas antes de su muerte en agosto de 1962.

El periodista conoció a Marilyn Monroe en 1960 en Reno, Nevada, durante el caótico rodaje de «Los inadaptados». Meses después volvió a encontrarla en Nueva York, en un bar de mala muerte de la Octava Avenida, que pronto se convirtió en su lugar habitual de encuentros. La primera vez que la vio, el periodista ni siquiera la reconoció de entrada porque iba sin maquillaje, despeinada y vestida con sencillez. Le pareció una simple ama de casa. Luego Weatherby le dijo que no revelaría sus palabras y ella comenzó a confiarle sus secretos.

 

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Más que una biografía convencional o una entrevista sensacionalista, el libro es un documento íntimo y melancólico. Weatherby no busca explotar el morbo de la celebridad ni convertirla en un objeto de deseo. A diferencia de muchos periodistas de la época trató de entender a la mujer compleja, reflexiva y herida que había detrás de la imagen.

El título, Conversaciones con Marilyn, resulta engañoso. No se trata de una transcripción ordenada de entrevistas, sino que Weatherby reconstruye los diálogos en los que Monroe habla con franqueza sobre su carrera, la sexualidad, la fama y, sobre todo, la identidad. “La gente tenía la costumbre de mirarme como si fuera una especie de espejo en lugar de una persona”, le confiesa en uno de los pasajes más reveladores. Esa frase resume el agotador trabajo de ser “Marilyn Monroe” cada vez que entraba en un espacio público.

A lo largo del libro, la estrella que deslumbró en Los hombres las prefieren rubias y Con faldas y a lo loco habla dando vueltas a las ideas, contradiciéndose, buscando las palabras exactas. Weatherby sabe captar esa fragilidad y dejando que las contradicciones afloren.

 

Foto de Douglas Kirkland

 

Uno de los aspectos más interesantes del libro es saber que esas conversaciones ocurrieron en los últimos meses de su vida lo que concede a cada frase una mayor relevancia. Un comentario casual sobre la soledad o el cansancio se vuelve premonitorio. Monroe se mueve entre momentos de lucidez, humor y una desesperación creciente.

Weatherby se muestra bastante discreto sobre su propio papel. Podría haber convertido el encuentro en una historia sobre sí mismo, pero cosa asombrosa hoy día evita el protagonismo y mantiene el foco en Monroe. El libro también funciona como un retrato de una época de cambio en la cultura mediática. Monroe vivió en la frontera entre el viejo Hollywood y la naciente era de la fama masiva y despiadada. Fue una de las primeras grandes estrellas mercantilizadas a escala global, mucho antes de que existieran conceptos como “celebridad”. Su ansiedad ante la presión por mantener una imagen perfecta resulta muy actual en la era de las redes sociales.

Marilyn Monroe encarna, de forma trágica, uno de los primeros grandes casos de lo que hoy llamaríamos una «víctima de la propia fama». Weatherby no la convierte en mártir ni en una heroína. Muestra a una mujer inteligente, divertida, perspicaz y profundamente vulnerable que buscaba autenticidad en un mundo que prefería el icono. Pero tampoco intenta resolver el misterio de Marilyn Monroe, porque entiende que parte de su humanidad reside precisamente en ese enigma.

A cien años de su nacimiento, el libro de Weatherby tiene la ventaja de que no es otra biografía que pretende explicarlo todo, sino una serie de conversaciones imperfectas y humanas. Quizá por eso Conversaciones con Marilyn interesa todavía. No por el morbo de ser el último testimonio, sino porque captura, aunque sea fugazmente, a la mujer que seguía buscando ser comprendida. Detrás del mito, Weatherby nos permite entrever a Norma Jeane, una mujer cansada y sola.

 

Foto de Jesse Fernandez. Leyendo sobre el suicidio de Marilyn Monroe en el metro de Nueva York, 1962.

 

 

Sobre el autor

MALCOLM LARDER

Malcolm Larder estudió en el Department of Design Media Arts (DMA) de la University of California (UCLA), en Los Angeles. Trabaja en la industria tecnológica en Seattle, una ciudad de hombres antisociales engreídos y mujeres independientes con mucho carácter

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