La cultura de la transgresión. Revista Cultural Turia, número 159. Junio 2026
Foto de Robert Mapplethorpe
Entre la memoria de las utopías libertarias del siglo XX y las nuevas formas de transgresión contemporánea, «Excesos femeninos, delirios masculinos. Una lectura de nuestro tiempo» propone una reflexión sobre los límites del exceso y el deseo de libertad. Iñaki Ezkerra reseña el ensayo de Luis de León Barga, (Fórcola, 2025) en la revista cultural TURIA (número 159, junio 2026) y dedicado a la escritora austríaca Ingeborg Bachmann (1926-1973).
«La nuestra es una época contradictoria. Por una parte, ha traído grandes conquistas políticas y sociales en lo que toca a colectivos que antes se hallaban relegados, minusvalorados o incluso abocados a la marginación, pero, por otra parte se ha vuelto extraordinariamente restrictiva y fiscalizadora desde las propias instancias ideológicas que capitanean los movimientos liberadores. Se puede hablar, así, de «moralismo progresista» o «puritanismo woke», expresiones que parecen albergar una contradicción in «terminis». En este contexto, resulta bienvenido un libro como Excesos femeninos, delirios masculinos, en el que el escritor y periodista Luis de León Barga realiza toda una travesía por la cultura de la transgresión que halló un terreno abonado y un clima propicio en el pasado siglo XX y en las posguerras de las dos grandes conflagraciones mundiales que habían ensangrentado el planeta, así como en las ya tardías y prósperas décadas de los años sesenta y setenta, en las que las nuevas y relajadas generaciones occidentales se pudieron embarcar en la ideología y la mística de la liberación cultural, social y sexual.

El libro se centra a fondo y fundamentalmente en el ámbito europeo y el estadounidense haciendo una parada en la España a caballo entre los años setenta y ochenta. Se abre con el pintoresco caso de Dorothy Wilde, digna sobrina del autor de El retrato de Dorian Gray en lo que a trasgresiones se refiere, y se cierra con el siglo XXI y el caso de Sam Bankman-Fried, genuino ejemplo de esa otra forma de la transgresión que en los últimos años ha representado el fenómeno de las criptomonedas. Dolly Wilde encarnaría a la perfección el rostro más desinhibido de la Europa deseosa de vivir y de divertirse que dejó atrás la Gran Guerra del 14. Ya durante esta y con diecinueve años aprendió a conducir con el impagable estímulo añadido de tener que sortear las bombas con el volante. Se alistó como conductora de ambulancias de la Cruz Roja, actividad que le valió una condecoración y que le permitió estrenarse en su faceta lésbica con otra conductora de ambulancias, Marion Carstairs, una norteamericana de clase adinerada que triunfaría con el sobrenombre de Joe Carstairs por sus hazañas a bordo de lanchas motorizadas, automóviles deportivos y hasta hidroaviones. Más adelante viviría un intenso y tormentoso amor en el París de entreguerras con la escritora y rica heredera norteamericana Natalie Clifford Barney, que subvencionaría todos sus gastos de por vida, pero que la llevó al mismo tiempo a cuatro intentos de suicidio. En cuanto a Sam Bankman-Fried, el creador, en 2019 y con solo veintisiete años, de la plataforma de intercambio de criptomonedas FTX, se puede decir que encarna un siglo después un caso comparable en audacia juvenil, pero antitético en pasiones e intereses. En 2022, su plataforma llegó a estar valorada en treinta y dos millones de dólares. Tras su extradición desde las Bahamas a los Estados Unidos, acusado de un monumental fraude financiero que se cebó en miles de inversores inexpertos, fue condenado a veinticinco años de cárcel en 2024.

Dolly Wilde, retrata por Cecil Beaton, 1927
Entre esos dos ejemplos tan ilustrativos como antagónicos del exceso, comparece una amplísima y variopinta galería de personajes: desde el psicólogo Timothy Leary, que desde su magisterio en la Universidad de Harvard le daría una pátina de academicismo a sus experiencias con el LSD hasta el poeta Allen Ginsberg, que le descubriría a Leary la marihuana y no tardaría en hospedarse en el domicilio de este, una casa de tres pisos rodeada por un gran jardín que adquirió aires de leyenda porque en ella se puede decir que nació la contracultura; desde el filósofo Michael Foucault, ideólogo, explorador y teórico de los límites del placer y del poder, hasta el fotógrafo Robert Mapplethorpe, recordado hoy por sus retratos de Andy Warhol, Peter Gabriel o Patti Smith; sus desnudos masculinos, sus aficiones sadomasoquistas y su fascinación por los tipos viriles enfundados en cuero. A toda esa pléyade transgresora se añade un capítulo dedicado a la Movida madrileña de finales de los setenta y mediados de los ochenta. Especial atención presta el libro a las musas de aquel fenómeno artístico, cultural y sociológico como Elena Figueras, Patricia Godes, Blanca Sánchez, Mariví Ibarrola, Ana Curra, la cantante Alaska…

Sam Bankman-Fried
Excesos femeninos, delirios masculinos es un magnífico fresco del gran sueño de libertad que albergó el pasado siglo y que puso un contrapunto hedonista y festivo a las dictaduras, los terrorismos, los grandes totalitarismos y las guerras. Sueño que tuvo sus contradicciones, sus pesadillas y sus resacas, de las que el libro de Luis de León también levanta acta. Aunque, sin duda, la efervescencia de aquellos años, el utopismo y la creatividad puedan inspirar cierta nostalgia, también estas páginas hacen un reflexivo acuse de recibo de las sombras y las noches que se cernieron sobre el lado diurno de las ansias de rebelión. En el balance de aquella amalgama iconográfica e idolátrica en la que cabían el sexo libre, las vanguardias, las sectas, las sustancias psicodélicas, las modas y sensibilidades alternativas, la furia contestataria, el idealismo pacifista, el discurso contracultural y el arte underground, resulta un acto de justicia reconocer que en aquellos excesos y delirios, pese a su contrapartida autodestructiva, latía un afán de conocimiento, enriquecimiento y perfección espirituales que contrasta con la nueva cultura de la trasgresión económica y política que nos ha traído el siglo XXI y con la que se cierra el libro. Volvemos a las criptomonedas y al caso de Sam Bankman-Fried, que no solamente aspiraba al poder del dinero, sino que también se veía así mismo como un factible candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Su caso sintoniza con el del actor Matt Damon que, en un vídeo de 2021, publicitaba una de esas plataformas de dinero virtual con un gráfico lema: «La fortuna favorece a los valientes».
No. No es la misma la valentía que se enfrenta al poder postulando una existencia situada en las afueras de este que la que se emplea a fondo en alcanzarlo para ejercerlo sin escrúpulos sobre los otros. Hay transgresiones y transgresiones, nos viene a decir este excelente libro de Luis de León Barga».

